miércoles 15 de julio de 2009

VIDEOCONFERENCIA DE MARCO TULIO CON MEDELLIN



VÍCTOR GAVIRIA Y MARCO TULIO, SÍ FUTURO



Antes: una anécdota:
Una culta señora reunida con otra en un coctel:
--¿Ya leíste "El dinosaurio" de Monterroso?
--Lo estoy leyendo... Voy por la mitad. Está buenísimo.






El sábado pasado a las 8 de la noche tuve una video conferencia con lectores de Medellín, ciudad que visitaré proximamente. Aunque al principio hubo problemas técnicos, la conversación terminó por desarrollarse satisfactoriamente por medio de un programa que se llama Skype. Yo frente a mi lap top proyecto mi imagen y mis palabras a una computadora en la Biblioteca de Medellín; mis amigos Alejandro Marciglia y Miguel Ángel Rivas conectan su computadora con un proyector que presenta mi imagen sobre una pantalla y al frente de ella está el público. Yo veo al público; ellos me ven a mí, y es como si estuvieramos juntos, gracias a esta tecnología. Ellos en una sala en Medellín; yo sentado en mi sillón en mi estudio en Xalapa, frente a mi computadora con cámara incluida... Esa tecnología me va a permitir coordinar proximamente a distancia un taller literario en la Corporación Otraparte, en Envigado, la ciudad de Pablo Escobar Gaviria, Miguel Angel Rivas y el filósofo Fernando González.


Por cierto: qué vergüenza para Colombia que estén asesinando a los hipopótamos que tenía el capo de capos de los narcos colombianos, Pablo Escobar Gaviría, en la especie de arca de Noé que era su finca Nápoles. Vergonzoso ese asesinato, y aun más vergonzoso que el ejército colombiano se use para estos menesteres.


No hubo mucho público en la videoconferencia, pero sí era de calidad y entusiasta. Preguntas interesantes, lectores informados, aunque alguno parecía estarse durmiendo... Uno de los integrantes del público después se puso en contacto conmigo por e mail: era Francisco Pulgarín, compañero de empresas fílmicas de Víctor Gaviria, quizás el director de cine más importante de la historia de Colombia. Gaviria tiene en su haber varios clásicos: "La vendedora de rosas" y "Rodrigo D: no futuro"; además, "Sumas y restas" (que no he visto). Gaviria es un adelantado, que con actores naturales ha conseguido hacer películas inolvidables. Pulgarín me escribió que Víctor está interesado desde hace muchos años en trabajar conmigo, hacer una película con alguno de mis textos. Le propuse tres posibilidades de adaptación al cine: "La noche de Aquiles y Virgen" --que está publicada en este blog--, "El suave olor de la sangre" --cuento que ya sirvió de base para una película y una obra de teatro-- y Agua clara en el Alto Amazonas --novela inédita, que daría para hacer una película con los aires epopéyicos de Fitzcarraldo de Herzog.

Hablamos con Pulgarín de Leydi, la protagonista de La vendedora de rosas, a quien conocí junto con Víctor Gaviria hace varios años. Leydi estaba estrenando su éxito, y de las calles de Medellín, donde había sido una especie de paria, había pasado a un hotel de cinco estrellas en Bogotá y luego iría al Festival de Cannes. Inmediatamente hubio buena energía entre Leydi y MT. Ella, en un gesto de natural simpatía, descubrió un bolsillo de su chamarra y me mostró veinte lapiceros con el logo del hotel y me dijo: "Si te gustan te los regalo. En el hotel me dijeron que agarrara los que quisiera".


No me acuerdo en qué circunstancias conocí a Víctor Gaviria. El caso es que coincdimos en un apartamento en Bogotá. Había leído mis libros y me dijo que le gustaría hacer algo con ellos. Nos separamos a las pocas horas de conocernos. Él iba para Cannes; yo regresaba a México. Perdimos la conexión. Sucedió con Víctor lo que me sucede con pocas personas: confianza absoluta, admiración y amistad a primera vista. Tal vez ahora sí por medios virtuales podamos cumplir los viejos proyectos gracias a la conexión lograda con Pulgarín y los entusiastas amigos de Medellín.


Por cierto: pido ayuda a la memoria de los lectores de este blog... Aunque ustedes no lo crean ya se me olvidó el nombre de la película que se hizo con mi cuento "El suave olor de la sangre" y se me olvidó el nombre del director de ella. Perdí el video en un trasteo. La película fue un mediometraje y fue trasmitida por Señal Colombia varias veces hace unos diez años. Si alguien tiene el dato favor anotarlo como comentario al fondo de esta entrada... O escribirme a escandioti@gmail.com

jueves 9 de julio de 2009

QUIEN LE TEME A GARCIA MARQUEZ


HACIA UNA TEORIA DE LA ENVIDIA COMO MOTOR DE LA MEDIOCRIDAD
Artículo corregido y aumentado pero no cerrado

A partir de que vi una video entrevista que le hicieron (obviamente) antes de su muerte al famoso Bolaño, me di cuenta de que hay una constante en los escritores que "quieren salir adelante" en la actualidad:
1. Muchos de ellos, clasificados como escritores del "postboom" --a mí me han colocado allí desde hace casi una década pero la verdad es que yo soy más bien "postcervantes": no soy hijo de GGM sino de la literatura -- manifiestan una aversión casi visceral (yo diría cerval) hacia García Márquez y todo lo que representa, manifiesta y ofrece. Es cierto que GGM ha acaparado la atención de los lectores contemporáneos pero esa no es razón para descalificarlo. Algo que me desagrada es que se llame "realismo mágico" o "exotismo" a todo lo que tenga color caribeño o una buena dosis de fantasía poética. GGM no es propietario de la poesía y la imaginación del Caribe, sino parte de un enorme sistema de imágenes. A mí se me atribuyó...(luego continúo: ahora estoy viendo el partido de México contra Guadalupe)
(Ya regresé: México ganó 2-0)... A mí se me atribuyó a partir de mi primera novela estar bajo la influencia de GGM y hasta alguien habló de plagio. Quizá hubiera algo de GGM en esa novela, pero el mismo García Márquez se encargó de descalificar a los que despotricaban contra mi novela (una novela de 380 páginas escrita cuando yo tenía 23 años y publicada por La Flor de Buenos Aires). Ya lo he dicho en este blog: tengo lista una novela de las dimensiones de Cien años de soledad. El que quiera creerlo que lo crea. Pasará algún tiempo antes de que aparezca publicada.
2. Dicen que con García Márquez se cerró un ciclo y que ahora hay que escribir de manera diferente. Todas las verdaderas novelas son diferentes a las anteriores y todas de alguna manera partícipes de ciertas esencias invariables. Ya se sabe: no hay nada nuevo bajo el sol. Eso lo sabe cualquiera. De modo que pregonarse fundador de una nueva novela es una paparruchada y un gilipollinismo.
3. Los dizque "nuevos novelistas" abominan del relato y se concentran en la trama, el estilo, los puntos de vista. Afirman que lo de Gabo es elemental, cursi o folclórico, tercermundista.
4. Esos argumentos me parecen papanatadas movidas por al envdia: sensishito: la literatura seguirá utilizando "las esencias" de siempre. Nada va a romper la columna vertebral que lleva de Las mil y una noches al Quijote y de allí a Cien años de soledad. La columna vertebral de la narrativa es el relato. Sobre esa columna vertebral se puede levantar cualquier andamio.
5. Los del dizque postboom creen que ellos van a inaugurar una nueva literarura; que la literatura comienza con ellos... La cauda de escritores que abominan de GGM es larga: Germán Espinoza, Rafael Humberto Moreno Durán, todos los adictos a Letras Libres, Bolaño, Vilas Mata y sus esnobistas seguidores. Las grandes novelas, las novelas apasionantes, como las recientes de William Ospina, seguirán contando historias.
6. La palabra esnobismo es la que más se ajusta a las pretensiones de los abominadores de GGM.
En fin: estas son las primeras ideas. Espero desarrollarlas pronto.
7. Espero nuevos insultos para agregarlos a mi ya gorda antología que podrán hallar en este blog. Ya estoy a punto de conseguir "la dosis adecuada de detractores"...
8. Ahora: sobre la envidia. Sin duda que muchos de estos "nuevos novelistas" quisieran tener la atención que tiene GGM. Triste aspiración. No conozco peor destino que una fama que le impide a uno salir de casa a tomar el sol, ir a cine o al teatro, a un concierto, sin que haya una cauda de intonsos jodiéndole la existencia y haciendo preguntas bobas, siempre las mismas.

lunes 6 de julio de 2009

MENSAJE PARA EL GRAN JEFE Y NOTICIAS DE MARCO TULIO


NOTICIAS DE LOS TALLERES DE NOVELA, DEL PRÓXIMO VIAJE A MEDELLÍN Y DE MI NUEVO CONTADOR DE VISITAS

EN LA FOTO MT, DESPUES DE PERDER SU CABELLERA EN TRES ASALTOS FRENTE AL LUCHADOR SUPERPORKY
Historia de todas las cosas está en manos del Gran Jefe, ahora al frente de LA editorial grande de México. Esto no quiere decir que mi novela gorda vaya a ser publicada allá ni que vaya a ser publicada pronto. Conjeturo el tráfico intenso de manuscritos de genios incomprendidos que debe de haber a las puetas de su oficina. Espero que mi mamotreto haya caído en manos de buenos lectores. Un lector ideal sería Eraclio Zepeda. La novela es demasiado desaforada para un lector académico o convencional. Es una novela que une los dos grandes hitos de la novelística en castellano: El Quijote y Cien años de soledad. La obra recoge los recursos de la metaficción, de la autoreferencia, está llena de personajes desaforados, es una especie de fiesta de fuegos artificiales y una especie de circo, vapulea el castellano hasta el delirio, recurre a deformaciones del latín, el italiano, el francés y todos los idiomas que conozco, inventa palabras y citas en latín tergiversado, crea modismos, recurre a "tiquismos", mexicanismos, colombianismos, utiliza las lenguas indígenas mexicanas y todos los ismos posibles (como diría Cortázar). Pero no es una novela pesada sino ligera, divertida, gozosa. Eso digo yo. No niega el realismo mágico sino que se burla de él respetuosamente y a veces llega más allá, creando algo como una magia realista burlesca: en realidad no sucede ni un sólo milagro o maravilla, pero los personajes viven en una permanente exaltación de la imaginación. Es una obra gargantuapantagruelesca y de alguna manera joyceana. Es una obra llena de locos y locuras, de desadaptados y genios, de putas y santas y músicos famosos y tontos, gordos, gigantones, poetas, vagos, escritores, gringos, judíos, jóvenes desorientados lectores de Dostoyevski y Madame Blavatsky, Maimónides y Platón. Hay una especie de Cide Hamete Benengel y hay merolicos, incluso el narrador es el más grande merolico y embustero, que nos quiere hacer tragar no sólo ruedas de molino sino molinos enteros. Los que han leído mi Historia de todas las cosas: el Gran Jefe, Liriam Marulanda, Félix Luis Viera, Armando Pinto, mi compañero de oficina Silverio, se han divertido y ninguno se ha quejado de la extensión: tiene 580 páginas.
En fin: la novela está dentro de una gorda botella en el mar de las editoriales (España, Italia, Colombia, México, Costa Rica). Espero tener más vida que tiempo para verla bien publicada. Tengo una paciencia estilita. Si algún nombre se le podría aplicar a Mistercolombias sería Sofrosinio. Adelante de esta novela están varios libros: dos al borde de la publicación: Maelstrom. El agujero negro y El imperio de las mujeres. Cuentos EN LUGAR de hacer el amor (no sé por qué me entró la gana de publicar mis libros con títulos dobles). Otra novela, Agua clara en el Alto Amazonas, sigue buscando su editor.
A otra cosa: los dos talleres de novela que estoy coordinando siguen viento en popa. El que tengo en la editorial --ahora desplazado a Enseñanza Abierta-- tiene un ambiente excelente, con gente muy agradable y talentosa: Adei está escribiendo una novela policiaca que nos tiene en vilo; Maggie nos entrega un capítulo semanal en el que pinta una sociedad juvenil actual muy ingeniosa, tirando a rosa pero con una ironía sutil que crece semana a semana; Calderón Vivar está buscando con seriedad su voz; Lety y Cecilia van ganando en atrevimiento y esperamos revelaciones; Marsel escucha con apasionamiento y afila su talento. En el otro taller José Negrete, hombre que parece haber vivido todo y leído casi todo, nos está introduciendo gradualmente en el mundo de la inteligencia artificial; Croda sigue un proceso semejante a Calderón Vivar: está buscando su voz; José Morteo va entregando una novela que boga entre las temáticas y los estilos de Mutis y Conrad; Elisa apenas se está asomando.
Disfruto de los dos talleres y me siento como en una habitación en la que hay muchas ventanas, y a través de cada una veo un mundo diferente. Tengo en mis manos una novela de Adei que se desarrolla en Bizancio. Extraordinariamente bien documentada. Allí aparecen Justiniano, el general Belisario y un mundo lejando en el tiempo pero revivido por Adei con pasmosa sabiduría. El autor parece saberlo todo sobre ese tiempo en el que Bizancio era el centro del mundo.
Los 21 lectores de mi blog notarán que en la esquina superior izquierda aparece una especie de globo. Es el contador de visitas. Paulina --recientemente adjuntada al taller I-- me lo instaló. Durante muchos meses mi anterior contador se detuvo y yo no sabía si estaba solo en el mundo. Hoy sé que hay personas que me acompañan y visitan por lo menos una vez a la semana; sé de qué países me visitan (mayoritariamente de México, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos y España... aunque también de Angola, Alemania, Suecia); conozco quién me visita y puedo a mi vez visitarlos. Finalmente: en septiembre estaré en Medellín en una visita relámpago para asistir a un evento que organiza la Alcaldía. El evento se llama Fiesta de las Letras. También estaré en la que era la casa del filósofo de Envigado, Fernando González (corporación Otraparte) y haré un taller a distancia con escritores de Medellín por medio de un programa informático que se llama Skype. El taller espero clausurarlo en un evento en vivo. Seguiremos informando.

viernes 3 de julio de 2009

HAROLD ALVARADO, EL ENANO VALVERDE Y GUSTAVO ALVAREZ, CON VERSION DE LIRIAM

MITOLOGIA DE CALI EN LOS 60s-70s







Entrada ENRIQUECIDA en proceso...

EN LAS FOTOS: MT EN SU CARACTERIZACIÓN DE BRUCE WILLIS O RUBEM FONSECA; A LA DERECHA HAROLD ALVARADO CON SU GATO JORGE LUIS BORGES

La ciudad de Cali tiene una sorprendente y copiosa cantidad de personajes de las más diversas cataduras. Seres extravagantes, rencorosos, feroces, altisonantes, modestos, licenciosos, desenfrenados, que habría que recuperar para la historia literaria y los anales de la infamia o la gloria: Gustavo Álvarez Gardeazábal, Tomás González, Andrés Caicedo, el enano Valverde, que ha hecho de la mediocridad, la estupidez y la cercanía con las zonas más oscuras de la patria su guarida y la tribuna desde la que canta su deleznable vanaglorioria(a la fecha no ha "coronado" un buen libro, y sin embargo figura como escritor importante)..
Uno de esos personajes estrafalarios y magníficos, un vociferante, un eterno protestante, un monumental personaje, es el poeta Harold Alvarado Tenorio, que recuerda no sólo por su nombre sino por su figura desaforada a un vikingo excedido de excesos. Recuerdo al respecto una anécdota que muestra su atrabiliaria y voluntariosa personalidad: a su finca, situada no sé dónde, llegaron guerrilleros con la intención de secuestrarlo. Harold se tendió en el suelo --supongo que pesa o pesaba ciento cincuenta kilos y sé que mide cerca de uno noventa-- y les dijo: "Señores, si quieren llevarme de paseo: ¡Adelante! Pero tienen hacerme el honor de llevarme alzado, como a un emperador. No voy a mover un dedo". Y así estuvieron los
individuos como hormigas en torno al terrón de azúcar y finalmente tuvieron que darse por vencidos ante la considerable hmanidad del bardo.
Una de las mayores hazañas de Harold fue escribir cinco sonetos de Borges, que Borges, al fin y al cabo con sentido del humor y un altísimo criterio de calidad, nunca desmintió:

He aquí estos sonetos de Jorge Luis Borges
escritos por Harold Alvarado Tenorio

Cinco poemas inéditos

I
Encorvados los hombros, abrumado
por su testa de toro, el vacilante
Minotauro se arrastra por su errante
laberinto. La espada lo ha alcanzado
y lo alcanza otra vez, Quien le dio muerte
no se atreve a mirar al que fue toro
y hombre mortal, en un ayer sonoro
de hexámetros y escudos y del fuerte
batallar de los héroes. Ilusoria
fue tu aventura, trágico Teseo;
de la bifronte sombra la memoria
no ha borrado las aguas el Leteo.
Sobre los siglos y las vanas millas
ésta da horror a nuestras pesadillas.

II
Me pesan los ejércitos de Atila,
las lanzas del desierto y las murallas
de Nínive, ahora polvo; las batallas
y la gota del tiempo que vacila
y cae en la clepsidra silenciosa
y el árbol secular donde clavada
por Odín fue la hoja de la espada
y cada rosa y cada primavera
de Nishapur. Me abruman las auroras
que son y fueron los ponientes,
el amor y Tiresias y las serpientes
las noches y los días y las horas.
gravitan sobre la sombra que soy.
La carga del pasado es infinita.

III

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el fin, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá quien fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.

IV
Los ordenes de libros guardan fieles
en la alta noche el sitio prefijado.
El último volumen ha ocupado
el hueco que dejó en los anaqueles.
Nadie en la vasta casa. Ni siquiera
el eco de una luz en los cristales
ni desde la penumbra los casuales
pasos de vaga gente por la acera.
Y sin embargo hay algo que atraviesa
lo sólido, el metal, las galerías,
las firmes cosas, las alegorías
el invisible tiempo que no cesa,
que no cesa y que apenas deja huellas.
Ese alto río roe las estrellas.

V

¡Cuántas cosas hermosas! Los confines
de la aurora del Ganges, la secreta
alondra de la noche de Julieta.
El pasado está hecho de jardines.
Los amantes, las naves, la curiosa
enciclopedia que nos brinda ayeres,
los ángeles del gnóstico, los seres
que soñó Blake, el ajedrez, la rosa,
El cantar de los cantares del hebreo,
son la flor que florece en el desierto
de la atroz Escritura, el mar abierto
del álgebra y las formas de Proteo.
Quedan aún tantas estrellas.
Suspendo aquí esta vana astronomía.

Fuente:arquitrave.com

Pronto la querida Liriam Marulanda, con su vocación de bruja sabelotodo y todo-me-lo-guardo, hizo una acotación a mi comentario, que estoy reproduciendo como aporte a la mitología de los egos caleños:

¡Ay los egos de los especímenes que navegaron por los caminos de la caleñidad setentera! El ego de Harold Alvarado Tenorio, sumamente pesado, como de 120 kilos, farsante y embustero: escribió un prólogo y puso el calce el nombre de Jorge Luis Borges, colocó el prólogo al inicio de un libro de poemas suyo (de él, de Harold). A partir de entonces se paseó por los pasillos de la Universidad del valle, blandiendo a los cuatro vientos su poemario discursivo, diciendo con voz de "canto recio", que "su amigo Borges le había escrito el prólogo". Estaba el "arriador de ganado" haciendo su apología de sí mismo, cuando apareció por un intersticio el "ego" de Gustavo Álvarez, con profundas raíces de ceiba centenaria y derrumbó la perorata de Harold y desenmascaró el plagio. Dijo unas cuantas verdades y se retiró tranquilo y sereno. El "ego" de Harold, herido y frágil, para que todos olvidáramos el insuceso, retoma aliento de lo poco o nada que quedaba de su "canto recio" e invita a los presente y ausentes a una "bacanal" en su finca a las afueras de Buga. La historia reconfirmó la verdad de Gustavo.
Mucho me gustaría que el mismo Gustavo me escribiera una nota aclarando su versión de los hechos, como me aclaró ciertos secretos de Andrés Caicedo que no he registrado en mi anterior entrada del blog, debido a que no tengo su autorización. Pero prometo que si el gurú de las ondas hertzianas de Colombia me escribe y me autoriza, reproduciré sus comentarios.




Y ahora una breve nota sobre Umberto Valverde enviada por Liriam...




Tu nota me invita a hablar sobre el “Enano Valverde” y la impronta que ha dejado su presencia en Cali, que evoca “la poquedad del ser”. Temas recurrentes en su devenir en la Univalle: “La hembrota que me levanté ayer en….”, “la rumba en…”, que la salsa, que el último disco de Celia Cruz, que Willy Colón, que bla, bla, bla…. Su “estatura intelectual” era tan baja, que mi “ego” de 163 centímetros, tenía que inclinarse para ver la expresión de su rostro. Él tenía que posicionar su “eguito”, entonces se le veía trajeado de ”intelectual”, con un arrumen de libros grasosos, que estaba leyendo simultáneamente. Decía que pertenecía a la “vanguardia”, que era miembro activo de la Juventud Comunista, donde estaba “el semillero” de los intelectuales, y bla, bla, bla….. Al abrir mi “baúl de los trofeos robados al pasado”, lo único que encuentro del “Enano Valverde”, son los nombres y referencias de los “mejores sitios” para ir de rumba, clasificados por días de la semana. El pasado exhala un vaho de añoranza de aquellos tiempos en que, tú Marco, andabas con tus manuscritos en las manos, discutíamos y analizábamos los personajes, el narrador, la historia y que luego tu frenética obsesión corregía y reescribía para llevarlos a las manos de Gustavo Alvarez, que con su “sabiduría de ceiba centenaria”, los volvía a desbaratar y vuelta a escribir. ¿Recuerdas cuando te dio (y lo hiciste) por estudiar “griego antiguo” para poder leer Los Diálogos de Platón, en su idioma original? Tus artes de seductor no lograron convencerme de acompañarte para emprender semejante empresa.



Y esta rememoración de Liriam me lleva a otra en la que participan Valverde, MT y Gustavo Alvarez, rememoración que tiene tintes de autocelebración, que mis 20 lectores y mis 200 lectores a regañadientes, espero disculpen, y que sólo puedo justificar diciendo que es estrictamente apegada a la verdad (y de ello puede dar fe Gustavo y los que vivieron aquellos días de "esplendor literario" en Cali...



Resulta que la Universidad Santiago de Cali organizó a fines de los 70 un concurso de cuentos con tres muy generosos premios. Mistercolombias se dijo: Hum, jugosos billetes al alcance de mis casi pueriles y ya ambiciosas manos literarias (tendría yo por entonces 20 años). Había un problema: el concurso estaba dominado por Umberto y sus amigos de la izquierda rumbera. Medité el golpe y me dije: Umbert-Umbert es un lujurioso lector que sin duda privilegiará a las mujeres sobre los hombres... De modo que busqué mis tres mejores cuentos --recuerden que yo escribía a un ritmo de tres cuentos diarios-- y los firmé con seudónimos femeninos. ¡Bingo! Gané los tres premios, lo que sin duda fue un golpe al grupo de izquierda rumbera, pero sobre todo una cachetada guajolotera a Valverde, que odiaba a Gustavo Álvarez y a sus pupilos (yo era pupilo de Gustavo en su Taller Literario...al que por otra parte el tiempo le ha dado un sitio de privilegio en la literatura colombiana: Gustavo González Zafra, José Cardona, Naya Chehade (la musa perfumada), Aleyda Roldán de Micolta (la madre universal), Horacio Benavidez, Omar Ortiz y los que se me olvidan pero espero recordar, ya soy hoy escritores de respeto, unos en París, otros en EU, otros en Cali). Gané los tres premios y mi más grande pena es no haber asistido a la apertura de las plicas y a la premiación. ¿Resultado? Buenos billetes para MT y un artículo vitriólico del enano Valverde publicado en El País, en el que en lugar de destacar la versatilidad del autor que escribía en tres estilos diferentes, Valverde lanzaba sapos y serpientes contra mi inocente y entusiasta persona. Como respuesta, en el diario Occidente Gustavo le ponía una revolquiza al enano cumbiambero.



Si alguien tiene una versión diferente, favor enviarla, que yo la publicaré, por adversa que sea...












miércoles 1 de julio de 2009

UN RECUERDO DE ANDRES CAICEDO


YA NO ESCRIBO COMO EDGAR ALLAN POE
ADEMÁS... UN RECUERDO DE ANDRES CAICEDO APORTADO POR LIRIAM MARULANDA


No hay ni que preguntarse por los enigmas que le enrostra el tiempo a uno. Por qué suceden las cosas y cuándo es un misterio que en realidad no importa solucionar. Las cosas suceden con asombrosa impiedad o indiferencia. Esta mañana mi ex alumna Nina Crangle, hoy compañera de trabajo en la Editorial de la Universidad Veracruzana, se acercó a mi escritorio y me dijo mira lo que me trajeron. Era el libro Calicalabozo de Andrés Caicedo, minucuiosamente envuelto en plástico. Una bella edición de la Biblioteca Andrés Caicedo, Colección Verticales de bolsillo. Leyendo el prólogo de Sandro Romero y Luis Ospina recordé: aunque yo era dos años mayor que Andrés Caicedo, él ya era un mito cuando lo visité por primera vez en su casa. Tendría yo por entonces 22 años y él 20. 1971, más o menos. Usaba el cabello largo, no muy limpio o por lo menos no muy cuidado. Era flaco, seco y tartamudo. Muy difícil comunicarse con él. Muy tímido y sin embargo consciente de su talento. Pero también, gran paradoja, inseguro de sí mismo. Tal vez inseguro en el trato social. Algo perverso, quizá, si se le juzga con los raseros convencionales; enamorado de las niñas, empeñado en sostener sus amores ante una sociedad judicadora y con pocas luces como la caleña de los sesentas-setentas, adicto a las drogas. Me recibió en la sala de su casa. Leyó un cuento mío que era una larguísima imitación de un cuento de Edgar Allan Poe, en el que el padre se acostaba con la hija y la hija con su hijo y aquello se convertía en una especie de Casa de Usher. Leyó el cuento de un tirón (tendría 25 cuartillas) y luego con tono doctoral, como sí él estuviera sobre las nubes y yo en tierra, muy abajo, me dijo que yo tenía algo de talento, que no todo estaba perdido. Por entonces yo estaba en la febril etapa en que, bajo la asesoría de Gustavo Alvarez Gardeazábal, escribía dos o tres cuentos diarios. Años más tarde, no sé por qué circunstancia llegué a una casa que Andrés rentaba en las faldas de una colina en Cali –ya hay tanta distancia entre Cali y yo, que se me olvidan los nombres de los barrios--. Allí estaba Andrés. La casa carecía por completo de muebles. Andrés me entregó un manuscrito para que lo leyera. Era Que viva la música. Lo leí acostado en un patio de baldosas, abierto al cielo. Evidentemente me interesó, pues terminé de leerlo de una sentada (o de una acostada). Años más tarde releí la misma novela y ya no me impresionó tanto. Algunos de sus cuentos me parecen magistrales. Caicedo había descubierto un estilo, un tono, un ambiente juvenil que sólo Salinger en Estados Unidos y José Agustín en México, habían logrado. Otro recuerdo: no sé dónde vi una bellísima revista en la que estaba incluido un cuento de Andrés que creo fue finalista en el Concurso Latinoaméricano de La Palabra y el hombre. Me gustó el cuento y me gustó la revista. Me dije: El día que yo publique algo en esa revista, ese día voy a ser feliz. Hoy, casi 35 años más tarde, soy la persona que más ha escrito en esa revista de la Universidad Veracruzana y formé parte de su Consejo de Redacción durante más de diez años. En 1979 compartí el Premio Latinoamericano de Cuento de la misma revista con Sergio Pitol --él ganó el primer premio; yo el segundo--. El tiempo ata nudos a veces o en general inesperados. Es un laberinto que en cada encrucijada se abre con cien puertas. ¡Para que haces planes si la providencia los tiene hechos por ti?, dice algún proverbio que aquí creo estar parafraseando. Sergio Pitol y yo a partir del premio nos vinimos a vivir a Xalapa. El hecho de que Andrés se haya suicidado el mismo día en que aparecía publicada su novela, algo tiene que ver con mi vida y con el torrente de libros que, buenos o malos, han brotado a los largo de los años de mi cacumen. Ya no escribo imitando a Edgar Allan Poe.
..............................................Y AHORA UN RECUERDO DE LIRIAM MARULANDA.
Marco T:
Te voy a regalar un recuerdo, que al leer tu nota, llega corriendo por los sinuosos caminos del pasado: estábamos, tu y yo sentados tomando algún refresco o tal vez tinto, en una cafeteria frente al Teatro Municipal y la Universidad Santiago de Cali (ya no existe ese café y la Universidad está en otro lado), cuando llegó Andrés y se sentó con nosotros. Tú y yo hablábamos de esto y aquello y Andrés escuchaba. De pronto Andrés empezó a hablar con gran dificultad, como entrecortado y con desesperación, de una chica que estaba cortejando que nosotros no conocíamos (así parece). Entonces, en una interminable pausa de su tartamudeo yo me atreví a preguntarle: Andrés, ¿por qué tartamudeas cuando hablas de mujeres? El hombre se puso furioso, levantó una mano, me dio una cachetada y me dijo no se cuantos insultos. Yo me quedé petrificada y tu larguísima figura se levantó de la silla, tomó a Andrés por el cuello, sin hacerle daño y le dijo con un tono de voz fuerte, severo (que aún escucho): ¡¡¡Las mujeres se aman, cabrón marica!!! Lo dejaste caer sobre la silla, cayó como un fardo y quedó sumido en un estupor, sin decir nada más. Andrés permaneció mudo un rato, recogio sus papeles y se fue por donde había venido. Todavía siento tu caricia en mi adolorido cachete y escucho tu voz que me dice: No le des importancia, no vale la pena.... Muchas veces me pregunto, por qué cuando alguien muere se le recuerda como un ser perfecto, como si nunca hubiese sido humano. Cuando escucho hablar a los "expertos en la Vida y Obra de Andrés", personajes que nunca lo conocieron, me rio en silencio, pues hablan de un alguien que no existió, es un alguien inventado por los Mitos Urbanos o Intelectuales. Eso no demerita que el hombre haya escrito cosas chéveres y dejado su huella.
En posterior correo Gustavo álvarez me informa que Alberto Fuguet acaba de publicar una especie de biografía novelada de Andrés Caicedo.

lunes 29 de junio de 2009

BOLAÑO: LA FARSA DEL SIGLO


ALGUIEN TIENE QUE DECIRLO

Sí, queridos 19 lectores, alguien tiene que decirlo. Lo voy a decir yo, que ya tengo la costumbre kamikaze de tirar la piedra y mostrar la cara, y lo tengo que decir aunque me excomulguen en Anagrama, aunque nunca me den los premios Herralde, Rómulo Gallegos, Alfaguara, Planeta --ya saben que el Nobel nunca lo voy a aceptar--, aunque pierda la posibilidad de entrar en los grupos de elogios mutuos y promoción y repartición de premios de Vilas-Mata, Sergio Pitol, Jorge Edwards, Juan Villoro, Jorge Herralde, aunque me odien todos los chilenos del mundo (menos el autor de Malorum). Alguien tiene que decirlo: Los detectives salvajes, del "genio de la literatura contemporánea Roberto Bolaño", es una de las novelas más mediocres, aburridoras, monótonas, intrascendentes, libres de personajes o situaciones memorables. Es una novela sin raíces, sin espíritu, sin trama, sin tensión: cien o más personajes hablan en primera persona --todos de manera semejante--, hablan, hablan, cuentan aventuras sosas, olvidables, en ocasiones estúpidas. Muchos de ellos se echan a llorar sin razón y buscan a una mujer de apellido Tinajero (nunca me enteré bien quién era pues abandoné la novela en la página 300 y juro que no terminaría las 600 del volumen de Anagrama ni bajo pena de decapitación). Bolaño ofrece un mundo sin sentido y sin color: escenas tras escenas sosas se van en una antología de bobadas más dignas de lástima y llanto que un niño atropellado. Las voces son todas monótonas. Un solo personaje rescato: el alemán medio tonto llamado Heimito. Esta dizque novela es una avalancha interminable de naderías.
Ya lo dije una vez: o el mundo está imbécil al exaltar a este monumento al ocio improductivo, al promover a este atentado contra la naturaleza y al ofender al dichoso y escaso tiempo dichoso de lectura... o el imbécil soy yo. Que lo juzgue el lector. Pensar que Bolaño pudo escribir algo valioso --dicen que su novela 2006 o 2666 es... Aquí se suspende la frase y se incluye un comentario del blog "El Sentenciero"... Después se reanuda mi frase...
Marco Tulio, hola. No soy lo que pueda llamarse un "fan" de Roberto Bolaño (es que estos términos son los que se usan con él, es parte de una moda y de una forma de hablar), aunque he leído Los detectives y tres libros más de él. De todo ese material, lo único que realmente me ha parecido bueno, es un cuentario que se llama "Llamadas telefónicas". El resto no es que sea deplorable, pero apenas pasa de curioso, de divertimento.Claro, en ciertos círculos de escritores, hablar mal de Bolaño puede significar el linchamiento público.
...una obra maestra ...(¡ojala!)-- es algo que no puedo entender. Estoy anonadado y estupefacto y demolido: Anagrama, que ha publicado tantas obras de valor, ahora exalta a esta almita de Dios (vi a Bolaño en un video: sí, es un inocente, un ingenuo, muy culto, sí, pero con unas ideas resobadas y con unos aires de grandeza que oculta (ocultaba) tras una fachada de timidez y modestia. Es el típico escritor del post-boom: convencido que el mundo comienza con sus propias obras. Para él García Márquez es una especie de maestro orfebre, na má. No dudo que como persona y como amigo Bolaño haya sido maravilloso: como escritor no es de los míos. Es un frenólito disfrazado de frenáptero. Mis 19 lectores me entienden. Con ellos me basta. Aunque 800 millones de moscas estén de acuerdo en que comer mierda es algo maravilloso, uno no tiene por qué estar de acuerdo. Han comenzado a llegar mensajes de adhesión a estas opiniones, no dudo que comenzarán a llegar insultos. Los espero con ansiedad para agregarlos a mi Colección de estímulos a la Creación Literaria que atesoro con cariño...
Comentario de mi amiga Martha, adicta al agua y residente en Barcelona...
MT:
Ayer leí el post que mencionas y te confieso que no tengo ningún interés de leer a Bolaño. Creo que me quedaré con la reseña de algunos de sus libros. ¡Reconozco tu valor al plantear esa farsa literaria!Ah, me gustaría conocer aquel libro tuyo Agua clara en el alto amazonas ¿ya está publicado?
un saludo,
Martha Cecilia Cedeño
espaciosyperiferias.blogspot.com
Una nota de Isaías Peña sobre Bolaño...
No se si te dije alguna vez que estaba de acuerdo con lo que escribiste sobre Bolaño, aunque yo no le daría tanta importancia. Bolaño recicló todo lo que habíamos escrito en 30 años atrás, no lo hace mal, pero no hizo nada nuevo... y como muchos chilenos, dicho por ellos, es muy latoso...abrazos,isaías

sábado 27 de junio de 2009

APOYO AL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA Y RESPUESTA DE RAÚL ARIAS LOVILLO


CUM GRANO SALIS

En la siguiente dirección hallarán mi carta de apoyo formal a la reelección de Raúl Arias Lovillo como rector de la Universidad Veracruzana... Apareció en el periódico virtual Alcalorpolítico de la ciudad de Xalapa...
Abajo la respuesta del rector...

http://www.alcalorpolitico.com/notas/notas.php?nota=090626mtol.htm

Estimado Marco Tulio:

Ratifico mi agradecimiento en esta nueva expresión de tu parte, universitaria y con un compromiso de transformación. Un abrazo... Raúl Arias.

miércoles 24 de junio de 2009

PRIMER JUICO AL IMPERIO DE LAS MUJERES




PARA ALIMENTAR MI CONOCIDA MODESTIA
En la foto a la derecha Liriam y su perro Erasmo de Rotterdam

Mi querdida amiga Liriam Marulanda, primera lectora de la mayoría de mis libros, me escribe sus primeras impresiones de la lectura de mi libro todavía inédito El imperio de las mujeres. Cuentos EN LUGAR de hacer el amor. Como de costumbre Liriam, estimada bruja y sabia en más de un aspecto, no se mide en sus elogios. No se crean, lectores amigos, lectores enemigos y lectores neutros, que mi amiga es benévola. En más de una ocasión ha vapuleado mis textos. (Acostumbraba decir que yo era pésimo novelista y buen cuentista, hasta que leyó el manuscrito de Historia de todas las cosas y cambió de opinión). Su anterior comentario fue precisamente para mi novela inédita Historia de todas las cosas. Pueden hallarlo en este mismo blog. Tampoco en ese caso reprimió sus elogios. No les digo que le crean sus ditirambos o que no se los crean. Es su percepción de mis libros. Tal vez obnibilada por el viejo afecto que conserva hacia mí desde los días en que éramos compañeros en la Universidad del Valle. He aquí su carta. Es el primer comentario que se hace a este libro, cuya portada y contraportada podrán ver mis 18 lectores en la columna de la derecha...
Marco:
He podido robarle un poco de tiempo a los compromisos laborales y los he dedicado a tí. Gracias por El Impero de las Mujeres, gracias te doy en nombre de todos aquellos que lean o lleguen a tener en sus manos tu hermoso y bello regalo.
Por favor no me pidas ni análisis ni críticas, no lo voy a hacer. Me he gratificado y sentido feliz, caminado de la mano de cada una de tus frases, de tus pequeñas e inconmesurables historias que llevan a la meditación, a mirarnos a nosotros mismos a través de tus fantasias y realidades. Ya antes conocí a Lina María y me enamoré de ella, a Oweena la conocí en gestación en las milnosecuentas páginas, las chicas del imperio me parecen familiares, creo que las he disfrutado en otros momentos de tu "Historia de Vida", la Manzana de Adan me llevó a evocar aquellas tardes de locura por los pasillos de la Univalle y la Sonrisa en la Espesura es la sublime realidad del amor prohibido. No puedo escoger, no se cual me gusta más y porqué, solo los disfruto, los leo y vuelta a leer como si los fuera a perder, como si existiera la posibilidad de que el olvido me los robara de la memoria.
Me reafirmo y vuelta a reafirmar desde "el Principio de tus Tiempos": Marco Tulio es el mejor cuentista de la lengua castellana.
Gracias amigo, gracias por este hermoso e inolvidable regalo, gracias.

A propósito de otro tema: después de meses de inmovilidad hoy conseguí una asesora de blog que me instaló dos contadores de visitas.

viernes 19 de junio de 2009

¿EL NUEVO GENIO LATINOAMERICANO?

¿ROBERTO BOLAÑO, GRAN ESCRITOR?

Estoy leyendo Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, dizque el gran escritor. ¡Que ganas de comer mierda! Vacío de principio a fin, pasan y pasan páginas y nada: ni estilo ni ideas ni estructura ni personajes memorables, nada. Publicado en Anagrama, con TODOS LOS PREMIOS imaginables, escrito con una ingenuidad que raya en la idiotez, me reafirma en una convicción: o todos los demás son imbéciles o el imbécil soy yo. No creo que un escritor que haya escrito esto haya podido superar sus limitaciones. Es tan soporífera esta novela que entre Bolaño y Fuentes me quedo con Fuentes. Por lo menos Fuentes se muestra inteligente y culto en sus obras. Intento una explicación: esnobismo del más ramplón, refrito de los dadaístas, sombra lejana de Cortázar... Puh! Seguiré leyendo unas páginas con el propósito de purgarme.

miércoles 17 de junio de 2009

NOTICIAS DE LA LUCIERNAGA, WILLIAM OSPINA, DEL TALLER DE NOVELA Y DE LA VIDA

LA HERMOSA VIDA
A la derecha la edición colombiana de Los placeres perdidos.

El Taller de Novela que abrí en la Editorial de la Universidad Veracruzana, al que llamé pomposamente "El poder de la imaginación" ha crecido tanto y han llegado personas tan interesantes, con proyectos tan llenos de buenos presagios, que he decidido dividir el grupo y abrir otro taller, que comencé a dirigir en otro sitio. La variedad de personas es grande, así como su formación, su edad, sus intenciones, pero en general hay un entusiasmo que me emociona. ¡Todavía hay personas para las que la literatura es una forma más elevada de vida, personas que encuentran un sentido superior en escribir!
Yo he decidido abandonar la escritura --la grafomanía-- por un año completo. Ya hay mucho escrito y en camino, de modo que no tengo apuros. Queda pendiente, como una hermosísima y arcana hembra que me espera en la cama de mis años de madurez, la reescritura de mi novela El sentido de la melancolía: 1111 páginas --a la fecha-- en las que de alguna forma quiero llegar a algunas conclusiones sobre la vida, el amor, las mujeres, la muerte, el erotismo, y sobre todo, la depresión. La depresión: tema que he estudiado durante muchos años y sobre el cual tengo toda una biblioteca leída y subrayada. El otro tema que he estudiado por años el de la Amazonia. Terminé mi novela ambientada en esa zona del planeta y a la fecha la obra ha recibidio Mención Honorífica en el Concurso de Novela Corta Rosario Castellanos en México, fue finalista en el Concurso de Cuento Juan Rulfo de París por Colombia hace tres años y acaba de ser finalista en el Concurso de Novela Ciudad de Barbastro en España. Con la misma historia ambientada en el Amazonas he escrito un cuento de 15 páginas, novelas de 65, 82, 110, 220 páginas y 400 páginas. ¿Y saben qué? Todas las versiones me gustan. Por lo pronto la más breve aparecerá en El imperio de las mujeres. Cuentos en lugar de hacer el amor, que debe aparecer este año en la Editorial Educación y Cultura de México. También escribí una crónica de mi viaje a la Amazonia Colombiana y lo publiqué en la revista Crítica de Puebla. El imperio de las mujeres lo voy a presentar en la Feria del Libro Universitario en Xalapa el 19 de septiembre. El 12 de septiembre presentaré en la misma feria Maelstrom el agujero negro. Muchas personas piensan que si un escritor publica muchos libros termina por bajar la calidad. Yo espero que ese no sea mi caso. Hace varios años presenté en esta misma feria dos novelas y una antología general que incluía una breve biografía de MT preparada por Peter Broad. Los títulos de los tres libros que presenté, creo que en 2003: La hermosa vida, La pequeña maestra de violín y El ojo en la sombra. Entiendo que esta productividad de coneja extranjera pueda molestar a algún escritor o crítico, pero, ¿qué hacer? Ese soy yo y tengo que resignarme y disfrutarme aunque a algunos estreñidos les pique el culiculiambro. Pero, como les digo: por consideración al mundo y a la ecología dejaré de escribir durante un año para dedicarme a servir a mis semejantes --y conste que no me he caracterizado por ser generoso ni por tener espíritu cristiano, marxixta o por hacer campañas a favor de nada que no sea mi propio interés. ¿Será que me estoy haciendo viejo y estoy perdiendo mi agresividad? Chi lo sa.
----Lo que me suponía: bastó que se le concediera el premio Rómulo Gallegos a El país de la canela de William Ospina para que le cayeran como moscas la caterva de envidiosos a decir que la novela violentaba la historia, que estaba sobrecargada de adjetivos, que... etc. La novela es excelente y ya. Amigos envidiosos: celebren lo celebrable y pónganse a trabajar. De paso comentaré que a William se le preguntó el título de alguna novela recomendable de un colombiano. Mencionó La historia de Horacio, del querido y hondo Tomás González. También mencionó William a varios buenos escritores colombianos: no me mencionó a mí. ¿Conclusión? O no valora lo que hago o no lo conoce o cree que ya no soy colombiano sino mexicano. Como dice mi nieta Mariann no impolta. Yo no necesito que los escritores que yo aprecio me aprecien y respeten. Con que yo me aprecie y respete me basta. Un alto poeta y alto polemista, muy amigo también, de nombre Harold Alvarado Tenorio, se lanzó contra los escritores que ganan o aceptan premios. ¿Nunca has ganado un premio, nunca has participado en un concurso, nunca has aceptado una beca, querido y admirado Harold? Y no es cierto que la mayoría de los ganadores de premios escribamos para los premios. Falso: en general escribimos con serenidad de alquímico, y cuando pasa el pato, le disparamos. Tal es mi caso. Y no me arrepiendo. Sin los premios este inmodesto y terco colombiano estaría en Colombia trabajando como maestrillo de filosofía y sin tiempo para escribir. Solo le pido a Dios muchos premios... pequeñitos, para que no me venga a joder la vida la perra, la diosa perra, la fama.
---A otro tema: La luciérnaga. Me he aficionado a escuchar casi todos los días un programa radiofónico colombiano llamado La luciérnaga. Un equipo dirigido por Hernán Peláez, que cuenta entre sus miembros al escritor Gustavo Alvarez Gardeazábal y a una cantidad grande de músicos, humoristas, ciclistas, ministros y gente de toda laya, todos unidos por el entusiasmo y la alegria de vivir --incluso en un país tan dotado para la tragedia como Colombia-- hacen un programa diveridísimo, muy movido, en el que se tocan prácticamente todos los temas. El humor y la música le dan un ritmo alucinante. Por algo es el programa más escuchado de Colombia. A veces entrevistan al presidente Uribe, a sus ministros, a actores de cine, a escritores, y uno piensa que es un programa con línea abierta al mundo, luego uno se da cuenta que muchos de esos personajes que uno escucha son imitadores, excelentes imitadores. Asombra la erudición de Gardeazábal, que parece saberlo todo sobre todo. A mis 14 lectores les recomiendo que busquen en internet así: La luciérnaga, Caracol, Colombia...
A continuación voy a reproducir una columna periodística. En ella se menciona a Gustavo Álvarez Gardeazábal como una especie de oráculo de Colombia y a su hacienda como un lugar casi de peregrinación religioso-política...
El diario El Espectador reportó el domingo que el alcalde Alonso Salazar y el ex-asesor José Obdulio Gaviria, fueron en peregrinación hasta Tulúa. Han crecido más viajes de penitenciales a la ciudad del Tino Asprilla que al Santo de Buga. En la Villa de Céspedes reside Gustavo Álvarez Gardeazabal el periodista más influyente en el actual momento nacional. El recibe en su casa, ofrece su mesa a los recién llegados, oye sus cuitas, expone las propias y luego en La Luciérnaga dice algo si lo considera procedente. Oye y no adquiere compromisos, salvo lo que sea justo. Según el viejo diario de los Cano, hoy de don Julio Mario, el alcalde de Medellín y el ex-asesor, fueron a intervenir a favor del candidato presidencial Sergio Fajardo, con quién Gardeazabal “ha sido muy cáustico en sus comentarios”. (notas económicas de Humberto López, El Heraldo, El Mundo).

lunes 8 de junio de 2009

MARCO TULIO EN VIDEO


EXCÉLSIOR DE MÉXICO ENTREVISTA A MT EN LAS CALLES DEL DISTRITO FEDERAL

Palabra de escritor, programa del diario Excélsior, siguió a MT por la calles e investigó sus planes, sus ambiciones, sus debilidades. Presione en el link siguiente... Luego presione tres veces en "Next screen" hasta ver la foto del autor y pícale el ojo...
Pero antes una frase célebre:
Ochocientos trillones de moscas no pueden estar equivacadas: hay que comer mierda.

JORGE AGUILERA EL CAMPEON

SIETE DE ORO Y UNA DE PLATA

Por alguna razón que podría explicar pero en este momento no quiero precisar los hermanos Aguilera Garramuño somos altamente competitivos y competidores. Recuerdo que cuando compartía apartamento con mi hermano Jorge (a la derecha en la foto adjunta), me asombraba que pudiera estar cinco o seis horas sentado frente a un escritorio, estudiando --anatomía, por ejemplo-- con apenas pausas para apurar un trago de agua de un vaso que colocaba ritualmente al lado del libro. Esa disciplina la aplicó luego al cuidado de los niños --es pediatra-- y a la natación. En un reciente campeonato en Colombia se colgó siete medallas de oro y una de plata. A fines de este año vendrá a Veracruz a representar a Colombia en el Latinoamericano master. Yo seré su manager, así como él fue el mío hace décadas cuando yo era fondista. En mi novela El amor y la muerte (Alfaguara) se puede rastrear este tema.

viernes 5 de junio de 2009

WILLIAM OSPINA ES MI GALLO


EL PAÍS DE LA CANELA GANÓ EL PREMIO RÓMULO GALLEGOS



Cuando me enteré que la novela El país de la canela del escritor colombiano William Ospina había ganado el Premio Rómulo Gallegos estaba en mi oficina en la Editorial de la Universidad Veracruzana. Levanté los dos brazos y con los puños cerrados lancé un ¡bravo! Sentí como si el premio me lo hubieran dado a mí, no sólo por la simpatía que le tengo al autor (cantante de canciones de Edith Piaf, intérprete elocuente de rancheras, recitador emocionado de Baudelaire, el mejor compañero de borrachera que haya conocido) sino por el aprecio que le tengo a sus novelas. Hace unos meses comenté en este blog su novela Ursúa (ver la columna derecha de este blog en la sección de "Etiquetas" el apartado de "Novelas ajenas") ; también publiqué sobre ella una reseña en la revista Crítica de Puebla, num,. 132, mayo-junio 2009. Además proximamente saldrá un largo ensayo sobre Ursúa y El país de la canela en La palabra y el hombre, revista de la Universidad Veracruzana. Lo dije y repito lo que dijo Pedro Ángel Palou: William Ospina está escribiendo la mejor prosa de Latinoamerica.
El premio ha sido otorgado en anteriores ediciones a Fernando Vallejo, García Márquez, Vargas Llosa, Elena Poniatowska y Roberto Bolaño. ¿No les parece sorprendente y hasta predecible (por lo que llamaré el "efecto Pambelé", que espero explicar un día de estos) la cantidad de premios de calidad que han recibido los escritores colombianos recientemente: Premio Tusquets y Premio a la mejor Novela Traducida al inglés en Inglaterra a Los ejércitos, de Evelio Rosero; Premio de Narrativa Casa de Las Américas a La Ceiba de la memoria de Roberto Burgos; premio Planeta Casa-América a la ex modelo Ángela Becerra; Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora a Jotamario Arbeláez; Premio Casa de América de Poesía en España a Juan Manuel Roca... La concesión del premio Rómulo Gallegos a El país de la canela vuelve a dar vuelo a un premio que había perdido su prestigio cuando se dio por evidentes influencis políticas a Poniatowska, cuyo talento novelístico es bastante deleznable. Espero con ansiedad de lector adolescente la tercera novela del ciclo del Amazonas que ha prometido William... La serpiente sin ojos.
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Me atrevo a fusilar una nota aparecida en el blog NTC de Colombia: El escritor colombiano William Ospina, con su obra ‘El país de la canela', ganó este jueves el XVI Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, imponiéndose a otras 273 novelas de 21 países, informó el jurado del premio que poco antes elaboró una lista de siete finalistas. ‘El país de la canela' es la segunda obra de una trilogía en la que la primera es Ursúa y la tercera será La Serpiente sin Ojos. A lo largo de 368 páginas cuenta la sorprendente historia del descubrimiento del río Amazonas. Ospina ha explicado que el título del libro siempre le gustó y que emergió ante sus ojos leyendo las crónicas de la conquista del Perú, en el siglo XVI. "Hasta ahora la literatura no había aprovechado la resonancia sensorial y la magia de ese nombre". El autor también dice que el libro refleja la historia de los conquistadores españoles en América, a la que llegaron empujados por la codicia, la avaricia y también impulsados por las leyendas que les aseguraban que aquí, en América, podían encontrar sirenas, centauros, gigantes, enanos y amazonas. Recuerda que la canela y, en general las especias olorosas, eran apreciadas y tenían gran valor en Europa y que, incluso la historia cuenta que cuando murió la emperatriz Popea, el emperador Nerón hizo quemar en las calles de Roma toda la cosecha de canela producida en Arabia. Ospina, quien estudió derecho y ciencias políticas y más tarde se dedicó al periodismo, cuenta con títulos destacados como Aurelio Arturo, Es Tarde para el Hombre, Esos Extraños Prófugos de Occidente y ¿Dónde Está la Franja Amarilla? , entre otros.

jueves 4 de junio de 2009

EL PODER DE LA IMAGINACIÓN


UNA ENTREVISTA A MARCO TULIO AGUILERA SOBRE EL TALLER DE NOVELA "EL PODER DE LA IMAGINACIÓN"
Prensa de la Universidad Veracruzana
1. ¿Qué es lo esencial que debe tener una propuesta de novela desde su punto de vista y dada su experiencia (tiene que ver con el tema, el tratamiento, los personajes, la ambientación, la capacidad técnica del escritor, todo esto y más elementos…)?
Una propuesta de novela es algo que yo nunca he hecho pero que solicito a quienes quieran iniciarse en la escritura de una obra narrativa de ese género. En primera medida debe tener un argumento tentativo, es decir, una historia interesante que quiera narrar. Debe esbozar en breves trazos las características de los protagonistas. Debe plantear qué es lo que busca o qué sentido persigue en su planteamiento. Anotar qué rasgos estilísticos desea aplicar. Todo lo anterior es difícil de definir a priori, pues generalmente las novelas se van definiendo a medida que se van escribiendo. Una novela plenamente lograda generalmente resulta después de escribir cinco o seis borradores y habitualmente ocupa al escritor varios años. Es un trabajo de enorme paciencia, de esfuerzo, de estudio, de atrevimiento. Si no tienes algo diferente qué contar y si no lo haces de manera original, en realidad el esfuerzo no vale la pena. Para escribir novela hay que prepararse, tener paciencia y algún tipo de sabiduría de la vida. También hay que haber vivido. Un filósofo dijo: “No existe nada en la imaginación que no haya pasado antes por la experiencia”. Estoy de acuerdo. Aunque hay que decir que la misma imaginación es una experiencia.
2. ¿Y usted les va a enseñar todo eso?
No, yo quiero trabajar con personas que ya tengan el talento y la preparación, pero que les falten la asesoría y algunas armas, también algunas mañas que sólo el tiempo y el trabajo dan. Para escribir una novela hay que tener algo que contar y hay que saber hacerlo con arte. En principio las personas deben saber redactar con corrección. También deben tener el don de la poesía: encontrar los ángulos secretos y encantadores o sorprendentes o incluso espantosos de la realidad. Si las personas están interesadas en escribir una novela y no tienen el plan ni el capítulo de la novela, podrán ser admitidos en el taller, si en la entrevista personal demuestran que están preparados para escribir. En la entrevista hablaremos de lecturas, de experiencias de vida, de intenciones. Hay cierto halo que los que van a ser escritores tienen y si yo percibo este halo, podré admitirlos en el taller.
3. ¿Dónde, cuándo, cómo descubre Marco Tulio Aguilera el potencial de una novela?
Mientras estaba estudiando filosofía asistí a unas clases sobre Kant que impartía un profesor soberanamente aburridor. En esas clases comencé a escribir mis recuerdos en un cuadernito y luego le di a leer mis escritos a un novelista colombiano, Gustavo Álvarez Gardeázábal. Le entregué un manuscrito de 400 páginas. Él me dijo: “Esto es un caos, pero un caos muy divertido. Si le pones un poco de orden podrá ser una novela muy divertida, pero antes tienes que aprender qué es una novela: ponte a leer”. Me dio una lista de libros: El Quijote, La Ilíada, La Odisea, La Divina Comedia, La Biblia. Los leí y luego volví a escribir mi novela Breve historia de todas las cosas. Cuando yo tenía 24 años esa novela fue publicada por Ediciones La Flor de Buenos Aires con grande escándalo publicitario. Ahí comenzó mi carrera. El año pasado reescribí esa novela. Ahora tiene 580 páginas y la estoy negociando en varios países.
3. ¿Qué criterios utilizará para seleccionar a las novelas participantes (aspectos de ese primer capítulo, perfil del aspirante al taller)?
Al pedir el capítulo de una novela y el plan de ella lo que quiero ver es si saben escribir, si tienen gracia, si tienen ideas, si tienen potencial. En realidad me voy a guiar en la selección por la impresión que me causen las personas y las dotes de narrador que muestren en sus escritos. No les pido que me muestran genialidades sino potencualidades. Después de haber coordinado talleres en la Facultad de Letras de la Veracruzana, en el Instituto de Artes de la Universidad de Nuevo León y en la Sociedad de Escritores de Puebla creo haber desarrollado el olfato para saber quiénes pueden y quiénes no.
4. Algunos datos sobre su propia novela, y cómo el trabajo paralelo de creación literaria (de usted y sus aprendices) podrá beneficiar el trabajo de ellos.
No quiero hacer el tradicional papel del maestro sino que quiero involucrarme con el grupo al mismo nivel. Yo mismo voy a estar escribiendo una novela junto con ellos. Ellos leerán mis capítulos a medida que avance. Del mismo modo ellos deben comenzar a escribir y a leer sus textos. Lo que no es fácil. Como habitualmente sucede, habrá unos que escribirán torrencialmente y presentarán un capítulo semanal. Otros, posiblemente tarden un poco en arrancar. Un taller de novela es, por lo menos en lo que a mí concierne, un clavado que se echan un grupo de personas en un pozo profundo: el de sus propias intimidades y obsesiones. Para escribir hay que ser despiadado, impúdico, atrevido, disciplinado. En general un buen novelista es una especie de esquizofrénico domesticado. Un buen novelista es un tipo que si no escribiera se volvería loco o sería un desadaptado social. Por eso no me va a extrañar que en el taller se junten una serie de personajes excéntricos y quizás difíciles. En general el escritor es un ser humano que no ha sido domesticado por completo. Por eso los escritores tienen o deben tener acceso a ciertos secretos y deben ser capaces de decir lo que nadie dice. Y deben decirlo con un encanto nuevo e inédito. A eso se llama tener estilo. Todos los grandes escritores lo tienen.

martes 2 de junio de 2009

CUENTOS PARA ANTES DE HACER EL AMOR


JOSÉ CARDONA COMENTA
Tomado de El Buho.revista de libros, México, mayo 2009.


Si entre los placeres de alcoba también está la lectura de un buen libro, hay que decir que los fumadores se agregan otro, el del cigarrillo que se fuma antes y el que va después. Sin embargo, libro y cigarrillo, como lo sabemos, hoy en día soportan un destino que quiere ponerlos contra las cuerdas, por lo tanto ahora pueden ser mayores objetos de placer, bien de alcoba o no. Pues bien, Marco Tulio Aguilera Garramuño acaba de ofrecernos, no un cigarrillo para el antes y el después, mas sí Cuentos para antes de hacer el amor (Educación y Cultura, México, 2007; antes había sido publicado por Selector, México, y Plaza y Janés, Colombia). Hace varios años nos había entregado su ya muy conocido Cuentos para después de hacer el amor (1984). Con uno y otro el autor nos hace un guiño de convocación al placer central de los cuerpos, además de que nos entretiene en forma amable. Sus dos colecciones de cuentos son de lectura grata bien para antes o después de las faenas de los cuerpos, como plantean los dos títulos, o para leerlos en cualesquier otro momento y lugar. Cuentos para antes de hacer el amor contiene once cuentos
en que predomina la situación de hombres maduros y vida tranquila en el hogar, la que de pronto se ve asaltada por la presencia de una bella mujer, por lo general muy joven y de cuerpo glorioso. Al final todo se restablece y el hombre regresa a los brazos de la felicidad del hogar: el cuerpo y el amor de su esposa, y el amor de los hijos.
“Olor a cuero” es un cuento de suspenso y erotismo. Magia Blanca, una vedette, se dispone a tener un fin de semana que ella augura como especial. Por su parte Gabriel, hombre pobre y desempleado, aupado por su situación se prepara a cometer una fechoría. Gabriel va a dar a la casa de Magia Blanca. Una vez adentro y con pistola en mano, él le dice a ella que sólo va por dinero y una buena cena. Ante aquella mujer de tantos encantos, el deseo por ella hormiguea en las entrañas de Gabriel, y crece mucho más al saber que está frente a la vedette que él antes ha visto en la televisión. Gabriel cena y Magia Blanca es suya. La jornada carnal es furiosa y sincera.
Agradecida, ella le entrega a Gabriel joyas, dinero y hasta las llaves de su carro, y le pide que vuelva al otro día. Gabriel lo hace, pero no sabe que sólo está regresando al lugar del crimen,
y como en todo regreso de esa índole, allá también lo esperan unos hombres, unos hombres con chamarras de cuero.
“El llamado de la bestia” es un cuento en que la realidad narrada contiene dos niveles. En uno se cuenta del hombre y su esposa. Su unión ha sido “un auténtico matrimonio de almas, un matrimonio espiritual” (37). En el otro se cuenta de este esposo, exseminarista y buen lector de La Biblia y libros píos, que una noche visita un lugar donde las mujeres se desnudan ante una enardecida asistencia masculina. La última mujer de la noche se encarga de conducir la audiencia
hacia el clímax. En medio de la algarabía colectiva que instalan las hormonas del deseo, el hombre casto siente que todos los hombres, incluso él, penetran en aquella mujer. Es cuando
comprende que “allí estaba la esencia de lo que tú y yo hemos ignorado por todo el tiempo por culpa de la prisa y la vergûenza”. Regresa el hombre a la realidad de su hogar, pero su esposa y él todavía no logran hacer el amor, aunque lo intentan varias veces.
Bárbara, una mujer muy joven, inteligente y hermosa, remueve la tranquilidad de Leone, un profesor. Son los personajes de “Arrepiéntete pecador”. Ambos han conocido los placeres
solitarios con sus lecturas, él mientras con una mano pasa las hojas de un libro de Vargas Vila, ella haciendo lo mismo con un libro de Hegel, y ahora ostentan de manera desafiante sus amores y deseos en lugares públicos. Luego que la boca de Bárbara ha saboreado la sustancia primordial de Leone, las cosas entre ellos pasan a un período de calma, hasta que ella acaba por abandonarlo a él, sin dejar ningún rastro. Pero antes, el profesor ha leído y releído una frase de un libro. Con esta frase el profesor obtiene una lección, una revelación, pues deberá entender que en asuntos del amor, el corazón de la mujer que se persigue con tanto ahínco no es nada fácil de ganar.
“Un matrimonio feliz” es un conjunto de tres narraciones en las que Catalina y Patricio encuentran sus buenos motivos para la felicidad en pareja. En la primera, “La mujer y el espejo”,
ella y él sienten que tras el espejo de una habitación de una casa vieja y enorme hay una especie de ser que los conduce a increíbles goces de la carne. Los dos saben, dice Catalina, “que
ese espejo que nos miraba casi burlonamente estaba esperando el momento propicio para obligarnos a hacer lo que yo ni me atrevo a soñar, o que si sueño, luego pierdo en la piedad,
en el olvido”.

En “Las mujeres de video”, Patricio y Catalina a veces prefieren ver películas pornográficas en la
alcoba en lugar de dedicarse a las tareas de la vida marital. Pasan los días y Patricio termina por quedarse a vivir en el mundo de las fantasías de las películas, mientras su mujer duerme cada noche en el cuarto de los niños. En “Sueños de un buen cristiano” Patricio sucumbe ante el deseo por Atiú, una muchacha de servicio que va a trabajar en su casa. Ella es casi una niña de origen indígena. Patricio, el buen hombre de ciudad, desea con ansias a la chica que viene de una región
selvática. El día que Atiú se va, ésta le pide a Patricio que la haga suya, en la misma cama de él y Catalina. Patricio cumple con la chica ante los ojos del Cristo que preside la habitación conyugal, de quien él espera que “comprenda y sepa perdonar, si es que hay pecado”.
En “La noche de Aquiles y Virgen”, entre todo lo que la
pareja hace en su cama, él le cuenta a ella una historia erótica
y graciosa. A estas alturas de la noche, ya los dos se han
fumado sus cigarillos (otra vez el cigarillo) y han ejecutado una
extenuante gimnasia carnal que incluye posiciones espectaculares.
Pasan los minutos en fila hacia el otro día, y al terminar
Aquiles de contar su cuento (otra vez los cuentos), “Virgen
abrió los ojos como despertando de un agradable sueño de
placer etéreo” (135) y los dos reanudan con abundante vigor
sus compromisos lúbricos. Cuerpos y palabras han formado
una sola entidad frente al amor y el deseo, y ya en la madrugada
Aquiles sabe con orgullo que de nuevo ha honrado “a su
esposa en el instante que ella perdió el control de su cuerpo,
quedando como un océano, relajada, en el sueño feliz del amor
satisfecho” (136).
Una señora muy atildada, Fernanda, le pide a un amigo
que inicie en la vida sexual a su hija, Renata. Es la situación
narrativa de “La historia completa de Ranita”, un cuento
alegre, divertido, juguetón. Fernanda, en sus desesperos
materno-celestinescos, ayuda a provocar ocasiones para la
iniciación carnal de Ranita, pero la oportunidad no se da.
El cuerpo de Ranita y las circunstancias por fin se conjugan
una tarde, en el espacio de las dos horas que ella tiene
libres antes de volver al colegio. En un motel ella se le
entrega a Eleuterio, y lo hace con la absoluta maestría de
la buena y voluntariosa alumna que a clase llega muy preparada.
En “La historia de Sally Ramsey” a un escritor le quedan
cuatro días de visita a una ciudad universitaria de Canadá,
donde fue invitado a dar unas conferencias. En esos cuatro
días conoce a Sally, una mujer espléndida que es flautista.
Los dos se sienten atraídos, se indagan sobre sus vidas y debilidades,
se acercan blandiendo deseos mutuos, pero todo sólo
llega hasta cuando ella, entre oscuridad y vegetación, se hinca
a ejecutar maravillas con sus dedos y su boca de flautista. El
escritor regresa intacto a casa, a los brazos de su esposa, la
única mujer que le cerrará los ojos cuando él muera, “y seguro
de que no había nada mejor que dejar una buena pieza de la
comida en el plato” (181).
Los dos últimos cuentos refieren pasajes de la vida de
Willy, un personaje dicharachero, bueno y generoso. Willy trabaja
en una editorial y es poeta. En “El humilde Willy en Cuba”,
este personaje recuerda con nostalgia, humor y ternura, sus
logros amorosos y carnales en un viaje que hace a Cuba. Allá
conoce a Rosa Edith, una mujer que lo lleva al Paraíso en un
cuarto de hotel. “Si algún día regresas a La Habana, búscame”
(196), es todo lo que ella le dice al despedirse, sin darle ninguna
dirección o teléfono. Willy regresa a Cuba, pero en lugar de
buscar a Rosa Edith se dedica en cuerpo y alma a dejarse atender
en un congreso de poesía, como representante de la editorial.
Este regreso se narra en “El masajito bayamés”. Casi al
final de una extenuante jornada del congreso, en la que ha
debido escuchar poemas y poemas a cuarenta y un grados a la
sombra, Willy logra fugarse de Noelia Cimarrone, La Reina
Sostenedora de la Poesía de Villa Muelas. A la puerta de la
habitación del hotel se le presenta una hermosa mujer joven
que se ofrece a darle un masaje bayamés, pero él sólo quiere
dormir y rehúsa el ofrecimiento de la chica. Al otro día, desde
la mañana, de nuevo él tiene a Noelia a su lado, quien era
“fea, recontrafea, ultraespantosa, pero simpática y una verdadera
estrella, una diva” y sucumbe en las carnes de
ella. Willy regresa de Cuba y por fin lo tenemos de nuevo en
la editorial, preguntándose ahora “¿cómo será el famoso
masajito bayamés?” Para saberlo, nos indica el narrador,
habrá que esperar a que Willy tenga su tercer viaje
a Cuba.
Mientras Willy vuelve a regresar a Cuba, nosotros podemos
cerrar el libro, repasar algunas páginas y luego cerrarlo.
Tal vez lo cerremos para disponernos a esperar el regreso de
Marco Tulio Aguilera Garramuño con otro libro de cuentos,
seguramente tan ameno y cargado de excelencias como éste. Y
mientras nuestro autor vuelve a entregarnos otra colección de
cuentos, habrá que decir que con Cuentos para antes de hacer
el amor de nuevo él contribuye a demostrar que la vena y la
veta de la literatura erótica es inagotable, a pesar de las monotonías
y mañas que la acechan. Saber moverse en el mundo
artístico de lo erótico es lo que hasta ahora nos ha demostrado
Aguilera Garramuño, pues en su muy amplia producción
narrativa las exploraciones literarias en torno a los gozos del
cuerpo ocupan un lugar central. Como escritor, sabe que en las
faenas amorosas del deseo en los cuerpos se encuentra una
vía de primer orden para las indagaciones sobre la condición
humana, sobre el conocimiento del ser y el estar en el mundo.
Con su literatura erótica, Aguilera Garrramuño también se
sitúa entre los autores que nos recuerdan que al fin y al cabo
el compromiso esencial con que se nace es el de usar y gastar
el cuerpo, y el amor y el deseo carnal son gloriosos medios
para cumplirlo.
* Cuentos para antes de hacer el amor. Marco Tulio Aguilera Garramuño,
Ediciones de Educación y Cultura, México, 2007, 212 pp.

sábado 30 de mayo de 2009

NOTICIAS DEL TALLER Y DEL RÍO DE AGUA LIMPIA

BUENA GENTE, ALIMENTO DEL ESPÍRITU

En la foto con Peter Broad, mi traductor al inglés y el estudioso más asiduo de mis obras; mi hijo S., nuestra perra Maki y MT cuando tenía barba.

A partir del buen apoyo de Prensa de la Universidad Veracruzana la convocatoria al Taller de Creación Novelística "El Poder de la Imaginación" ha tenido una nutrida respuesta. Hasta el momento se han presentado aproximadamente 40 solicitudes. He aceptado a diez postulantes en el Taller de la Editorial, que a partir del próximo 3 de agosto sesionará en un local de Enseñanza Abierta. Debido al hecho de que no se puede trabajar con más de ocho -cada uno debe aportar un capítulo de novela semanalmente- me he visto forzado a abrir otro taller. Este será privado, al margen de la Editorial y en un local diferente.
En los talleres tengo biólogos, estudiantes de idiomas, terapeutas, abogados, estudiantes de secundaria, estudiantes de la Facultad de Danza de la UV y profesores de la Universidad Eurohispanoamericana así como amas de casa e ingenieros. La idea no es sólo que ellos lean y critiquen lo que escriben los demás, sino que lean una novela que tengo en proceso. También van a leer novelas ejemplares.
Debido a que tendré mucho trabajo -pues debo además atender mis labores oficiales en la Editorial de la Veracruzana- suspenderé por un tiempo mi habitual grafomanía. La novela mía que estarán leyendo es apenas un divertimento sobre personajes bastante bizarros de la juventud actual.
Hay muchos textos míos que están buscando su camino en las editoriales del mundo y ello satisfache mi habitual necesidad de expectativas vitales. Por lo pronto ya tengo la oferta de impartir un Taller de Novela en la Sociedad General de Editores en Puebla el próximo año; presentaré mis nuevos libros El imperio de las mujeres y Maelstrom el hoyo negro en la Feria Internacional del Libro Universitario. Espero la seguna edición colombiana de Cuentos para ANTES DE HACER EL AMOR. Es posible que vaya a la Feria de Guadalajara y a la Feria de Minería en el DF.
El entusiasmo de los "muchachos" de los dos talleres me anima, me alimenta y me hace desear que pase pronto el tiempo para verlos de nuevo. Hay talento, en algunos casos casi cuajado, entre los integrantes. Por otra parte mis estudiantes de la Facultad de Teatro ya están escribiendo sus propias obras... Y puedo decir que todo marcha bien. Un saludo muy cariñoso a los amigos y compañeros lectores de este blog: Lirian, Félix, Carlos Alatriste, Isaías Peña, Jacqueline, Mauricio (quien tiene una finca en la selva chocoana, en Colombia, cerca de Panamá) y me anda tentando para que vaya a visitarlo. Soy un hombre obsesionado por el agua libre y salvaje: mi sueño es vivir mis últimos días a la orilla de un río caudaloso de aguas limpias.

martes 26 de mayo de 2009

CONCURSOS Y FALLOS


OTRA VEZ SERÁ

Finalmente no gané el Concurso de Novela Ciudad de Barbastro en el que mi novela Agua clara en el Alto Amazonas estaba de finalista. El premio se lo llevó el madrileño Pablo Villafruela Sáenz, funcionario del ayuntamiento de Madrid y novelista de cierta trayectoria. Hace unos días mi amiga Lirian Marulanda me preguntaba si pensaba que iba a ganar. Eran diez finalistas de varios países. Le respondí: "No me hago muchas ilusiones de ganar. Generalmente en España ganan los españoles y no creo que vayan a ceder otro premio este año". Como recordarán el premio Alfaguara lo ganó Neuman, un argentino; el Tusquets, un colombiano, Evelio Rosero, etc. Ya me imagino a los escritores españoles despotricando contra los literatos sudacas. Entonces me preguntarán mis 13 lectores, por qué participa MT en concursos si es pesimista. Sencillo, porque a veces sucede el azar de que se realice la excepción. En mi caso ya ha habido bastantes excepciones; ninguna, desgraciadamente, en premios demasiado grandes. Cuando estuve de finalista en Alfaguara, ganó Elena Poniatowska, la princesa polaca de la literatura mexicana, que forma parte del grupo del poder cultural de izquierda de este país, con una novela extremadamente mediocre, La piel del cielo. Hay un hecho que casi siempre se cumple, desde los tiempos de Cervantes: no son las buenas novelas las que ganan los concursos. La calidad generalmente queda relegada a los segundos lugares. Y aclaro: participo en concursos porque me gusta el dinero, como a Salvador Dalí y a cualquier ser humano que no quiera presumir de casto, puro y virtuoso. Los premios literarios permiten saltar trancas, evitar antesalas, eludir agentes literarios, conseguir buenas ediciones (mis mejores ediciones las he conseguido mediante premios: Planeta, Joaquín Mortiz, Alfaguara, etc.). De modo que si uno no forma parte de una mafiecilla de las que habitualmente controlan las editoriales, puede meterles uno y otro gol por medio de premios. Eso es lo que yo he hecho. La única mafia a la que pertenezco es la de mi amigo Mistercolombias. Y he sido tan severo y crítico en mis rerseñas ya artículos, que nunca falta algún enemiguillo saltando debajo de cualquier piedra y obstaculizando mi camino. Pienso que generealmente me he atrevido a decir lo que pocos dicen: eso se paga. Especialmente si uno es un escritor de provincia como yo, que sueña con glorias pero no se desespera por ellas. Aprecio la posibilidad de seguir jugando básquet cinco días a la semana... Y ya casi estoy curado del tobillo. En 15 días de descanso aumenté tres kilos.

domingo 24 de mayo de 2009

WILLIAM STYRON: LA DEPRESIÓN


MAS ALLA DEL INFIERNO
por Christopher Lehman-Haupt

William Styron, el novelista del sur de Estados Unidos cuyas exploraciones de difíciles preguntas históricas y morales le ganaron un lugar prominente entre las principales figuras literarias posteriores a la Segunda Guerra Mundial, falleció el jueves en Martha's Vineyard, Massachussets, donde tenía su hogar. Tenía 81 años. Su hija, Alexandra Styron, dijo que la causa de la muerte fue una pulmonía, aunada a que durante muchos años había estado enfermo de otros males.
Las obras de juventud de Styron, entre las que se encuentra Tendidos en la oscuridad, le ganaron amplio reconocimiento como un notable autor del sur estadounidense y como heredero de William Faulkner. Con sus novelas subsecuentes, como Las confesiones de Nat Turner y La decisión de Sophie, Styron pudo trascender el mundo que lo rodeaba para moverse a través de numerosas fronteras históricas y culturales.
Críticos y lectores por igual lo alinearon entre lo mejor de la generación que seguía a la de Hemingway y Faulkner. Entre sus contemporáneos se puede encontrar a James Jones, Gore Vidal y Norman Mailer.
“Pienso que, durante años, su trabajo será reconocido por su energía única”, dijo Norman Mailer acerca de Styron en una entrevista telefónica hace algunos años. “Ningún otro escritor estadounidense de mi generación ha tenido un sentido de la elegía tan omnipresente y exquisito”.
Para Styron, el éxito llegó temprano. Tenía sólo 26 años cuando, en 1951, fue publicada Tendidos en la oscuridad, su primera novela. Ésta es una pujante meditación lírica acerca del suicidio de una joven muchacha sureña, narrada desde el punto de vista de los miembros de su familia y sus amigos durante el funeral. En la novela el lenguaje desempeña un papel tan importante como la caracterización, y la deuda que tiene hacia la obra de Faulkner, en general, y en particular hacia El sonido y la furia, es obvia. Muchos críticos elogiaron la novela por su energía y devenir melódico —aunque algunos se quejaron de su morbosidad y de la carente estatura moral de sus personajes— y el libro estableció a Styron como un escritor al que merecía la pena tener en mente.
Aunque estaba exaltado por la respuesta a su novela, Styron se resistió a ser catalogado como el heredero de Faulkner. “No me considero a mí mismo como un escritor sureño, sea lo que sea lo que ello signifique”, dijo a The Paris Review en la primavera de 1953, en una de las primeras y muy famosas entrevistas de “Escritores trabajando” que realizara la publicación. “Solo ciertas cosas en el libro son particularmente sureñas”. La muchacha, Peyton, por ejemplo, “no tenía que haber sido de Virginia”, dijo Styron. “Ella habría terminado por saltar de una ventana sin importar dónde hubiera nacido”.
Además, habría podido agregar, él había sido criado en Newport News, Virginia, una ciudad del llamado Nuevo Sur, cuya industria principal era el astillero en donde el padre de Styron trabajaba. Y esa era la región de la que William deseó siempre huir, pero cuya rica historia añoraba recrear desde la lejanía.
Al norte y a Europa
Así que después de mudarse al norte de Estados Unidos y escribir Tendidos en la oscuridad, dentro, y en los alrededores de Nueva York, Styron viajó a París en 1952 y allí escribió una novela corta basada en sus experiencias con los infantes de marina. Publicada en 1953 en el primer número de la revista Discovery, bajo el título de Larga marcha, apareció posteriormente como libro, publicado por Vintage en 1955, intitulado La larga marcha.
Después de vivir un año en Italia, en 1954 se trasladó a Roxbury, Connecticut, para dedicarse a terminar su segunda novela, Esta casa en llamas. La novela, en cuestión de técnica, muestra progresos con respecto a Tendidos en la oscuridad, además de ser más rica en cuanto a trama y, como está llena de lo que en aquel entonces era el furor europeo del existencialismo, es notablemente no-sureña.
Esta casa en llamas se vendió bien. Pero seguía siendo un retrato algo melodramático de un grupo de americanos en Italia, y mientras que fue admirada en Francia, obtuvo críticas negativas en gran parte de los Estados Unidos.
En 1960, Styron volvió a casa, metafóricamente y en su imaginación, emprendiendo un proyecto que había contemplado desde su juventud: el recuento ficticio de una violenta rebelión de esclavos que condujo Nat Turner en 1831 y que aconteció no muy lejos de donde Styron había nacido.
El momento de aparición de la novela no pudo ser mejor; fue en 1967 en la cresta del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Styron se había preparado para escribir el libro sumergiéndose en la literatura existente acerca de la esclavitud.
La reacción a Las confesiones de Nat Turner fue entusiasta en un principio. Los críticos fueron condescendientes con el derecho de Styron a habitar la mente de su sujeto novelado: a hablar con la voz de Nat Turner y a tejer un mundo alrededor de los pocos datos conocidos sobre la sublevación. George Steiner, en The New Yorker, llamó al libro “una ficción sobre la compleja relación entre el hombre blanco actual, de raíces sureñas profundas, y el hombre negro, envuelto en el torbellino del presente”.
El libro se vendió bien en el mundo entero. Con él, Styron ganó el premio Pulitzer en 1968 y, en 1970, la medalla William Dean Howells de la Academia Americana de Artes y de Letras. Pero, mientras crecía el descontento social de 1968, surgió una reacción negativa con respecto a la novela. Los lectores negros influyentes comenzaron a cuestionar si la narración tenía algún mérito y Hollywood, como reacción al descontento, decidió en contra de la realización de una versión cinematográfica. En agosto del mismo año, algunas de las críticas más fuertes fueron publicadas en el libro Nat Turner de William Styron: Diez escritores negros responden, el volumen fue editado por el reconocido estudioso de historia africana John Henrik Clarke.
Styron fue acusado de malentender la lengua, la religión y la psicología de la comunidad negra, y de producir una “apropiación blanqueada de nuestra historia”. En medio del furioso debate que se desató, varios admiradores de Nat Turner abjuraron de la novela, y se planteó la pregunta de si acaso la gente blanca podría incluso entender la historia negra —una posición que a más de uno le parecía racista por sí sola.
Amargado, Styron se retiró del debate y comenzó a dedicarse a su proyecto siguiente, La decisión de Sophie, una novela sobre una mujer polaca católica, completamente ficticia, llamada Sophie Zawistowska, que lucha por sobrevivir a las consecuencias de haber sido internada en Auschwitz durante la guerra.
Investigación meticulosa
Una vez más, Styron comenzó por leer extensivamente, comenzando con el recuento de Olga Lengyel del tiempo que internaron a su familia en Auschwitz, titulado Cinco chimeneas, cuyo recuerdo de lectura lo había perseguido por décadas. La lectura de Eichmann en Jerusalén de Hannah Arendt le sugirió el desarrollo central de la trama. Después de leer las memorias de Rudolf Höss, el comandante real a cargo de Auschwitz, Styron lo convirtió en un personaje central de la novela.
Trabajando lenta y deliberadamente, Styron desarrolló una compleja voz narrativa en la novela, una que era mucho más sureña y trivial que cualquiera que hubiera utilizado antes. Esta voz se extendió tanto que Styron pudo, al mismo tiempo y de una buena vez, acallar a los críticos de Nat Turner y documentar su extensa lectura de la literatura sobre el Holocausto, al tiempo que se distanciaba, irónico, de una versión joven e inmadura de sí mismo, a través de un personaje central que, en la novela, mezcla de alguna manera su revelación de la tragedia de Sophie con la comicidad de su propia iniciación sexual.
De nuevo, Styron alcanzó el éxito comercial y ganó varios premios. La decisión de Sophie alcanzó la punta de la lista del best-sellers del New York Times, ganó el American Book Award de 1980 y fue convertida en una exitosa película, estelarizada por Meryl Streep y Kevin Kline, y en una ópera del compositor inglés Nicholas Maw. Y, una vez más, un proyecto de Styron provocó controversia.
En un principio, las críticas estaban divididas. Algunos críticos encontraban preocupante la complejidad de la trama. Pero, con el tiempo, los críticos se centraron en dos objeciones particulares. Una era que el Holocausto sobrepasaba de tal modo la comprensión moral que simplemente no se podía escribir acerca de ello; la única respuesta apropiada era el silencio. La otra era que, aun cuando los no judíos también habían sido víctimas de los campos de exterminio Nazi, el que Styron escribiera acerca de uno de ellos, un católico polaco, era equivalente a menospreciar el verdadero horror del acontecimiento, cuyo propósito primario, precisaban aquellos críticos, había sido la eliminación de todos los judíos europeos.
Styron se mantuvo inamovible. A la crítica de que el Holocausto estaba más allá del arte, le dijo a un entrevistador que por más malos que hubieran sido los Nazis, no eran ni demonios ni extraterrestres, sino hombres ordinarios que cometieron actos bárbaros monumentales. Al comentario de que estaba mal escribir sobre un no judío en los campos de concentración, su respuesta, en una columna de opinión de Times, fue que el Holocausto había trascendido el anti-semitismo; “su última depravación está en el hecho de que fue anti-humana”, escribió. “Anti-vida”.
William Clark Styron Jr. nació el 11 de junio de 1925, en Newport News, hijo único de William Clark Styron —ingeniero de astillero con raíces tan profundas en el viejo sur que su madre había poseído dos esclavos—, y Pauline Margaret Abraham Styron, cuyos antepasados eran de Pennsylvania.
La niñez de William Styron fue cercana a lo idílico. Mimado por su familia, fue un lector precoz fascinado con las palabras, hacía amigos fácilmente y exploraba felizmente la costa y los alrededores de Newport News. En 1940, su padre lo envió a Christchurch, una pequeña escuela preparatoria episcopal en West Point, Virginia, donde pasó dos años antes de ir a la universidad. Se graduó en 1942.
La Segunda Guerra Mundial le dio forma a su carrera de universitario. Se alistó en el entrenamiento de la reserva de oficiales de los infantes de marina; comenzó el entrenamiento en la Universidad de Davidson, una escuela cristiana conservadora. Pero estaba descontento con los rígidos estándares religiosos y académicos de la escuela, por lo que la marina lo transfirió a la Universidad de Duke en junio de 1943.
Ingresó al servicio activo en octubre de 1944 y, después de casi un año de duro entrenamiento, lo comisionaron como segundo teniente en julio de 1945, siendo designado para participar en la invasión de Japón. Tan solo un mes más tarde la bomba atómica obligaba a los japoneses a rendirse, y en diciembre la marina dio de baja a un Styron aliviado y a la vez frustrado por no haber participado en combate.
Durante el siguiente otoño volvió a Duke, donde renovó su amistad con William Blackburn, quien se había convertido en su mentor literario. Después de graduarse en la primavera de 1947, se desencantó de la crítica académica y tomó la determinación de ser novelista.
Se trasladó a Nueva York. “Simplemente encontré, aquí, una vida intelectual más agradable”, le dijo a un entrevistador años más tarde. Después de terminar Tendidos en la oscuridad ingresó por segunda vez, en el verano de 1951, a los infantes de marina, esta vez por tres meses. Lo dejó cuando la novela ganó el Prix de Roma y un año, con todos los gastos pagados en la academia americana en Roma, que comenzaba en octubre de 1952. Styron pasó el verano precedente en París.
Este interludio lo implicó en la fundación de The Paris Review; también hizo amigos de por vida entre los escritores expatriados allí, entre ellos Peter Matthiessen, George Plimpton e Irwin Shaw; y se dio el tiempo de escribir La larga marcha. El año en Italia lo proveyó del material para escribir Esta casa en llamas, y fue en Roma, en la academia americana, que se reencontró con Rose Burgunder después de haber sido presentados el otoño anterior en Baltimore, la ciudad natal de ella.
Se casaron en Roma en mayo de 1953. Ella le sobrevive, al igual que Alexandra Styron, de Brooklyn, y otros dos hijos: Susanna Styron de Nyack, de Nueva York, y un hijo, Thomas, de New Haven. También deja atrás a ocho nietos.
Cuando los Styron se asentaron en su granja de Connecticut y comenzaron una familia, su vida se convirtió en el ideal de cualquier aspirante a escritor: productiva pero relajada, sociable pero protegida. En el marco de la puerta de su taller, Styron clavó con tachuelas un pedazo de cartulina con esta cita de Flaubert: “Sé regular y ordenado en tu vida, como un buen burgués, de modo que puedas ser violento y original en tu trabajo”.
Un régimen inusual
Este precepto parecía funcionarle, aunque estaba apegado a una rutina poco convencional: dormía hasta el mediodía; luego leía y meditaba en la cama durante una hora; almorzaba con Rose a eso de la 1:30; se ocupaba de las diligencias y del correo, escuchaba música, soñaba despierto y gradualmente se asentaba para comenzar a trabajar a eso de las 4. Entonces iba hasta el taller a escribir durante cuatro horas, perfeccionando cada párrafo hasta que completaba 200 o 300 palabras; cenaba y tomaba cócteles con la familia y los amigos a las 8 o 9; luego estaba despierto hasta las 2 o 3 de la mañana, bebiendo, leyendo, fumando y escuchando música.
Con la ayuda de Rose para cuidar la casa y hacerla funcionar, organizar su vida social y ocuparse de los niños, Styron pudo seguir esta rutina durante 30 años. Trabajaba lentamente en sus novelas al tiempo que redactaba cuentos, novelas cortas, un guión de película y una obra de teatro acerca de un susto que se llevó en sus tiempos de guerra con una enfermedad venérea; al igual que ensayos, reseñas, críticas y otros textos ocasionales, de los cuales los mejores fueron recopilados en Este polvo silencioso y otros textos (1982).
Su vida parecía ampliarse también fuera de su taller. En 1966 compró una casa en el muelle de Martha's Vineyard, en donde la familia vacacionaba con regularidad y donde él comenzó a vivir cada año de mayo a octubre. Su círculo de amigos creció con los años, y llegó a incluir a Lillian Hellman, Art Buchwald, Philip Roth, James Jones, James Baldwin, E.L. Doctorow, Candice Bergen, Carly Simon, John F. y Jacqueline Kennedy, Bill y Hillary Clinton, Mike Wallace e incluso Norman Mailer, con quien se había enfrentado ferozmente cuando acababan de conocerse.
Styron viajaba con frecuencia, especialmente a Francia, donde continuaba siendo admirado. Con todo, si el aura de su vida era dorada, también tenía su parte de sombras oscuras. Cuando sólo tenía 13 años, sufrió el trauma de la muerte de su madre, a quien, quizás debido al lugar y tiempo en el que vivió, nunca le fue permitido guardarle luto correctamente. Una predisposición a la depresión es evidente en la historia emocional de su familia. Por cualesquiera razones, el suicidio es un tema recurrente en su ficción. Styron siempre admitió que bebía mucho, para alejar esos fantasmas.
En el verano de 1985, cuando cumplió 60 años, Styron se encontró repentinamente con que ya no podía seguir bebiendo. Sin embargo, el dejar de beber le provocó severos desajustes en su forma de ser y tuvo que ser medicado. Estos medicamentos le produjeron destructivos efectos secundarios, y lo arrastraron hacia una depresión suicida, profunda y prolongada, de la que no se recuperó hasta que lo hospitalizaron desde principios de diciembre de 1985 y hasta febrero de 1986.
Styron se recuperó y escribió un muy doloroso recuento de su experiencia, que comenzó como conferencia y se convirtió el best-seller: Esa visible oscuridad (1990). Tres años más tarde recopiló tres historias publicadas previamente en la revista Esquire en un volumen titulado Una mañana de Tidewater: Tres relatos de juventud (1993). Cada uno trata sobre la confrontación de la mortalidad, y la historia que da título al libro se ocupa de la muerte de su madre.
La depresión continuó acechándolo, y por ello fue hospitalizado varias veces más. En Esa visible oscuridad concluyó, haciendo referencia a Dante: “Para los que han morado en la selva oscura de la depresión y conocido su indescriptible agonía, su retorno del abismo no es diferente al ascenso del poeta, subiendo penosamente más y más arriba hasta salir de las negras profundidades del infierno y emerger por fin a lo que él percibió como ‘el claro mundo'. Allí todo el que ha recobrado la salud ha recobrado casi siempre el don de la serenidad y la alegría, y esto quizá sea reparación suficiente por haber soportado la desesperación más allá de la desesperación”.
Lehmann-Haupt . Crítico literario de The New York Times. Autor de A Crooked Man y Me and Dimaggio .
© The New York Times , 2 de noviembre de 2006.
Traducción: Omegar Martínez.
***
La venganza del Halción
por WILLIAM STYRON
En la primavera de 1991 me invitaron a dar el discurso de apertura en un simposio que se celebraría en Washington D.C. con el propósito de analizar la depresión y los modos de enfrentar esa enfermedad. Me dijeron que la reunión estaría compuesta de lo que en términos muy amplios podían llamarse semiprofesionales, es decir, personas que aunque no fueran psiquiatras ni terapistas, tenían interés en conocer mejor la enfermedad depresiva; también habría trabajadores sociales y comunitarios, administradores de hospitales, funcionarios de salud pública y de la policía, paramédicos y afines. A consecuencia de mi libro Esa visible oscuridad, en el que describo mi fructífera lucha contra una grave depresión clínica, recibí muchas invitaciones de ese estilo y acepté unas cuantas (tal vez más de las debidas) en una especie de apremio misionero. Muchos de los que finalmente vencen los abominables demonios de la melancolía tienen el impulso caritativo de decirles a otros afligidos por algo similar que no depongan la esperanza, que pueden recobrarse. Los apoyos de este tipo tienen una importancia crucial para alguien derrumbado por la depresión. Como innumerables personas creen que no pueden hacerla y juegan seriamente con la idea del suicidio, la víctima que se recupera es un testimonio vivo del deslumbrante hecho de que muchos de los dolientes, a pesar de la prueba casi insoportable por la que pasan, llegan con seguridad a recuperarse. La presencia misma del sobreviviente y sus palabras de aliento pueden ser salvadoras.
Este mensaje de esperanza era un punto central de mi librito; su carácter invicto —sin ser falsamente optimista, sino arraigado en la simple realidad de que se dispone de tratamiento y de que éste suele ser eficaz— sería el fundamento del discurso de apertura que se me había pedido. Pero empecé a cavilar sobre el asunto; y aunque no dejé de sentir que la nota de ánimo era importante y decidí iniciar en ese tono, me pareció que podía ser un momento oportuno para lanzar una advertencia. Y la advertencia tenía que ser de especial importancia para los que participaban en el simposio, a quienes sentí que había que poner en guardia sobre algo que, tengo la sensación, se descuida o deliberadamente se deja de lado en muchos de los foros sobre el tratamiento de la depresión, y es el uso indebido de medicinas, sobre todo de los tranquilizantes. No hay que confundir tranquilizantes y antidepresivos, aunque los tranquilizantes muchas veces se recetan para sedar a personas con depresión. Yo quería destacar que mi propia y sombría experiencia me convenció de que casi todos los tranquilizantes menores que se suelen recetar (conocidos también como benzodiazepinas) son sospechosos incluso para personas sanas. Los que sufren de depresión deberían evitarlos como si fueran cianuro. El más monstruoso de los tranquilizantes es sin duda alguna uno diminuto y ovalado, color gris verdoso, llamado triazolam, más conocido como Halción, el nombre de marca.
El Halción se ha convertido en una especie de famosa bufonada nacional, en parte pesadilla y en parte chiste. Hay personas que no han oído hablar del Listerine y conocen el nombre de Halción. ¿No fue el Halción el somnífero que tomó Bush cuando vomitó en el regazo del Primer Ministro japonés? Las caricaturas de televisión lo han convertido en un deporte. Pero el Halción no es una píldora muy divertida que digamos, como descubrí por experiencia propia. Tomé este tranquilizante como remedio para el insomnio que con tanta frecuencia acompaña a la depresión. Aunque la depresión que describo en mi libro no fue provocada directamente por el Halción, y eso fue lo que dije en sustancia, llegué a convencerme de que la píldora aumentó una enormidad mi trastorno, intensificó mis impulsos suicidas y por último me obligó a hospitalizarme. Entonces yo no caí en la cuenta de esa causa y efecto, porque cuando me enfermé en 1985 aún no se relacionaba al Halción con el origen de ese horrendo mal y yo tampoco hice las conexiones.
Pero cinco años después, cuando escribía Esa terrible oscuridad, retrospectivamente percibí la conexión, con ayuda de la cantidad de informaciones que de un día para otro salieron a la luz pública sobre los efectos malignos del Halción. Cuando se publicó el libro, me sorprendió la cantidad de correspondencia que recibí, pero nada me impresionó tanto como el gran número de lectores —calculo que entre un 15 y un 20%— que hablaban de los horrores, las fantasías homicidas, los casi suicidios y otras convulsiones psíquicas inducidas por el Halción. Todo esto me concedió una perspectiva poco frecuente de todos los aspectos de la enfermedad depresiva, incluido el efecto (o no efecto) de la medicación. Se mencionaban otras píldoras, sobre todo el Prozac, un antidepresivo que por lo visto beneficia a muchos. Los testimonios espontáneos a favor de esa medicación me convencieron de que, si el grueso archivo de correspondencia que poseo es un corte transversal revelador, el medicamento que ha hecho la bonanza de los laboratorios Eli Lilly no se puede descartar a la ligera. Pero el Prozac, que no es una medicina milagrosa para todo, consiste simplemente en el perfeccionamiento de una antigua fórmula. Lo inquietante es que un número significativo de personas reaccionan muy mal al Prozac, sobre todo con impulsos suicidas (las cartas que recibí lo ilustran), y los esfuerzos concertados de Lilly se dirigen a minimizar esos siniestros efectos colaterales que incluso ahora siguen siendo indefendibles.
En una columna que se publicó hace unos meses en The Nation (“Beat the Devil”), Alexander Cockburn cuenta que los laboratorios Lilly, molestos por las pruebas de que su medicamento podía provocar reacciones tan nocivas (aunque ya eran objeto de un proceso legal de 150 millones de dólares basado en esta acusación), y más molestos aún por los ataques que la Iglesia de la Cienciología había lanzado a su producto, dieron la vuelta al asunto y consiguieron que la prensa emprendiera una campaña que acabó en furiosas y extravagantes embestidas contra esa iglesia en The Wall Street Journal y en Time, que le dedicó un artículo anunciado en la portada. Hubo otras conexiones astutamente orquestadas, pero todo se trató del viejo asunto de una corporación avasalladora y que hace una exitosa campaña de silenciamiento mientras el comité asesor de la Food and Drug Administration que se organizó para estudiar el Prozac —cinco de cuyos ocho miembros, según Cockburn, estaban financiados por Lilly— dictaminó que la medicación era correcta.
Me temo que, a diferencia de Cockburn, el aprecio que le tengo a la Iglesia de la Cienciología es todavía inferior al que le tengo al Time. Los ataques indiscriminados de esa iglesia a prácticamente todas las medicinas psiquiátricas no es más que fanatismo medieval, y uno desearía que las opiniones adversas a Lilly estuvieran respaldadas por credenciales más solventes que las que derivan de la teología lunática de L. Ron Hubbard. Aunque es válido el intento de Cockburn por incriminar a Lilly y sus lastimosos excesos, nunca aborda la naturaleza del Prozac, que para muchas personas es un antidepresivo muy eficaz. No es un medicamento maravilloso, pero de ningún modo carece de valor y, como digo, mi correspondencia ilustra este hecho. Lo erróneo por parte de Lilly no proviene tanto de su producto como de un mercachiflismo que no admite ninguna deficiencia.
Sin embargo, todas las personas que me escribieron no tenían sino historias atroces sobre el Halción, y en mi plática en Washington me pareció necesario centrarme en mis propias experiencias devastadoras con esta píldora, fabricada por The Upjohn Company. Hace muchos años hizo su aparición la frase “fabricantes éticos de medicamentos” por un deseo justificable de la industria por diferenciar a sus miembros de los productores de remedios de patente, de manifiesto cretinismo ético, que vendían de puerta en puerta Lydia Pinkham's Compound, aceite de serpiente, el Bálsamo de Amor del doctor Moog, cuentas de cristal mágicas, mosca española, Peruna y otras sospechosas panaceas. Pero hasta la ética más noble se desgasta, y es definitivo que varias corporaciones han acabado por ser menos éticas que otras, algunas hasta la canallada. Si existen los Tiffanys de este comercio —he oído a personas informadas sobre esos temas susurrar el nombre de los laboratorios Merck con veneración—, también existen los que se encuentran en lo más bajo, y entre ellos no cabe duda de que los laboratorios Upjohn son el “Crazy Eddie” de la industria. No hace mucho The Nation publicó un artículo sobre la lamentable oleada publicitaria de Upjohn para anunciar uno de sus productos, el potente ansiolítico Xanax —otro ganador de muchos millones de dólares y que, como todas las benzodiazepinas es potencialmente peligroso—, tratando de que cualquier precaución frente a este medicamento pareciera tan innecesaria como con el Gatorade (véase Cynthia Cotts, “The Pushers in the Suites”, 31 de agosto - 7 de septiembre). Está aún más cerca del aceite de serpiente la última campaña de Upjohn para el Rogaine líquido, un tratamiento para la calvicie sólo marginalmente eficaz cuyas propiedades, según Consumer Reports, la empresa trató de inflar, y que metió en un champú ineficaz llamado Progaine.
Pero más allá de esta ramplonería relativamente común, Upjohn se negó a enfrentar al Frankenstein que sus laboratorios Kalamazoo soltaron en forma de Halción. La conciencia pública de los peligros de la píldora se remonta a 1979, cuando un psiquiatra holandés, el doctor C. van der Kroef, preocupado por los síntomas psicóticos que reportaron muchos pacientes que tomaban Halción, llevó a cabo una investigación a fondo y prendió la alarma. En Holanda la píldora se prohibió categóricamente y de inmediato. Es vergonzoso, pero Upjohn conoce el grave riesgo que tiene su medicamento desde principios de los setenta, cuando los experimentos que realizó con un grupo de voluntarios presos en la cárcel estatal de Jackson en Michigan arrojaron resultados inquietantes. Los conejillos de indias humanos desarrollaron todo tipo de reacciones aberrantes —pérdida de la memoria, sensaciones paranoicas— que no concordaban con el producto hipnótico, seguro y de fácil tolerancia, que pregonaban los fabricantes del Halción.
Hace como un año, en el programa 60 Minutes y en un documental de la BBC (en el que tuve un papel de camafeo como víctima lesionada pero recuperada), pruebas que sólo se pueden calificar de repugnantes revelaban que Upjohn tenía pleno conocimiento de la naturaleza nociva de su producto, pero de todos modos lo lanzó al mercado. Después de eso, las ventas de Halción, que fueron una veta de ganancias durante años, bajaron gracias a la publicidad adversa que recibió; se relacionó a la píldora con numerosos suicidios y actos de violencia, incluidos varios asesinatos, el más reciente en Dallas County, Texas, y que tuvo por resultado que un jurado decidiera que el medicamento había causado en parte el asesinato.
Halción está prohibido en Inglaterra y en otros cuatro países. A pesar de eso, de su apabullante historial, y del hecho obvio de que otros tranquilizantes de fácil obtención no producen esos calamitosos efectos colaterales, la primavera pasada el Halción fue aprobado una vez más por la Food and Drug Administration, tan indolente que sólo insistió en que Upjohn reforzara su advertencia en cuanto a la dosis. En rigor, era necesario indicar que la mayoría de las veces las reacciones perniciosas se producen con una sobredosis accidental —la mayoría de las veces una sobredosis ínfima, equivalente a una fracción de miligramo. Aun así, la dosis normalmente recetada desata con frecuencia comportamientos desastrosos. De todos modos, al ver la desenfadada decisión de la FDA uno se pregunta cuánto tiempo seguiría la aspirina en el mercado si una pequeña sobredosis de una más de las dos tabletas que por lo general se recomiendan provocara el resbalón de algunas personas hacia la paranoia y la violencia.
Al comienzo de su nueva novela, Operación Shylock, que leí en manuscrito y que se publicará este año, Philip Roth hace una espléndida y desgarradora descripción de la locura inducida por el Halción basada en su propia experiencia en 1988, cuando inocentemente tomó la píldora para dormir después de una cirugía menor en la rodilla. “Pasaba todo el tiempo pensando en matarme. Por lo general, pensaba en ahogarme: en el pequeño estanque que estaba enfrente de la casa... si no me produjeran tanto horror las serpientes de agua que después mordisquearían mi cadáver; en el pintoresco gran lago a sólo unas cuantas millas... si no me aterrorizara tanto la idea de manejar solo hasta allí. Cuando aquel mayo fuimos a Nueva York... abrí la ventana de la habitación del hotel que ocupábamos en el catorceavo piso... y asomándome lo más que pude al patio interior mientras me agarraba firmemente del alféizar, me dije, ‘Hazlo. Ahora no hay serpientes que te detengan'”.
Cuando uno deja de tomar Halción los síntomas invariablemente desaparecen, y por supuesto que Roth sobrevivió, lo mismo que yo. Pero esa prueba extrema raya en lo indescriptible por su angustia casi sin atenuantes. Lo mismo que Roth, yo pensé en ahogarme. Y como el de Roth, mi calvario comenzó con un problema quirúrgico: una vieja lesión en el cuello desde el tiempo en que fui marine en la guerra de Corea provocó una compresión del nervio que resultó en la pérdida de mucha fuerza en el brazo derecho. Era necesaria una operación en Boston, pero se retrasó y en las dos semanas de espera tuve tiempo para cavilar y para que la angustia me arrasara. La angustia comenzó a quitarme el sueño y para vencer la falta de sueño empecé a tomar Halción, sin la serenidad aún para percatarme de la cercana relación de esa píldora con la crisis nerviosa que padecí cuatro años antes y que describo en Esa visible oscuridad. Había ido a California para impartir un curso en Claremont College. Allí, en aquel paisaje bañado por el sol, me invadieron por completo pensamientos suicidas que eran como una forma de lujuria. Me las arreglé para cumplir con mis deberes de enseñanza, pero mi mente no se libró jamás de un dolor exquisito, un dolor que sólo tenía una salida: la autoextinción. Una noche, en una visita a la casa de mi hija en Santa Mónica, me quedé horas despierto pensando únicamente en salir y meterme en el océano hasta que las olas me cubrieran. En Claremont hacía planes constantes para lograr que mi mujer se fuera, esconderme en un armario y poner fin a todo con una bolsa de plástico.
Me aferré a mi cordura el tiempo suficiente para volar de regreso a Boston y operarme. Aunque la cirugía fue un éxito, en la convalescencia persistió la violenta depresión. Pensé muchas veces en la posibilidad de escabullirme del hospital y saltar al Charles River del puente que veía desde la ventana. Entonces, de repente, ocurrió algo muy curioso. Yo estaba en consulta con un psiquiatra de planta en el hospital y él me preguntó sobre mis hábitos de sueño. Le dije que dormía muy mal pero que el sueño que conseguía era cortesía de Halción. La mirada del doctor, un hombre por lo visto bien enterado de las últimas alarmas farmacéutica, se afiló y sólo tardó unos instantes en decirme que de inmediato me iba a cambiar de medicación. Uno o días después, mientras me afeitaba ante el espejo, me di cuenta de que esa extraña figura alrededor de mis labios era una sonrisa. Así comenzó mi aprendizaje del funesto remedio de Upjohn y mi recuperación vacilante y cruzada de obsesiones, pero definitiva a fin de cuentas.
Esta es la historia que conté al público del auditorio en Washington, no el sermón animoso que tal vez se esperaba de mí, sino un cuento de advertencia que yo sentí necesario contar. Pero retrocedo un momento. Apenas unos días antes de mi plática, el encargado de que yo asistiera a la conferencia me llamó para darme algunas noticias alentadoras aunque para nada sorprendentes. Me dijo que los honorarios de mi conferencia los pagaba Eli Lilly and Company, fabricante del Prozac y que financiaba el simposio. ¿Tenía yo alguna objeción a este vínculo con un laboratorio farmacéutico? No, en realidad ninguna, dije, aunque eso dependía de la empresa; yo no aceptaría ni un centavo de Upjohn. Es frecuente que las empresas médicas financien conferencias psiquiátricas. No era una costumbre que me entusiasmara mucho, y quizá si yo fuera de la profesión me causaría incomodidad; pero como lego, sólo sentiría en entredicho mi dignidad si se hacía algún intento de censura o si se demoraba mucho mi entrada en materia. Le dije al encargado de la conferencia que pensaba hacer un fuerte ataque al Halción. El agente recobró el aliento y me dijo que estaba encantado de que Lilly no fuera el fabricante de ese medicamento. Es probable que de antemano se filtrara información sobre las animadversiones que yo haría expresas. Minutos antes de la conferencia me abordó un caballero que se identificó como el director en funciones del Instituto Nacional de Salud Mental. Aunque bastante amigable, parecía algo desconcertado y nervioso. Después de mi charla, que fue en el salón de baile de un hotel, hubo una conferencia de prensa que anunciaron como “Conferencia con William Styron”. En la conferencia, en la que había un micrófono y un estrado, hice frente a veinticinco o treinta periodistas, muchos de ellos reporteros de publicaciones médicas y científicas. Cuando me dirigía al estrado, parecían estar atentos y con ánimo generoso, y tuve la sensación de que habían reaccionado con bastante interés a mi charla. Percibí que el director en funciones rondaba por allí. La primera pregunta fue: “Señor Styron, es impresionante lo que contó usted sobre el Halción. ¿Pero qué opina del Prozac?”. Respondí que tenía sentimientos muy encontrados sobre el Prozac. Aunque yo nunca lo había tomado, tenía pruebas contradictorias: era bastante benéfico para muchas personas, mientras que para otras no tenía ningún efecto. En una minoría significativa producía reacciones siniestras, sobre todo fantasías de suicidio. El gran número de cartas que había recibido, continué... Pero no pude seguir. Cortésmente, el director en funciones del Instituto Nacional de Salud Mental me fue apartando del micrófono. Todo medicamento tiene efectos colaterales impredecibles, dijo, en un tono de “yo-sí-sé-lo-que-digo”, pero se ha llegado a la clara conclusión de que el Prozac prácticamente no produce las graves reacciones que infestaron los antidepresivos en el pasado. Los terapistas y médicos nunca habían dispuesto de un tratamiento más seguro y más confiable para la depresión, era un descubrimiento extraordinario en psicofarmacología. ¿Más preguntas?
En efecto, había otras cuantas preguntas, pero no dirigidas a mí —ni se podía— porque, hasta donde me enteré, se apropiaron del micrófono sin dubitaciones y en exclusiva. A medida que pasaban los minutos me fui trasladando furtiva y tristemente a un lado del estrado. La reunión se convirtió en una conferencia con el director en funciones del Instituto Nacional de Salud Mental. Ya no se habló más del Halción y sí mucho del Prozac, sobre todo por parte del director en funciones, y todo consistió en alabanzas y encomios. Después de quince minutos, bruscamente, el director en funciones declaró clausurada la reunión. Cuando caminaba hacia la salida, me sentí tan ridículo y desconcertado que apenas oí la voz oportuna y simpática de uno de los periodistas, que me decía con acento sureño: “Oye socio, el gobierno te calló la boca, ¿uh?”.

jueves 21 de mayo de 2009

FINALISTAS DE ESPAÑA, BRASIL, JAPON, MEXICO, COLOMBIA, ETC, CRUCEN LOS DEDOS


PREMIO DE NOVELA CIUDAD DE BARBASTRO

Los jurados del XL Premio de Novela Corta 'Ciudad de Barbastro' y del XLI Premio de Poesía 'Hermanos Argensola' ya han seleccionado las obras finalistas, diez en el caso de las novelas y 19 de los poemarios.

BARBASTRO (HUESCA), 27 (EUROPA PRESS)
Los jurados del XL Premio de Novela Corta 'Ciudad de Barbastro' y del XLI Premio de Poesía 'Hermanos Argensola' ya han seleccionado las obras finalistas, diez en el caso de las novelas y 19 de los poemarios. El fallo del jurado, que será inapelable, se conocerá en el transcurso de la cena literaria que se celebrará el viernes, 22 de mayo, coincidiendo con la Semana de las Letras organizada desde la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Barbastro (Huesca). Los premios literarios cuentan con el patrocinio de Caja Inmaculada.
Las obras finalistas del Premio de Novela Corta 'Ciudad de Barbastro' son 'El crimen de Avelino Mera'; 'La inercia'; 'Toni y su prostíbulo interestelar'; 'Tal vez la lluvia'; 'Abrazar un zapato vacío'; 'Cuenta, cuenta...'; 'Checoslovaquia'; 'El hombre que se fue a comprar un paquete de tabaco'; 'Agua clara en el alto Amazonas' y 'El ladrón de morfina', informó el Ayuntamiento de Barbastro en un comunicado. Hay finalistas de España, Colombia, México, Japón, Estados Unidos, Costa Rica, Brasil y España.
Las seleccionadas por el jurado del Premio de Poesía 'Hermanos Argensola' son 'Sintaxis asfalto'; 'Fábulas del agua'; 'Perdida la batalla'; 'Manzanas y amuletos'; 'El software de la inmortalidad'; 'Para explicarte la nieve' y 'Bromuro de plata'. También, 'Arar'; 'Fugacidad de los paisajes'; 'Apuntes para un futuro manifiesto'; 'Cazas sutiles'; 'Márgenes de error'; 'Madrid, línea circular'; 'Un huésped panorámico'; 'Espinas'; 'Ánima de cañón'; 'Libro del miedoo'; 'Peligro de extinción' y 'Ese instante que pasa'.
En esta edición de 2009, se han presentado 133 novelas y 234 poemarios, unas cifras superiores a las de la pasada edición. El Premio de Novela Corta 'Ciudad de Barbastro' está dotado con 15.000 euros y la publicación del libro en la editorial DVD, mientras que el Premio de Poesía 'Hermanos Argensola' cuenta con un premio de 6.000 euros, así como su publicación.

MENSAJES DE "ADMIRADORES"


ANTOLOGÍA DE ANONIMOS DIRIGIDOS A MODESTO GARRAMUÑO

Anónimo 1, dirigido a un escritor colombiano recomendándole leer mis blogocurreencias...

Lee las estupideces que escribe el loco de MT Aguilera. Está totalmente enfermo de sus entendederas. pobre hombre.

Anónimo 2, enviado con el seudónimo "Rómulo Ramos" y firmado con las iniciales "R.E."

Don Garramuño, accidentalmente caí en su blog al cual le eché una miradita por mera curiosidad, aunque ya sabía de usted, después de leerle su marcado narcisismo vos me parecéis sumamente patético, verá, un tanto dramático, un payaso sobreactuado, me provoca cierta curiosidad saber qué choques emocionales tuvo que haber digerido durante su vidorria para que pretenda, con tanta vehemencia, llamar la atención de quienes lo conocen o creen conocerle. Sería interesante conocer qué opina su mujer de usted, (a quien desde ahora compadezco) sobre su vomitiva persona. Vos no sos un varón, vos sos un macho que utiliza a las hembras para su placer propio, se ve que se regocija haciendo quedar a su mujer como una auténtica estúpida.
Sería bueno que después de que se restablezca de su fractura se atendiera del trauma emocional que le ha producido ese daño duradero al subconsciente. Se dice que en su época adolescente abusó de una jovencita donde usted trabajaba. Atienda sus traumas y tenga un poco de dignidad y dé dignidad a los suyos. Como dicen en México, déjese de mamadas que vos sos un anciano.
R.E.

"Un amigo" escribe, dirigiéndose a EAG, escritor colombiano residente en París

Tenga mucho cuidado con el tal Aguilera, no da un paso sin huarache. Además, no solo está mal de su cabeza, es sumamente mentiroso y es insoportable, también, le aseguro, su único fin es sacar ventaja de donde puede. Después no diga que no se lo advertimos,

Hay otros anónimos, varios de Monterrey, que iré agregando medida que los reencuentre. Una de mis disciplinas favoritas es la de coleccionista de enemigos. Si quiere usted anotarse en la lista, prometo adjuntar sus opiniones. No se mida, amigo, sus ataques me alimentan más que los elogios.

Van nuevos elogios de mis admiradores...Un bloguero de de no sé qué país reprodujo un cuento mío y un lector escribió que yo era uno de los mejores escritores del mundo. Eso bastó para que se desencadenara un alud de insultos, entre los que me perito antologar los siguientes. El que leerá a continuación está firmado por Pedro Soler:

Seguro que el tal Miguel (el que escribió la justísima valoración de mi cuento) es el mismo Marco Tulio Aguilera porque de “mejor escritor del mundo” no tiene nada. Además es un loco. Lo invitamos a Monterrey hace algún tiempo y a nadie le quedaron ganas de volver a hacerlo.

Otro “admirador” escribió:

Pedro Soler tiene toda la razón, Marco Tulio es así, se mete de anónimo o con otros nombres para hablar bien de él (sic y sick). Es un escritor bastante mediocre e insoportable como persona (es como un loquito). Nadie lo soporta. Y no nada más ya no lo quieren ver en Monterrey, en ningún lado (resic).

Y un tercer lector terció:

Es un asco ver al susodicho disque (ultrasic) escritor, el marco este, venir a tu blog y ponerse a pelear como verdulera. Es super mediocre, da hasta lástima. Este tipejo es un asco. Y lo digo de verdad. Esta contra el mundo siempre, y si lo conoces parece como tontito.

¡Ole, toreros! ¡Échenle, que esto divierte! La calidad del chorizo se mide por la cantidad de perros que le corren detrás.

miércoles 20 de mayo de 2009

EL AMOR Y LA MUERTE

FINALISTA EN CONCURSO DE NOVELA ALFAGUARA

La Voz Invitada
Juan Domingo Argüelles

El Universal, México.
Miércoles 05 de febrero de 2002
Sobre la novela El amor y la muerte (Alfaguara, Colombia)

El amor y la muerte, piensa el escritor colombiano-mexicano Marco Tulio Aguilera Garramuño (Bogotá, 1949), son los dos únicos misterios dignos de embeleso y espanto y, por ello mismo, merecedores de asediarlos en una obra literaria de altas ambiciones. Por ello, desde las primeras líneas de su novela que lleva por título, precisamente, El amor y la muerte (Bogotá, Alfaguara, 2002), y con la cual fue finalista en el Premio Internacional Alfaguara 2001 (en cerrada competencia con La piel del cielo de Elena Poniatowska), Ricardo, el relator principal de esta obra de muchas voces, balzacianamente afirma con plena convicción: "Sólo hay dos misterios grandes en la vida de los seres humanos: la muerte y el amor. El guardián de esos dos misterios es el tiempo, ese bromista que todo lo muda y lo transforma y que tras la máscara más bufa oculta la carroña y en los abismos acrisola la luz. Hacia el pasado se van desvaneciendo los recuerdos de las personas que se han ido, hasta transformarse en mito, en mentira piadosa o simple olvido. Los muertos son el polvo que pisamos y la sombra que nos dicta al oído lo que somos".

Novela, en efecto, de grandes ambiciones, de lograda profundidad y de plenitud en sus conflictos, El amor y la muerte es una de las obras mayores de la narrativa colombiana y uno de los mejores libros de Aguilera Garramuño, quien ya había abordado los aspectos decisivos de la existencia en muchos de sus relatos breves (Cuentos para después de hacer el amor , Los grandes y los pequeños amores ) y sobre todo en varias de sus novelas (Breve historia de todas las cosas , Mujeres amadas , El juego de las seducciones y Los placeres perdidos , entre otras).
Con esta obra, que relata la apasionante historia del amor y la muerte de Edith Viscontini, Aguilera Garramuño logra, a los 52 años, el reconocimiento unánime de la crítica y los lectores de su patria, al grado que Gustavo Álvarez Gardeazábal expresa que "debemos reconocerlo como un señor narrador de nuestras letras".
A través de una multiplicidad de voces familiares que confluyen en la novela que "investiga" y escribe Ricardo acerca de su madre, admiradora irredenta de Edith Piaf, el escritor colombiano no cuenta únicamente una historia sino que reflexiona sobre la trascendencia de nuestros actos. A lo largo de esta obra se despliega, como en las mejores páginas de la moderna narrativa colombiana (que nos remite, por fuerza, a García Márquez y Cepeda Samudio, por poner dos ejemplos), el relato de una dinastía, de una estirpe que, con su existencia, narra también una época. De alguna forma, la vida de Edith Viscontini es el pretexto para que el novelista aborde los temas fundamentales de los que se ha ocupado la mejor creación literaria en todos los tiempos: el amor y la muerte, sí, pero también, la soledad, el poder, el éxito, el fracaso y, en general, las pasiones de hombres y mujeres.
Cultivador del erotismo y frecuentador de los temas de la sexualidad, Aguilera Garramuño lleva a cabo en El amor y la muerte , una especie de homenaje a la libertad de acción de un personaje femenino que rompe con los preceptos de su época para adquirir, gozosamente, un estigma y una mitología. El primer epígrafe de la novela, y su repetición a lo largo de las páginas, en la insistente voz de Edith Piaf, es la definición mejor del balance que hace la protagonista al final de su existencia: "No me arrepiento de nada".
En la idea de que una buena novela no es la simple concatenación de los hechos autobiográficos, debemos saber que Ricardo, el narrador, no es Marco Tulio, ni Edith Viscontini, es su madre, sino la suma de todas las experiencias que han madurado en personajes singulares y en una obra deleitosa de profunda ficción real.
Tiene razón Álvarez Gardeazábal cuando enfatiza la calidad de esta novela de un autor que, durante muchos años, ha jugado a ser un "antipático lleno de energía" (la frase es del propio Aguilera Garramuño) pero cuya autodefinición nosotros corregiríamos así: Un placentero y vital escritor lleno de energía que, para llamar la atención, juega a ser antipático. Y que, invariablemente, lo consigue.
© 2009 Copyright El Universal-El Universal Online

martes 19 de mayo de 2009

UNA METIDA DE PATA

FOTOS DEL BASQUETBOLISTA SENIL-ADOLESCENTE ACCIDENTADO


Me resistía a visitar el traumatólogo pero finalmente cedí. Yeso y ocho días de incapacidad. Dejaré de ir a la Editorial pero cumpliré con los horarios de los dos talleres de novela y de mi clase en la Facultad de Teatro. No puedo faltar cuando apenas estoy iniciando. ¿Ganancias? Terminé la lectura de Lord Jim y terminaré la relectura de Cumbres borrascosas. No me divierte saber que debo estar una semana casi inmóvil, pero la sensatez me dice que a mi avanzada edad debo cuidar lo que me queda por jugar, brincar y dar lata. Sigo esperando el resultado del concurso de Novela en España. No me dieron el Premio al Decano de la Universidad Veracruzana, al cual había sido candidateado por la Editorial. Mi filosofía: todo lo que no consigo ahora lo conseguiré mañana... y si no lo consigo, no impolta, como dice mi nieta Mariann.



No estoy enojado ni triste. Soy discípulo aventajado de la Estoa.



domingo 17 de mayo de 2009

EL BLOG DE NARCISO


DIOS, ¿POR QUÉ ME HICISTE TAN PERFECTO?

He estado visitando blogs de escritores amigos y conocidos. Me he percatado que son pocos los que hablan de sí mismos, como si les diera pena o tuvieran algún pudor o temiesen la crítica de los no-narcisistas (¿cuál será el antónimo de narcisista? Propongo: castrado). Todos los seres humanos somos narcisistas. Solo que la mayor parte de los seres humanos son hipócritas. He notado también con poca inquietud que mi propio blog, este Descabezadero, casi no sale del tema MT. Supongo que eso le cae mal a algunas personas. Bueno. No supongo. Lo sé. Aquí y allá encuentro insultos, no sólo en los comentarios a mis artículos sino en los de otros escritores. Quien está seguro de sí mismo, se admira, se quiere, se promueve, camina azotando el suelo (no en puntas de pies). En general los hipócitas hacen alianzas de mediocres. Es posible que progresen en la escala del dinero o de la burocracia, pero no en la de la calidad moral o artística. ¡Fin! Me estoy poniendo sentencioso.
Por otra parte reconozco que el mundo no se reduce a mi mundo y que en muchos blogs encuentro noticias que me interesan y me atraen. Me parece que el mundo es más interesante que mi mundo. Pero, amigos, es que yo soy un narciso irredento. Me amo más a mí mismo que al mundo.
....
Y diez horas después...
Mi sobrina Natalia Aguilera, diseñadora gráfica, me escribe refiriéndose al tema de esta entrada: P.D: Que dediques tu blog a hablar de ti, es perfecto, ¿que acaso para eso no se han hecho?
-----Ahora voy a copiar un anónimo enviado, no sé por qué, al blog de Eduardo García Aguilar, periodista de France Press en París y escritor colombiano: Tenga mucho cuidado con el tal Aguilera, no da paso sin huarache. Además, no solo está mal de su cabeza, es sumamente mentiroso y es insoportable, también, le aseguro, su único fin es sacar ventaja de donde puede. ------Voy a agregar a este señor llamado "Anónimo", a la lista de mis enemigos o malquerientes, bastante nutrida por cierto. La simpática agresión me ha inspirado la idea de hacer una antología de insultos que espero publicar proximamente en este blog. En Monterrey particularmente han surgido varios promotores que se empeñan en desacreditarme diciendo que parezco bobito, que estoy loco, que soy un amante del dinero, que soy un mediocre.
La calidad del chorizo se mide por la longitud de la cauda de perros que lo persiguen. Obvio: no doy paso sin huarache: ¿quién teniendo huarache prefiere caminar pata al suelo? Me gusta el dinero, como a todo el mundo. Que estoy mal de la cabeza eso se sabe desde que tengo uso de razón. Si no fuera mentiroso abandonaría la literatura. Soy insoportable: cierto, muy cierto. Un hombre sensato debería encontrar suficiente compañía consigo mismo. (Tarea: ¿qué personaje en qué novela dice esto?). ¿Soy un mediocre? De acuerdo: soy un mediocre...pero un mediocre que trabaja. ¿Habrá mayor mérito que ser un mediocre y pasearse por casi treinta premios literarios y veinte editoriales en muchos países? ¿Bobito? Depende del imbécil o iluminado que me mire. Yo en el espejo me veo bastante guapo e inteligente.
...Felicidades Benedetti: Feliz viaje. De tu oba sólo quedará lo mejor...

sábado 16 de mayo de 2009

CONCURSO DE NOVELA


FINALISTAS EN EL CONCURSO DE NOVELA CIUDAD DE BARBASTRO

Presione en el vínculo que hallará a continuación, ate cabos y haga sus apuestas...
Pero antes disfrute del don del cielo que está a la izquierda mano y digame si no es cierto que la inocente carne nos tienta con sus dulces racimos y nos invita a pecar por lo menos con la imaginación...
http://24horas.excite.es/cultura/174875/ARAGONDiez-novelas-y-19-poemarios-finalistas-de-los-premios-literarios-Ciudad-de-Barbastro-y-Hermanos-Argensola

MT FUERA DE CIRCULACIÓN


GAJES DE LA EDAD PROVECTA

Pues na, que el jueves pasado, en partido de básquet, Mistercolombias corrió hasta el extremo derecho de la cancha, se levantó en un jumping desde fuera de la zona de los tres puntos y lanzó la pelota a la canasta, luego no cayó sobre el plano y duro suelo de la cancha, sino sobre el pie de uno de los muchachos del equipo contrario, y ¡CUAZ!, se fracturó el tobillo derecho. Ya en el hospital y con yeso hasta media pantorrilla, se enteró de que había encestado y que con su enceste el equipo Magisterial había ganado el partido. Momento doloroso y de alta gloria, como los que a veces sueño e imagina el casi senil adolescente Marco Tulio.
De modo que a descansar a fortiori (creo que así se dice): a la camita, a ser atendido por su family, leer, escuchar el programa La Luciérnaga de Caracol Radio y a impacientarse pues los compromisos con el mundo fuera de su estudio son grandes y urgentes.
Al día siguiente tuvo que escapar de puntitas y con muletas de la guardia de su esposa, que quería tener encerrado al inquieto y terco colombiano hasta que mejorara. En la Editorial iba a llevarse a cabo la primera sesión del Taller de Novela "El poder de la imaginación", que ha estado preparando con entusiasmo.
Ha sido tal la respuesta a la convocatoria del taller, tanto en calidad como en cantidad, que MT, es decir, Johnny Peligroso, ha tenido que dividir el grupo y hacer dos talleres. Uno público, en la Editorial, y otro privado (no les digo dónde porque es privado). La idea es sencilla y fecunda: MT dejará de escribir sus insensateces durante un año para alivio de los ecologistas y defensores de los árboles y se dedicará a asesorar a un grupo de escritores incipientes o bien equipados para la enfrentarse a la selva de las letras (hay algunos talleristas que ya tienen todo y sólo les falta su gurú de cabecera).
Por otra parte sigo esperando noticias del Concurso de Novela "Ciudad de ..." en España. Ni me alegraré demasiado si lo gano ni me entristeceré demasiado si lo pierdo. En todo caso ya estoy buscando cotizaciones de vuelos a Barcelona.
Ah, terminé de leer Lord Jim. Fue dificil pero aprendí algo que todavía no puedo precisar. Lo que sí puedo decir es la la personalidad del protagonista nunca la voy a olvidar. Ahora leeré --releeré-- Cumbres borrascosas.
No quiero despedirme sin felicitar al querido Evelio Rosero, escritor colombiano que recibió el Premio otorgado por The independient a la mejor novela traducida al inglés en Great Britain (por su novela Los ejércitos). Rosero es hombre serio y se puede esperar lo mejor de él. Eso lo supe desde que leí hace más de 3o años la extraña novela llamada El eterno monólogo de Llo, publicada en Pasto, very far from el mundanal ruido de la farándula literaria.

jueves 14 de mayo de 2009

VILLORO PRESENTA A MARCO TULIO AGUILERA




HABLA SOBRE POÉTICAS Y OBSESIONES

Juan Villoro presentó, junto con Eusebio Ruvalcaba y el marqués de Saint Germain, Germán Martínez El Bueno, el libro Poéticas y obsesiones, de Marco Tulio Aguilera. En el siguiente vínculo hallará la crónica de la presentación (que aparece bajo la crónica de la presentación de un libro sobre Sergio Pitol... Pushale aquí...

http://www.uv.mx/universo/301/infgral/infgral36.htm

En la foto con Sergio Pitol...

miércoles 13 de mayo de 2009

NOTICIAS DEL TALLER DE NOVELA




Y SIGO ESPERANDO EL FALLO DE ESPAÑA

Ya hay trece personas que reúnen los requisitos para ingresar en el taller. El problema es que sólo puedo aceptar diez. Hoy fue el primer día de inscripciones, de modo que es probable que, andando el tiempo, veinte o treinta personas aprueben. Tendré que buscar soluciones. Una de ellas, extender el taller fuera de la Editorial, pero en diferentes condiciones. Sería un taller particular, no dependiente de la Editorial. Ya metido en este tren no sólo estoy resignado a dejar de escribir, sino que me da gusto hacer una pausa, posiblemente de un año. De todos modos hay varios libros míos en camino.
Sigo esperando el resultado del concurso de novela en España. El fallo será el 22 de mayo. Si gano, bien; si no gano, bien. Ahora la Editorial de la Universidad Veracruzana me ha candidateado al Premio al Decano, que es el más alto reconocimiento que se da a un académico en esta institución. Además del honor, aporta algunos buenos billetes durante tres años. Creo que tengo altas posibilidades, pero no hago cuentas alegres.
Como mis queridos doce lectores habrán notado, tengo un gusto bastante pronunciado por el dinero. ¿Qué hacer? La carne es débil. Además comprar un helicóptero y tener una finca en el profundo Amazonas es asunto algo caro. Y ese es uno de mis sueños. Dice San Pablo --hay quien dice que San Pablo no dice esto-- "el Señor no juzgará al hombre por sus sueños".

sábado 9 de mayo de 2009

MARCO TULIO AGUILERA DE NUEVO FINALISTA EN ESPAÑA




NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE... PERO ANTES DE IR AL CIELO TIENE QUE ALIMENTARSE

A mis once lectores --por cierto: mi contador de visitas dejó de funcionar hace meses; si alguien quiere ayudarme a arreglar esto se lo agradeceré-- les comunico que una novela mía, cuyo título no debo mencionar, está entre las finalistas en un concurso grande en España. No me hago ilusiones. En otras batallas, y con menos finalistas, a última hora los jurados se equivocaron y le dieron el premio a otra novela, evidentemente más espantosa que la mía. Aclaro: le dieron el Premio Alfaguara a La piel del cielo, de Helena Poniatowska, una de las peores novelas que he leído en mi vida. Eso fue hace varios años. Si alguien quiere refutarme, que me escriba con sus razones y yo publicaré su comenatrio. Mi novela El amor y la muerte publicada por Alfaguara en Colombia y que no la difundió apropiadamente. Una persona muy cercana a mí dice que soy un resentido social porque me la paso protestando, despotricando contra los que considero falsos prestigios, contra los concursos que no me premian o que considero corruptos --¿premio Rómulo Gallegos a Carlos Fuentes? Ja, hay mil novelas mejores que la de Fuentes que han sido publicadas en los dos pasados años--, porque protesto contra los editores que no reconocen mi genialidad y porque hablo mucho de mi amigo MT y sus obras. Cierto. Pero, my friends, ese soy yo. No me puedo quedar callado. Podréis llamarme bocón o vanidoso u hombre sincero. Pero ese soy yo. Voy a acuñar un eslogan megalómano para la ocasión:


¡O CASI TODO EL MUNDO ES IMBÉCIL O EL IMBÉCIL SOY YO!



Abro en este momento una encuesta para dirimir quién tiene la razón: el mundo o yo.

LA HERMOSA VIDA


NOTICIAS DEL TALLER DE NOVELA Y DE LA VIDA... ADEMAS UN ARTÍCULO SOBRE UNA DE MIS NOVELAS MENOS ATENDIDAS

Ya vamos a iniciar "El poder de la imaginación: taller de creación novelística". Varios interesantes personajes han pasado las pruebas iniciáticas y es posible que arranquemos el miércoles 20 de mayo en la Sala de Juntas de la Editorial de la Universidad Veracruzana en Xalapa. Interesados escribir a escandioti@gmail.com
Requisitos: un plan bien razonado de la novela que pretenden escribir, un capítulo de la novela y una entrevista con el coordinador, MTAG. Basta con la entrevista si no tienen los otros dos requisitos. Aclaro: no voy a enseñar a escribir novelas: voy a trabajar con personas que ya tengan las armas y el halo necesario y las lecturas (que sabré detectar con mis antenas).


Otra cosa: en la siguiente dirección encontrarán un artículo del poeta mexicano Eduardo Langagne sobre mi novela La hermosa vida (CONACULTA México, Colección Guardagujas). El artículo fue publicado en La Palabra y el Hombre, revista de la Universidad Veracurzana, en 1985.


miércoles 6 de mayo de 2009

LA MEJOR NOVELA DE LOS ULTIMOS 45 SIGLOS


Liriam Marulanda responde al examen que le aplica Marco Tulio
LECTURA DE NOVELA INÉDITA DE MARCO TULIO

Mi querida amiga Liriam Marulanda, ex compañera universitaria en los tiempos gloriosos de la Universidad del Valle en Cali, Colombia, una de mis críticas más severas, leyó el borrador de Historia de todas las cosas, novela que estoy corrigiendo para la próxima edición (580 páginas). Me escribió una carta llena de inteligencia, profundidad, sabiduría y poesía que agradezco. Yo esperaba otra cosa: un análisis que me ayudara a entender qué se podía mejorar en el texto. Le envié algunas preguntas y he aquí lo que respondió:
RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS:
1. ¿Te gustó la novela?
No sólo me gustó, me encantó, me llenó de alegría, me hizo reír a carcajadas, me puso a imaginar San Isidro de El General, como pueblo, como espacio narrativo. Me puso a pensar sobre los personajes, sus características e interrelaciones.
2. ¿Por que?
Porque la estructura narrativa está muy bien lograda, por el manejo del lenguaje, por el léxico, porque los personajes no sólo se identifican por las características que les han sido asignadas como sujetos actuantes, sino también, por su íntima correlación con el espacio que ocupan: casa, habitación, prostíbulo, bar…… cárcel, ventana, basurero, montaña…… carretera…
En la trama los personajes y el lenguaje de cada uno de ellos, se entrelazan, los identifica y enriquece muchísimo. Es maravilloso.
El historiador-literato es genial. Es su historia y no la de otros la que él cuenta. Así de fácil. Es cómo vemos a los otros, a las situaciones y cómo las interpretamos de acuerdo a nuestro propio saber y entender, a nuestra propia historia de vida. Es algo así como: “la historia de San Isidro de El General la cuenta el ranador como la ha vivido, la ha imaginado, la ha interpretado, la ha soñado, la ha deseado, encerrado en su propio yo, en su propia subjetividad de sujeto actuante, vivo y presente”.
Porque entrelíneas encuentro mucho de ti, particularmente de aquellos momentos de tu vida narrados en las milnosecuantas páginas de “Memorias…”
3. ¿Que personajes te parecen memorables y cuales desechables?
No desecharía ningún personaje. Todos tienen su rol determinante. Crecen, aparecen, se diluyen sin desparecer. Siempre están ahí, a la espera que el ranador les dé la oportunidad de actuar. Están entre bambalinas, nunca salen del escenario. Se me ocurre que a veces se comportan como “el coro del teatro griego”. Eso de NO capítulos, de No punto y aparte; de párrafos largos, sin comas ni puntos, son como si todos los personajes, a la par con el lector, fueran el auditorio que escucha al orador sin respiro, como en un suspiro inconcluso. Es fantástico. Involucras al lector dentro de la narración. Eso es dramaturgia.
Destaco al historiador-literato, sin él como personaje que cuenta lo que cuenta a su manera, la historia no tiene sentido y sin las acotaciones de Don Garrapata, nos tragaríamos el cuento completo y diríamos que “lo que nos cuenta el historiador-literato es la verdad verdadera” y no “mi verdad soñada, deseada, imaginada, inventada,……”.
Tu don de la poesía hace que encuentre nebulosas tus observaciones.
4. ¿Te pareció larga o aburrida en ocasiones?
Respuesta: NOOOOOOOOOOOOOOO. Sólo te diré que me he divertido de lo lindo y que si tú me autorizas, se la envío a mi hijo para que la disfrute en las vacaciones de fin de año. Quiero que entiendas que cuando digo divertido no es solo porque me he reído, sino por las bofetadas que das a los acartonados y arcaicos académicos de la literatura. Por tu fecunda creatividad que a partir de un pequeño detalle, exaltas y construyes un personaje, una situación, un espacio, un tiempo. Porque en ciertos momentos me sentí como de la mano del Quijote o Sancho Panza, indistintamente, en pleno siglo XXI.
5. ¿El final te dejo satisfecha?
Por supuesto que me dejó satisfecha. Lo he entendido así:
a. Continuará cuando al historiador-literato se le de la regalada gana.
b. Cuenta tú el resto de los acontecimientos, si es que eres capaz.
c. Vuelve a leerla, como quieras, empieza por donde quieras, que el final puedes encontrarlo en cualquier parte y si no lo encuentras, pues invéntalo.
Eso es genial!!!!!!!!!!!!!
6. ¿Aporta algo a la lit colombiana y latinoamericana?
Sólo te diré que es el mayor aporte después de GGM y su combo. Para mí, en mi humilde entender, entre otras cualidades, es un excelente texto para los estudiantes de literatura que quieran aprender a escribir relatos, cuentos o novelas. Es una gran obra de la literatura latinoamericana del siglo XXI. Te lo dice mi humilde conocimiento y mi corazón.
No tengo ganas de hacer un análisis detallado y exhaustivo.
7. Encuentras algo más allá de la narración divertida?
Siiiiiiiiiiiiiiiiiii
La estructura narrativa. Atrevida, osada, innovadora. Me imagino que tú tienes los mapas y cuadros de interrelaciones de los personajes, situaciones, espacios y tiempos. Ellos están solo contigo y son tuyos. Es posible que en mis ratos de ocio me ponga a hacerlo y espero lograrlo, aunque a simple vista, no se ve nada fácil. Eso es un gran aporte a nuestra literatura.
El manejo del lenguaje. El substrato filosófico. El rompimiento con esquemas literarios que nos dicen cómo debemos escribir una novela. Sin sentar cátedra, sin academicismos se entrelazan en la “aparente” sencillez de la narración.
Denota gran conocimiento de nuestro idioma castellano. Construcción de las oraciones, gramática poco ortodoxa, al igual que el léxico y la fonética. Se siente mucho más cuando hacemos la lectura en voz alta.
El juego de palabras, palabras inventadas, palabras trastocadas de lo oral a lo escrito que se escuchan bellísimo cuando el texto se lee en voz alta.
Amigo del alma, tú sabes que soy bastante crítica con tu producción literaria, que siempre he dicho que los cuentos de Marco Tulio son excelentes y las novelas no tanto. Ahora te digo y te lo repito: “Historia de todas las cosas…” es un excelente relato novelado, es fantástico!!!!!
Te amo
Lirian

TALLER DE NOVELA

TALLER DE NOVELA "EL PODER DE LA IMAGINACIÓN"

NN, Agencia Veracruzana de Noticias
Lunes, 04 de Mayo de 2009 23:25

En las instalaciones de la Dirección Editorial de la Universidad Veracruzana, que se ubican en el número 9 de la céntrica calle Hidalgo, en Xalapa, a partir del 6 y hasta el 15 de mayo tendrán lugar las inscripciones para el “El poder de la imaginación: Taller de Novela”, que impartirá el escritor Marco Tulio Aguilera.
El taller será gratuito y estará abierto a cualquier persona que cumpla con los requisitos establecidos, el primero de los cuales será presentar por escrito un capítulo de novela o el plan bien razonado de una novela que pretenda escribir, y el segundo será presentarse a una entrevista personal con el coordinador del taller. Tanto el capítulo de novela como el plan de la obra y la concertación de la entrevista se harán a través de la siguiente dirección de correo electrónico:
escandioti@gmail.com
o por medio de los teléfonos 818-13-88 y 818-59-80, en turno matutino.
Habrá un cupo limitado a diez personas, que serán seleccionadas a partir de la evaluación de los textos y el resultado de la entrevista con el coordinador. La mecánica del taller consistirá en la lectura y análisis de algunas novelas ejemplares, así como la planeación, escritura y seguimiento de las novelas de los participantes. Habrá reuniones semanales en sesiones de tres horas que se llevarán a cabo en las propias instalaciones de la Dirección Editorial de la Universidad Veracruzana.
El coordinador del Taller de Novela tiene amplia experiencia y trayectoria en el campo de la novela. A la fecha ha publicado novelas en las editoriales Planeta, Alfaguara, Universidad Veracruzana, CONACULTA, Universidad de Puebla y Edamex, en México, así como en otras editoriales de Argentina, Colombia y España. Ha recibido los premios “Aquileo J. Echeverría” en Costa Rica y “José Eustasio” Rivera en Colombia, y ha sido finalista en Planeta-Joaquín Mortiz y Alfaguara en España. Entre sus novelas más destacadas se cuentan El amor y la muerte, en editorial Alfaguara; Las noches de Ventura, Planeta; Los placeres perdidos, Edamex, y Mujeres amadas, publicada en la Universidad Veracruzana. Es autor también de El pollo que no quiso ser gallo (Alfaguara Infantil), el libro de cuentos infantiles más leído en México y que se usa como libro de texto en muchas escuelas de Xalapa.

http://www.nnveracruz.com/nnradiotv/

UNA NOCHE DE AMOR CON TODO


LA NOCHE DE AQUILES Y VIRGEN

Relato tomado de Cuentos para antes de hacer el amor (Plaza y Janés, Colombia; Punto de Lectura México y España). Fue antologado en el volumen Veinte ante el milenio, recopilada por Eduardo García Aguilar (UNAM, México).

Amor mío, mi boca será
un ejército contra ti.

Apollinaire

Aquiles quiere todas las noches, antes de dormirse, un polvito no muy elaborado, apenas para dar fin a las reservas de vigilia que el trabajo en la oficina, las rutinas del café, los amigos y el periódico, no logran agotar. Su esposa, tres de cada cuatro noches, cansada e inapetente, derrotada por los afanes hogareños, la ansiedad de la espera y la tensión que suscitan en ella las telenovelas caprichosas e interminables, se derrumba sobre la cama, no sin haber cumplido con los rituales que el terco Mamuma se empeña en repetir antes de conciliar el sueño. Vestida a veces o con la piyama a medio camino, su cuerpo hecho una bella e inútil madeja, enternece y molesta, despierta el deseo y lo apaga con la inocencia de los indefensos. Lo que tiene de niña le salta entonces como un duende al rostro, allí se instala e ilumina la expresión sosegada y risueña de sus labios, los rasgos de muñeca vagamente oriental, las largas y densas pestañas, el pelo negrísimo felizmente desordenado en contraste con la palidez rosácea de las mejillas. La muy puta, piensa cariñosamente Aquiles, sabe desarmarme con su mejor pose. Pero no. No es ésa la mejor. Basta que abra los ojos para que la obra de arte de su rostro alcance la plenitud, el equilibrio magnífico, la turbadora belleza que no han logrado opacar los años ni soslayar la costumbre.
Una vez que coloca la cabeza en la almohada, basta contar hasta diez para saber que ya con Virgen no se puede tratar ningún asunto, menos que cualquier otro el de aliviar a su esposo de las urgencias que le quitan el sueño. Y no es que a ella no le guste; al contrario, la apasiona, la divierte, es su mejor re­cuerdo y su más socorrida expectativa, la mantiene en movimiento y risueña en el tráfago sin fin del día: la radio a todo volumen, Virgen cantando sin respiro y sin público (no lo hace mal, imita asombrosamente bien a dos o tres baladistas, tiene un alto senti­do del ritmo y un instinto diríase visceral para inventar coreo­grafías de las que sólo el espejo, las paredes y los muebles son testigos), barre, arregla la casa, tiende las camas, va al mercado, regresa, mira el reloj, cocina, lava, revisa el guisado, plancha, todo ello sin olvidar por un instante lo que le tiene reservada la noche (si el sueño no la vence, si Mamuma cae antes de las nueve, si el espíritu o el humor o las ganas o el deseo son propicios). Virgen recuerda, planea, inventa, sonríe, gira sobre las puntas de los pies y sigue adelante: recoger los jugue­tes del brujo Mamuma, ordenar la ropa planchada, sacudir los mue­bles, entablar una lucha campal contra las pelusas que invaden la alfombra.
Y no sólo le apasiona como actividad romántica —para ella lo del polvito es únicamente sub-producto del cariño, una parte pres­cindible e incluso antihigiénica del amor— sino que está dotada de las virtudes indispensables o acaso sólo del entusiasmo de la amante perfecta: hay en ella un extrañísimo equilibrio entre una ausencia de malicia, algo como una inocencia sin grietas, y una morbosidad minuciosa, extremista (Aquiles entiende que tal maridaje es absurdo, pero no tiene otra forma de explicar los comportamientos de su mujer), que la incita a pedir a su marido que prenda la luz de la lamparita y la obliga a querer rebasar todos los límites: siempre quiere esperar otro ratito, aplazar la solución inapelable y somera del alivio, y en sus transportes termina por echarlo a veces todo a perder. Aquiles, que no se concentra más allá de cierto umbral de tolerancia, comienza a pensar que debe levantarse temprano y llegar lúcido a la oficina para evitar confusiones, disputas, vergüenzas y sin querer pero deseándolo grita con fingida pesadumbre su derrota, que ya viene el polvito, mija, y en un gemido, apúrate, y el veloz negocio del amor termina con un enfurruñamiento de Virgen, quien afortunada­mente se duerme pronto, no tiene tiempo para protestar y al día siguiente perdona y olvida.
Nunca, nunca, ni en los tiempos del febril noviazgo (la conoció en la oficina, le gustaron sus ojos y el mohín de chiquilla con el que respondió a su sonrisa de cuarentón con debilidades, la invitó al cine, la besó en una esquina oscura, la llevó a su casa, se hicieron polvito y un mes más tarde se casaron), cuando Virgen se escapaba de su casa para pasar los fines de semana encerrada en el desastroso apartamento de Aquiles, ha quedado satisfecha. Sus proyectos eróticos son alocados, sin medida y todas las noches en que está dispuesta al goce, descansada y hecha toda ella un alboroto de perfumes y perifollos, dice que quiere ver la aurora después de haberse hecho polvito diez o doce veces. Ella supone que tal empresa es posible y estaría dispuesta a jurar que en los fecundos días previos al matrimonio, más que una hazaña, fue un hábito devastador y feliz.
Aquiles se dirige al baño, se lava los dientes —lo que es casi un vicio por la frecuencia y el cuidado con que lo hace—; se mira de frente y de perfil, menos movido por la vanidad que por el deseo de verificar los efectos del tiempo sobre un cutis que nunca ha sido benévolo; se da un duchazo de pájaro en la fuente, se aplica desodorante antes de secarse, hace ejercicios respiratorios y suspira.
Ya terminó, la telenovela. Mamuma cayó con los primeros comer­ciales. Aquiles escucha allá a lo lejos —la estancia es una inexplicable sucesión de cuartos todos semejantes, separados por puertas, el baño queda al final del rústico laberinto— que Virgen apaga la televisión. Las condiciones están dadas. Sólo falta que no la derrote el sueño, que llegue a la cama, como a un puerto, evitando los escollos de tantas labores que hay pendien­tes en la casa.
Aquiles, con el oído atento, avanza hacia la recámara. Va cerrando puertas y apagando luces. Entra en puntas de pies. Se pone la piyama. Una prenda poco erógena, sostiene Aquiles, a la que se ha resignado sin dificultad, como se resignó a los diminutivos ridículos, a la misma pregunta repetida año tras año, noche a noche, a poner las cosas más o menos en su lugar e inclu­so a ir a misa y a cumplir unas prácticas en las que dejó de creer cuando el cura de la parroquia le puso una mano en el alto muslo. Y no le compró una piyama semejante por crueldad o mal gusto sino por una razón menos que inescrutable: Virgen concibe una pasión doméstica por las diferentes partes del cuerpo de su esposo, pero por sus piernas tiene una debilidad rayana en lo enfermizo. Verlas desnudas y abalanzarse a besarlas es a menudo parte del mismo impulso. Comprensible entonces es que Aquiles haya convertido su disfraz de nocturno boy scout en piyama prefe­rida o anzuelo.
Aquiles cubre bien al brujo Mamuma con la cobija. Afirma el cubrelecho prensándolo con el colchón. Siempre lucha por destaparse. Es como Virgen: Se acuesta bien abrigada, hasta con suéter y calcetines, si es necesario con una bufanda. Encima se echa dos o tres cobijas. Horas después entredormida, comienza a patear las sábanas, luego, sin despertar del todo, se despoja del suéter. Si éste le opone resistencia, Virgen es capaz de desgarrarlo. Finalmente, merced a contorsiones y entre protestas, se deshace del portabustos y la pantaleta, que lanza furiosamente lejos. Entonces si se entrega al sueño, orlada por una desnudez beatífi­ca que despierta en su marido ternezas y arrebatos incontrolables dejándolo al arbitrio de la tierra estéril del insomnio.
Virgen parece no ocuparse de Aquiles. Se despoja con poco arte del vestido, del fondo y del sostén. Ahora viene el asunto delicadísimo de la selección de la piyama. Virgen escoge preci­samente la menos propicia. Lo dicho: no quiere, se dice contra­riado Aquiles, pero luego recuerda que la más socorrida estrate­gia de su mujercita es ocultar su aquiescencia hasta el último instante. Hay que seguirle el juego. Todo está en que no se duerma.
Es tan menudo el cuerpo de Virgen que cabe en la piyama de un niño de catorce años. Vista de lejos y con el cabello recogido se la puede confundir con un adolescente magnífico, lánguido y turbador. Su cuerpo destella inundado por la suave luz de la lámpara de diez voltios. La pieza superior de la piyama cubre fugazmente la cabeza, se desliza a lo largo de los brazos en alto, se detiene un segundo en sus cántaros de agua fresca y se instala como una cascada de cristal líquido en la curvatura del inicio de unas ancas de yegua niña.
Virgen se tambalea. El ave rapaz del sueño comienza a rondarla. recupera el equilibrio. Para ponerse el pantalón (hay veces en que la somnolencia le impide terminar el proceso y es entonces cuando Aquiles debe concluir lo iniciado).
¿Me quieres?, pregunta Virgen. Ya sabes que sí. Dilo. Te quiero. No te oí. Te quiero. ¿Cuánto? Lo suficiente. ¡Ah!
Así no van a funcionar las cosas, piensa Aquiles. Me faltó convicción y una pizca de fantasía. Tendría que haberme arrojado a sus pies y decirle por ejemplo te quiero más que a mi vida, más que a mi madre y a mis diez hermanos, por ti sería capaz de caminar descalzo cien kilómetros en pleno desierto del Sahara y de nadar desde América hasta Europa quince veces ida y vuelta.
Ah, las incomprensibles sutilezas del amor: entonces Virgen hubiera dicho: Me basta con que digas “te quiero” con sencillez y sinceridad. Y Aquiles habría replicado, ¿otra vez?, lo que iniciaría una discusión inacabable.
Aquiles lo intenta de nuevo. No son las palabras lo que cuenta, sino el torrente interior: Claro que te quiero, piojita.
Eso estuvo mejor.
Aquiles aparta las cobijas y se coloca en posición de recibir a Virgen en brazos. Generalmente se acomoda colocando su cabecita de pájaro sobre el pecho amplio y ligeramente mullido de su esposo. Luego entrevera sus piernas con las de Aquiles después de levantarse las enaguas de su bata hasta la cintura. Pero ahora la piyama de niño de catorce años obstaculiza el roce de los muslos (Virgen es prácticamente una puritana: no soporta las fiestas ni las reuniones de familia lleva a todas partes su tejido —tiene treinta o cuarenta suéteres, todos de su orgullosa creación— y en medio de las multitudes encuentra refugio en las agujas; llama a su esposo y le dice: Quiles, te propongo una travesura: vámonos volando a casa, nos quitamos los calzones y nos metemos en la tienda de campaña. Que es, claro, el amparo de las sábanas, todas las noches lim­pias, recién planchadas. Tal es su más alto paraíso).
Desde que lo conoció sin zapatos y sin pantalones —dos días después de verlo por primera vez en la oficina— Virgen vive impresionada por el tamaño de los dedos de los pies de su esposo: “Quisiera tener unos dedos gordos como los tuyos. ¿Crees que si me inyecto siliconas podré conseguirlos?”.
Virgen se estira. El buitre del sueño está a punto de acogotar­la. No hay remedio. Se tiende con poca gracia sobre la cama. Le da la espalda a su esposo. Abraza su almohada.
Aquiles comienza a contar. Cuando llega a nueve Virgen gira sobre los muslos de su marido, la cabeza en el pecho. Posición clásica. Mete una mano bajo la camisa de Aquiles y la deja divagar. Si súbitamente se inmoviliza a la altura del ombligo, es señal cierta de que ya los pájaros de la noche le están royen­do los pensamientos. Si desciende hasta las entrepiernas, una de dos posibilidades: o está obedeciendo al instinto de cada noche y después de alterar la paz del yacente se entrega, la muy irres­ponsable, a la clausura de las imágenes privadas, o de veras quiere hacerse polvito con su esposo. También puede ser, piensa Aquiles, que Virgen utilice la carnada del deseo para lograr la dosis necesaria y adormecedora de caricias y arrumacos.
Dada la segunda alternativa, Aquiles puede proceder. Introduce una mano a espaldas de Virgen y la dirige rumbo al cauce de sus nalgas, descendiendo por la vertiente de la columna vertebral, al tiempo que su esposa se estremece como un perrito de aguas que mueve la cola.
Dos actitudes de Virgen sacan de quicio a Aquiles: la de descu­brirse los pechos con aires de diva fatal y ofrecerlos a los labios diligentes de su marido, y la de recoger las piernas bajo las sábanas para despojarse de las pantaletas. Sólo en esos momentos puede descansar Aquiles en la certeza de que el camino hacia el polvito es irrevocable.
Virgen toma la gran cabeza de su marido y la conduce con pericia hacia los lugares que debe visitar. Dama delicada y experta, guía a su dragón doméstico a pastar en campos plagados de visio­nes y encantamientos, le permite el vislumbre y el goce fugaz de los nichos aromados y lo deja abrevar en su manantial más profun­do.
Si Aquiles quiere sacarla de los sueños de opio del amor (¡hay tantos papeles estúpidos y quisquillosos que revisar en la ofici­na!; un solo error ocasionaría una ominosa convocatoria a la guarida del director, desfilar entre las sonrisas de los compañe­ros), tiene que recurrir a pequeñas traiciones, omitir ciertas visitas ineludibles e inventarse arrebatos que lo lleven a trans­gredir los ritmos habituales de la ceremonia.
Como la criatura silvestre que ya siente silbar la flecha, Virgen se escabulle. Voy a prender la luz, dice, ¿no te molesta? Ni responder es conveniente. Ella misma sitúa una almohada bajo la cabeza de su amante y éste comprende sin dificultad alguna lo que se espera de él.
Aquiles recuerda que antes no le gustaba llegar a tales extremos, pues le molestaban los humores, el olor indiscernible, terrible­mente orgánico, la textura deleznable, el sabor pastoso, y que luego la necesidad, la costumbre, el saber que el camino estaría allanado, le hicieron reconocer y disfrutar de un cierto aromoso saborcillo a yerbabuena.
Ahora reconoce que sin ello no puede pasarse.
El brujo Mamuma se revuelve en la cama. Alarma.
Una mano de Virgen se tiende rumbo a la fuente de luz y Aquiles puede contemplar, antes que la oscuridad tranquilizadora torne a sumergir a Mamuma en el sueño, la frutal firmeza de un seno y el perfil de luna en cuarto menguante del otro.
Una vez segura de que Mamuma no volverá a despertar, Virgen retoma el mando. Dispone del cuerpo de su marido, lo distribuye equitativamente en la cama, le murmura fórmulas de paz y relaja­miento y después comienza a ramonearlo aquí y allá, con algo de calculada brusquedad, como una nerviosa cabrita de montaña en lo más agreste de su territorio, más jugueteando que en su ejercicio de una pasión tonta, y su esposo sabe jubiloso y en medio del temblor, a dónde conducirá todo aquello, a la más noble y delei­tosa, deleitable labor que convertirá la parte más sensible de su naturaleza en una temible, vibrante escultura. Baila Virgen una danza de guerra llena de estruendo y relámpagos y promesas en torno a su victoria.
No más, pide Aquiles, no más. Y la terca supone siempre que es falsa alarma y se empecina en recibir con descaro la medida más generosa de su marido en lo más profundo del foso de los suspi­ros, y en ocasiones, ya Aquiles tiene que recurrir a una especie de violento salto atrás y apartar la cabeza de su esposa y supli­carle que permanezca tranquila un instante. Entonces es cuando ella se da cuenta de las dimensiones de la posible tragedia y busca formas de evitarla: ¡Piensa en la crisis! ¡En la deuda externa! ¡hay que mandar el coche al taller!
A veces la estrategia de distracción da resultado y la carga de caballería se detiene justo antes de caer al fondo de la nada. Entonces, aliviados pero todavía en peligro, pueden hacer una pausa, fumar (Virgen sólo fuma en el lecho y lo hace torpemente, tomando el cigarrillo con más de dos dedos) y hablar del kínder del brujo Mamuma, de sus últimas ocurrencias (pintar una raya con tiza en el patio para que las hormigas no se atrevan a rebasarla; pretender abrir la puerta con una llave de plastilina), y los gastados chismes de la oficina (sólo hay una secretaria, una tipa que quizás veinte años atrás fuera atractiva, pero que hoy es correosa, presumida, regañona y desmañada y a quien, en broma, se le atribuyen toda clase de amoríos absurdos).
Pero si el desastre es inevitable, Virgen se desilusiona y observa cómo su marido se deshace en leves estertores (nunca comparables a los tremendos bramidos que lanza cuando se manosean cerca del lavadero, movidos por la soledad del patio, un arranque romántico de Virgen o el capricho de Aquiles que la sorprende a deshoras y con la insinuación de los senos al aire y el culito sublime embalado en un ir y venir sin piedad ni redención). Lo poco de placer entonces se diluye en una anémica llovizna ante la presencia burlona de Virgen que acepta lo irremediable y da la espalda.
¿Verdad que me quieres mucho?, pregunta. ¿Por qué negarlo? Aquiles no hubiera podido soportar la vida al lado de cualquier otra mujer. Todas sus anteriores amantes fueron tan seriamente lujuriosas, tan formales, tan faltas de frescura. Muchísimo, responde Aquiles. ¿Cuánto? De aquí a la China. Pues yo te quiero de aquí a Saturno, ida y vuelta quince veces.
Cualquier cantidad que mencione Aquiles será superada con creces por Virgen. Tiene una magnífica imaginación numérica.
¿Verdad que hay hombres que le meten la cosa a las mujeres por el anito? Sí, corazón. ¿Te gustaría hacerme eso a mí? No sé, quizá, pero mejor no: tienes tu rosita demasiado chica; te dolería.
¿Lo has hecho con alguien?
Aquiles opta por no responder. Recuerda su vergonzosa relación con una estudiante de medicina, sus protestas, su aceptación y contradictorio placer, sus vengazas.
Virgen es muy rencorosa, detesta el pasado de su esposo.
Lo sabe todo, pero insiste en solicitar detalles. Nunca le perdona que no haya llegado puro al matrimonio.
—¿Ya quieres tu polvito?
­­—Cuando quieras quiero.
Virgen se retracta: Mejor hagamos dos o tres estampas divertidas antes de hacernos papilla.
¿Cuál primero?, pregunta Aquiles. ¿Qué te parece la barca sobre la mar y sobre la barca el amor?
Virgen toma su posición de gaviera mayor y comienza a cantar para darle ritmo a su cuerpo: Chocolate, milinillo, que recoja en el membrillo, estirar, estirar, que el niñito va a pasar.
De nuevo Aquiles se ve en la necesidad de reprimir el entusiasmo de su mujer. Ella, terca, se niega a abandonar el palco de honor y para evitar el desliz incurre en una caricia vedada, en una cosquilla artera, que es un trago de agua helada. Una vez que Virgen se encarrera no hay poder sobre la tierra que le haga dar marcha atrás.
Si fuera posible ligar diez o doce estampas sin perder su conexión a la raíz del mundo, ello la haría muy feliz.
Aquiles intenta complacerla. Si va a desvelarse y a echar todo a perder mañana en la oficina, por lo menos que sea con provecho. Mientras Virgen se esmera en cumplir con las fantasías que la acompañaron durante el día, su marido piensa en cualquier cosa menos en lo que está sucediendo. Lo más efectivo es traer a escena al detestable Figuerosa, que sustituyó, después de veinte años de lucha, el cigarrillo por los chicles, y que no deja de proclamarlo con aires de superioridad y que ahora abandona sus basuras en los sitios más insospechados de la oficina.
Cada vez que la secretaria lanza un graznido es porque ha tropezado con un chicle viejo y oculto.
Virgen le dice: Ven acá, calzonudo. Impulsa a su marido a que se siente y la abrace de modo que ella pueda sentir sobre su busto dulcemente oprimido los cuatro pelos del pecho de Aquiles. Soy una naranja dulce, dice, llévame al borde de la cama y ponte de pie.
Ah, briboncilla, quieres volar.
Aquiles se pone de pie con algo de dificultad. Virgen pesa apenas 44 kilos, es una típica alfeñica de las que con tanto desprecio habló Charles Atlas, y aunque su marido pese exactamente el doble (quiso ser pesista y luchador en sus años mozos, practicó tozudamente la natación y el atletismo hasta que las responsabilidades familiares y la desidia instalaron un colchón de grasa que ahora rebasa los límites del cinturón heroico), cuando se trata de pasar de la posición horizontal a la vertical con las piernas de su esposita adheridas al centro de gravedad, tiene que hacer esfuerzos ingentes, como si en lugar de sacar a una mujer de la cama estuviera tratando de extraer del mar un bacalao ebrio de poder. Y es que Virgen no cesa de revolotear, más divertida y escandalosa que trastornada por los latigazos de la pasión.
Dime que me quieres, dice Virgen, y intentemos (su educación es deficiente, terminó a empujones el bachillerato después de pro­blemas innumerables, ponía en duda las afirmaciones de sus profe­sores, era caprichosa, despreciaba los exámenes, se portaba como una adolescente, si su marido la corrige ella se empeña en come­ter los mismos errores, sólo por molestarlo) la Flor que se Abre a Espaldas del Sol de Medianoche.
En un tratado que pretendía ser de sexología hindú, Virgen descu­brió una posición estrambótica que desde hace meses intenta llevar a su alcoba. Consiste en convertir el centro del hombre en eje de rotación del cuerpo de la mujer.
El resultado es que los dos quedan adoloridos y risueños. Caen en la cama ya separados.
Aquiles piensa que está bien trasnocharse, pero no tanto. Se dice que hará todo lo posible por abreviar. Mañana estará dur­miéndose sobre los papeles. Jamás quiere volver a despertarse con el jefe de pie a su lado y la oficina en pleno riéndose, las sagradas facturas de la Maralt arrugadas bajo su rostro que quizás incluso tuviera algunas cifras impresas.
Dime que me amas, insiste Virgen señalando con un dedo índice su mejilla. Aquiles suspira, besa, dice como en una letanía “te quiero”. Repite que me adoras, contraataca Virgen, y luego entras como el ladrón por la puerta de atrás. Quieto, grita Virgen, cerremos los ojos y pensemos en la playita solitaria de Palma Sola, en el perro blanco, en las monjas, en Mamuma desnudo persiguiendo a los cangrejos.
Terminada esta actividad, Virgen decidió que era hora de una nueva pausa.
Se tendió de espaldas. Con la sábana cubrió exactamente la mitad de su cuerpo alineando la tela para que pasara por el canal de su pecho, el centro de su ombligo lunar y la porción correspondiente de la leve penumbra que se refugia en su bajo vientre. Una pierna quedó flexionada, balanceándose a lado y lado, de modo que ofrecía y vedaba alternativamente la visión de la mitad desnuda de Virgen y era como si un viento cómplice jugueteara con una cortina caprichosa.
Virgen estaba sonriendo. Sabía de la desesperación de su esposo. De su ansia y de su prisa. Pero consideraba sus razones y pa­ciencia dignas de respeto, soñaba en su cuerpo paisajes que exigían pausa y reverencia, cursos de agua incomprensibles y profundos, y por ello, cuando tenía ánimo y entusiasmo, sometía a su esposo a los tormentos que toda felicidad auténtica reclama.
Cuéntame el cuento, pidió Virgen, abandonada al deleite que le proporcionaba el sentirse diosa bañada en polvo de oro.
Lo del cuento era asunto viejo. Y hasta agradable.
Aquiles lo había estado fantaseando desde hacía meses en sus ratos de ocio en la oficina. El argumento del relato ya estaba prácticamente listo. Por primera vez se sentía capaz de entre­garlo de un solo tirón. A Virgen le iba a gustar:
La señora Pelapapas, mujer madura pero hermosa, escuchó que tocaban a la puerta. Se lavó las manos, se las secó en el delan­tal y suspirando se dirigió a abrir ¿Sería el lechero? El necio y soso del lechero. Quizás no. Se pasó las manos por el cabe­llo, se quitó el delantal y se miró de pasada en el espejo. Abrió. Era un joven alto y no del todo digno de olvido, de facciones entre indígenas y europeas. Vendía aspiradoras. Inexperto, principiante, sin duda. Casi como súplica pidió que lo dejara hacer una demostración. Pase, dijo la señora Pelapapas. Se sentó en un sillón y cruzó una pierna con descuido. Vio que el muchacho la miraba de reojo y sonrió. Levantó el borde de la falda y se desabotonó un poco la blusa. Uf, qué calor. El vendedor, que no se había perdido un solo movimiento y que intentaba conciliar su interés en la mujer con el deseo de armar bien su aparato, carraspeó como quien se dispone a emprender un largo y estudiado discurso. Luego pareció arrepentirse y enchufó el aparato en el tomaco­rriente, cuyo paradero descubrió con gran dificultad, sin que la mujer se apiadara de su visitante. Al regresar al centro de la sala, no pudo ocultar su horripilante y antisocial erección. La señora Pelapapas vio que él había notado que ella se había dado cuenta, y quiso aliviar la congoja: “Desde hace siglos le vengo diciendo a mi marido: ¡trabaja tanto el pobre!, nunca llega antes de las ocho de la noche y es tan olvidadizo, que me compre una aspiradora”.
La mujer se acarició el cabello, descruzó la pierna que ya tenía casi dormida y cruzó la otra. Lo hizo con alevosa lentitud, sin dejar de mirar a los ojos del muchacho. Lo vio trabajar de espaldas y escuchó sus palabras que, memorizadas y mil veces repetidas, ahora le salían incoherentes, desarticuladas. Cumplió con lo básico de la demostración y se dispuso a guardar sus aparejos.
“¿Quieres tomar un café?” La erección crecía al tiempo que la desazón del muchacho. La mujer quiso hacerse la desentendida. El vendedor, azorado, se dejó conducir. La señora Pelapapas se movió ágilmente por la cocina sin descui­dar ni un momento la exhibición de sus maduros encantos. En un dos por tres tuvo el café servido. Se sentó a la mesa a una prudencial distancia del vendedor.
“¿Has vendido muchas hoy?”, preguntó, con la naturalidad de una vieja y entrañable amiga. “Ni una”, respondió el muchacho tras luchar contra la intransigencia de su garganta, que sentía acogo­tada por una garra de muerte. La mujer colocó una mano sobre la del muchacho, que descansaba en la mesa. Este intentó retirarla pero ella la retuvo con fuerza y autoritaria dulzura.
“En realidad tengo que irme, discúlpeme”. La señora Pelapapas abrió los ojos. Su desolación era auténtica, insoportable. Hubiera sido inhumano salir de aquella casa sin prestar el hom­bro. El vendedor era cristiano, lector asiduo de la Biblia y nunca le faltaba una palabra de consuelo o un acto caritativo para ofrecérselo a su prójimo en tribulación. Permaneció mirán­dola unos minutos. La señora Pelapapas volvió a suspirar, esta vez profunda y doloridamente, y dijo: “Tómese su café y vuelva a las tres. Le aseguro que convencerá a mi esposo de que compre una aspiradora”.
Levantó los ojos y tropezó con los del vendedor, que la miraba por primera vez valientemente, decidido a todo. Perma-necieron estudiándose con serenidad. Luego se derrumbaron en un beso de entrega irresponsable. Más tarde se pusieron de pie, se trenzaron con todo el cuerpo, entreveraron manos, pier­nas, lenguas y retrocedieron hasta apoyarse en la pared. Una mano de la mujer descendió, sin apartarse un instante de la carne conquistada, rumbo el centro de la fuerza y la debilidad del vendedor. Consideró el artefacto del macho desde la base hasta el extremo. Bajó con diabólica habilidad el cierre y extrajo un objeto largo y cálido, tenso, vibrante y sentimental.
“Ah”, musitó el hombre echando la cabeza hacia atrás.
“Oh”, respondió la mujer poniéndose de rodillas. Con dedos fervorosos y bruscos echó el gorrito hacia atrás y comenzó a succionar. Chupaba primero ansiosamente introduciéndose la verga todo lo posible en la boca y luego la extraía y se dedicaba a girar con sus labios en torno a la cabeza del glande y a hacerle cosquillas con la punta de la lengua. El muchacho tenía los ojos clavados en el techo. La señora Pelapapas suspiró de nuevo y el aire espeso de su aliento barrió la devastada superficie del pepino del vendedor. En Africa el amor debe ser una experiencia terrorífica y suprema, pensó la señora, recordando la foto de un negrito pícaro que sonreía desde las páginas de una revista: el muchacho ostentaba entre las piernas una trompa de oso hormigue­ro que llegaba casi hasta el suelo.
La señora Pelapapas se puso de pie. Se bajó los calzones, los colgó del gancho de las cacerolas. Colocó descuidadamente los platos, que estaban sobre la mesa, en el lavaplatos. Se acostó encima de la superficie arrasada.
“Ven acá”, le dijo ofreciéndole el coño que parecía un pollo recién horneado, oloroso y humeante. El muchacho hundió su rostro sin vacilaciones en el abismo de las entrepiernas de su generosa anfitriona, no sin antes decir incauto que al tocar a la puerta había imaginado exactamente lo que estaba sucediendo. Y hubiera dicho más (que en realidad ante todas las puertas padecía de la misma debilidad de la imaginación) si la mujer no lo agarra del pelo y le zambulle la boca en el vórtice mismo de su ansie­dad. El vendedor hizo lo que pudo, se debatió entre la asfixia y la recién descubierta osadía, hasta que la mujer, dando un empu­jón poco sutil con la pelvis, gritó. ¡No más! Con las manos crispadas se ayudó a apartar la cabeza del solícito joven y le dijo: “¡Ahora, fornícame!” “¿Resistirá la mesa?”, preguntó el muchacho asumiendo un tono profesoral. “Estoy segura. Mi marido la reforzó la última vez.” El muchacho no se detuvo en suspica­cias. Procedió. Haciendo equilibrios y en puntas de pies logró concluir su delei­te al tiempo que la mujer lanzaba un grito libertario, hondamen­te sentido y mejor expresado. Permanecieron encoñados, las piernas y los brazos de la mujer formando un candado de pasión que quería prolongarse más allá del instante.
El encanto fue roto por el timbre. Ahora sí es el lechero, dijo la mujer casi con cariño, y le pidió permiso al muchacho para deshacer el embrollo. Descolgó los calzones y se los puso.
Cuando la señora Pelapapas regresó con las botellas de leche, el vendedor ya estaba vestido, peinado y tenía la aspiradora empaca­da. La señora suspiró por quinta vez. Eres el primer vendedor que se acerca a mi puerta en tres sema­nas, dijo. El muchacho fingió no entender. Se contempló con el rabillo del ojo en el espejo oval de la sala y sonrió. Era un triunfador, sin duda, un supervendedor.
La puerta que daba a la calle estaba abierta. La mujer se aboto­nó el botón superior de la blusa. La presión del cuello de la prenda sobre la piel de la dama creaba un puente colgante que iba desde los huesos de la clavícula hasta el mentón. La papada era extraordinaria. ¿Cómo no lo había notado antes? Y sin embargo, quiso ser cortés, pobre mujer.
¿Vuelvo a las tres? preguntó el vendedor con voz profesional casi impositiva. “Por favor, no”, respondió la mujer haciendo un gesto de horror, llevándose una mano a la boca y colocando la otra en su cabeza, a la altura de la sien derecha, como si súbi­tamente hubiera recordado algo. “Se me había olvidado que ya tenemos aspiradora”.
Virgen abrió los ojos como despertando de un agradable sueño de placer aéreo.
—¿Verdad que me quieres, piojito?
—Más que a nadie nunca jamás desde el principio de los tiempos —dijo Aquiles sintiendo que, bien consideradas las cosas, no mentía.
—Entonces hazme polvo —dijo Virgen y se ofreció en la tradicional y cómoda posición que sólo los humanos pueden disfrutar.
Aquiles entró como un emperador arrogante, vitoreado por cien mil vasallos, entre descargas de fusilería y fuegos artificiales, mientras Virgen lanzaba sus patitas al aire y luego las cerraba sobre el cuerpo de su felicidad. Colocó sus talones en las nalgas de su esposo y presionó con la fuerza de sus amores acumulados.
Un solo envión del macho lo entregó a ella.
Aquiles sintió que lo habían desnudado de su piel desde la cabeza a los pies y gritó un ¡te amo! que le nació ronco, libre por completo de amor propio, definitivo. Sintió que toda la exten­sión de la flecha de su vida era bañada por un río de luz y supo que había hecho honor a su esposa en el instante en que ella se relajó.
Aquiles meditó, a medida que limpiaba, vestía y abrigaba a su esposa, que el disfraz del boy scout le quedaba justo y que mañana —¡hoy!— sería un día difícil, pero ello no le preocupó en lo más mínimo. No tuvo tiempo.

martes 5 de mayo de 2009

LA CIUDAD DESCONOCIDA


LAS ZONAS SALVAJES DE XALAPA


Por una circunstancia más bien fortuita y casi del todo desafortunada, que sin embargo me enseñó mucho sobre la vida en el mundo y en este país de México y en esta ciudad de Xalapa, fui a comer algunas menudencias al Mercado de San José, en pleno centro de esta ciudad de provincia donde vivo. Y habré de agregar, ciudad donde llevo una existencia tranquila, sobria, en paz y productiva.


Digo que fui a comer unas menudencias. La conversación con la menudenciera, mujer limpia, agradable y bien dada al uso de la palabra, desembocó por razones que no vale la pena mencionar, en el tema de la violencia que reina en los submundos xalapeños. Mujer sin duda muy enterada sobre lo que sucede en los entresijos de esta ciudad, pero muy aficionada a las noticias, que podrían llamarse chismes, si no tuvieran un sustento verificable en la realidad, me narró lo que aconteció no muy lejos de la colonia donde vivo. Es decir, en Las Torres, allende El Sumidero.


Dijo la mujer con entera indignación que dos muchachos iban en la alta noche, rayando el amanecer, en una moto por el sórdido rumbo y que por alguna razón, quizás la ebriedad, el que iba atrás se cayó del vehículo, lo que causó hilaridad a un grupo de muchachos que flaneaban en una esquina.


“Los cholos”, dijo la mujer, “muchachos de catorce a quince años que usan pantalón flojo y corto caído a media pierna, camisetas blancas y pañuelo al cuello, en el pantalón un largo bolsillo con un machete y botas hasta la rodilla y en gran cantidad de bolsas y bolsillos teléfonos celulares, i pods y minicomponentes”. Eran cinco, dijo, vagos que se la pasan molestando, bebiendo, fumando marihuana y que ya a altas horas asaltan mansa o rudamente a los que pasen por su territorio. Dijo la mujer que los de la moto, en lugar de alejarse, se enfrentaron a los cholos, y éstos se les fueron encima con sus machetes. "Los patearon, los apedreron, los tasajeraon como reses, dejándolos convertidos en filetes". Dijo que la mamá de los agredisos, enterada del asunto, llamó a la policía, que llegó con gran escándalo de sirenas, habló con los cholos y quiso detenerlos, pero los muchachos llamaron por teléfono celular y en cinco minutos llegaron ¡cien muchachos!, todos vestidos igual, todos con machetes, su pañuelo, sus botas, y los policías pusieron pies en polvorosa.
La mujer contó esto con absoluta convicción. Quizás exageró un poco, quizás vistió a los muchachos con galas malandrinas, tal vez se adornó en la calidad o la cantidad de los sucesos o personas. Pero para mí que hay algo de verdad. Hay bandas de cholos y juniors en esta ciudad paradisiaca que hacen lo que se les antoja y nada de eso aparece en los diaros y uno o vive convencido de que vive en la mejor de las provincias posibles. Vemos en las fotos de prensa al alcalde Velasco Chedraui --de la familia propietaria de los supermercados más grandes de este país--besando a su linda esposa y diciendo que en Xalapa no pasa nada y que hay obras para todos y progreso y paz y la madre grande… Hasta que a uno le toque atravesar el territorio de los cholos… O hasta que a los cholos se aburran de su territorio y decidan prestar una amable visita a sus vecinos. Las hordas de bárbaros que invarieron Roma palidecerán entonces...

lunes 4 de mayo de 2009

EL MAR EN LOS OJOS


CUENTO QUE HA DADO LA VUELTA AL MUNDO

En la siguiente dirección encontrarán un cuento mío que ha sido traducido a muchos idiomas y antologado en muchos países, y que ha despertado muchas reacciones, no todas positivas.

http://elimarcela.wordpress.com/2009/02/09/para-despues-de-hacer-el-amor/

EN TIEMPOS DE PESTE


LA GRIPE PORCINA EN XALAPA


El Distrito Federal convertido en ciudad fantasma, los vagones del metro casi vacíos, las calles solitarias, genes enmascaradas mirándose con desconfianza, reportes sobre muertes y contagios cada quince minutos, todo ha sido aplazado, los conciertos, las conferencias, las películas, los diputados sesionan en una sala desinfectada, usan guantes y bozales, los obreros tienen permiso para faltar a sus trabajos (el gobierno ha prometido pagar a los empresarios), todos los estudiantes en sus casas. En el DF casi nadie sale a la calle. Muchos chilangos han escapado como ratas de la ciudad: han ido a refugiarse a hoteles en Veracruz o Acapulco. En Xalapa la gente parece tranquila, como si estuviera en vacaciones. La universidad sigue pagando los sueldos pero uno se pregunta hasta cuándo. Yo sigo leyendo Lord Jim con una intensidad y una tranquilidad que nunca había tenido. Me impresiona mucho la lectura. Espero escribir algo sobre el tema: un hombre virtuoso que comete un error, un pecado, y decide huir a refugiarse en el último rincón del mundo, en lugar de quedarse en su mundo a seguir expiando su pecado eternamente. Lo único que me saca de mi estudio es el basquetbol. Ah, también, las compras de supervivencia. En las fotos estoy con mi cubrebocas, cosido en casa.

sábado 2 de mayo de 2009

DE EL IMPERIO DE LAS MUJERES




LA PEQUEÑA HISTORIA DE LINA MARIA



Ofrezco a mis diez lectores un cuento inédito de El imperio de las mujeres (Cuentos EN LUGAR de hacer el amor), que será publicado a fines del 2009... si es que no se acaba el mundo antes. Este libro es el tercero de la serie que inicié con Cuentos para después de hacer el amor (Plaza y Janés, Colombia; Punto de lectura México y España) y continué con Cuentos para antes de hacer el amor (Plaza y Janés Colombia y Educación y Cultura México).

Regresando a la casa de Pedro veo a una criatura sonrosada y descalza discurriendo por la cocina. Fresquita, piel suavemente jaspeada, blanca, labios de color rosa pálido, ojos claros, usa camiseta blanca, que trasparenta el busto comprimido en una pieza rústica, los brazos descubiertos hasta las axilas. Las piernas al aire en un breve pantalón que le llega a medio muslo, el cabello recogido dejando ver la rosada nuca, los senos de virgen con esa textura de suave temblor indecible, esboza una media sonrisa, Lina María es una niña silvestre que camina descalza por los verdes alrededores plagados de pájaros, gualandayes, platanares, de la finca de Pedro Botero. La retiraron de los estudios en primero de bachillerato porque la familia quedó en la ruina. En el pasado su familia tenía una hacienda de varias hectáreas, pero el padre, desidioso e irresponsable, en lugar de trabajar, prefirió vender tierras, hasta que se quedaron sin nada y se sometieron a la misericordia de un antiguo inquilino, que, enamorado de la niña, les permitió construir una larga casa en cuya última habitación pasa gran parte de su vida Lina María. Lina dice que no tiene privacidad, su puerta no tiene candado y por eso no puede llevar un diario, cosa que le gustaría, fantasiosa como es y guardadora de pequeños e inofensivos secretos. Lina sueña con ser escritora y en el colegio ganó todos los concursos. La sacaron de la escuela y no volvió a escribir. Ya ni siquiera hay papel, un cuadernito miserable en su casa. Sí, había escrito un libro de cuentos de amor, imaginar esa ternura, de amor con final feliz, aclara, sin cosas feas, pero se lo regaló a su mejor amiga y ya no tiene ninguno de sus escritos, por lo que no me puede mostrar nada. Lo que escribe y lo que imagina, todo se le olvida ¿Qué ha leído? Parte de María de Jorge Isaacs, nada más y con eso se hizo la idea de lo que escribe ese señor, qué gracia, dice, yo puedo escribir mejor. Le creo. En su casa no hay libros ni dinero para comprarlos. Estuvo pidiendo consejos para escribir. Se los di y le conté varios cuentos, todos infantiles. Aplaudió jubilosa. Lina María me miraba con gran atención. Tal vez yo era el primer hombre en su vida que la había tomado en serio. Su madre, mientras tanto, preparaba el sancocho y no dejaba de mirar de reojo. Yo aprovechaba aquello para darme un banquete de limpia belleza. Escribió Dante que la beatitud se funda en el acto de ver. Yo miraba a Lina María a mis anchas, con todo mi espíritu quería percibirla hasta el fondo. La niña en ningún momento se notaba turbada. Tiene quince años y un novio al que recibe en su casa para evitar habladurías. No le gusta salir a ninguna parte, sólo a la tienda. Es extremadamente seria. Ya ni siquiera acompaña a su madre a trabajar cuando sale a limpiar casas ajenas o a cocinar. No, a Lina María lo que le gusta es quedarse en casa y, ¿a qué se dedica? Encargarse de las labores del hogar, ella es la responsable de la comida y el lavado, la casa es un lago destellante y limpio bajo el cielo. Lina está orgullosa de ello, no hay nada más importante en el mundo que tener la casa como para la llegada del papa, dice. Lina María no parece y no es una sirvienta. Es una niña perfecta, una hermosura a la que la pobreza y la situación han enseñado a trabajar. En lugar de ocuparme de Pedro Botero, preferí permanecer en la cocina, hablando con Lina María y su madre, que se volteaba para escuchar mientras seguía pelando papas, yuca, arracacha, y las echaba, ya lavadas, a la olla con agua hirviente, mientras yo seguía con avidez los movimientos de Lina María y ella me miraba con interés, me sostenía la mirada y cuando yo insistía en mi despiadada admiración, en mi ansia de beberla con los ojos, casi en acariciarla, ella aliviaba la tensión con una deliciosa sonrisa de candor que me desarmaba y me hacía bajar los ojos. ¿Que si era fácil escribir? Sí, muy fácil, no hay que ir a la escuela, sólo leer, escoger bien las palabras, leer mucho y escribir, contar las cosas que uno ve y las que imagina, contar lo que a uno le cuentan, lo que ve en los sueños, mezclarlo todo, entenderlo si se puede, y si no, dejarlo así, aficionarse al vicio de mirar, escuchar, sentir y escribirlo todo y así cada vez va a ser mas fácil. ¿Sí?, preguntaba Lina María, ¿es así de fácil? Y luego te fijas en los signos de puntuación, en las comas y los puntos. Todo lo demás sobra. Y piensas en la gente todo el tiempo y te inventas lo que harán o harían si se atrevieran y comienzas a contar historias de amor. Todas las historias son de amor, ¿te has dado cuenta? ¿Sí? Sí, claro, todas son de amor, eso ya lo había notado la niña. Las historias de amor que se cuentan con amor son las más fáciles, las mejores, las que uno siente que son verdad, porque si algún día alguien las lee va a vivir lo que inventamos. ¿Así de fácil? Sí, Lina María, así de fácil. La señora seguía cocinando el sancocho y con la oreja me acechaba como una gata madre. Lina María ahora lavaba los platos, terminaba de hacerlo, se secaba las manos en la camiseta, volvía a sentarse al frente mío, colocaba sus manos entre sus piernas, sus blancas tersas piernas. Volvía a preguntar, informaba de sus intimidades sin pudor. Claro, tenía novio, todas las chicas de su edad debían tener novio —Lina María bajó la voz y entornó los párpados—y ella guardaba sus secretitos, cosas personales para escribir, lo malo era que no había cuadernos en casa y además faltaba la tranquilidad, su cuarto no tenía candado, la gente podía leer sus cosas y qué desagradable, ¿no? Mejor aquí en la cabeza, decía señalándola. La madre escuchaba en medio de la preparación del sancocho y luego movía el arequipe en una enorme paila con una cuchara de madera —nadie que no sea la cocinera debe mirar el dulce antes de que esté en su punto, si lo hace, el arequipe se corta y se convierte en una especie de engrudo apestoso—. Los lindos ojos claros de Lina María resplandecían, me miraba con afecto. Hizo más. Preguntó detalles sobre la historia de amor en Araracuara. No pude acabar de contarle. Su madre terminó el trabajo, cobró su sueldo, se despidieron y allá fue Lina María, a quien hubiera querido despedir con un beso. Hay escenas que se pierden en el tiempo y desde ese mismo instante se convierten en la más triste carne de nostalgias. De nostalgias sin sustento, que son las más perniciosas e inolvidables. Se perdió en la espesura de los gualandayes y los platanares y las plantaciones de yuca, le dije adiós, adiós bella niña. Llegaron los invitados, cenamos, el sancocho estaba fortalecedor, muy colombiano, puras harinas, pueblo de harinas, tomamos aguardiente, pueblo de aguardiente. Y cuando cayó la noche salí a orinar a los platanales y escuché movimientos entre las ramas y tuve un sentimiento de temor, la región es selvática y podría haber tigrillos u otras fieras menores pero peligrosas. Comencé a escapar sigilosamente hacia la casa y escuché un susurro. ¡Escritor! ¡Escritor! Era Lina María con su cuerpecito y su aliento de albahaca entre las frondas. Me alcanzó, me tocó un hombro. “Escritor, cuénteme la historia historia de amor de Araracuara a mí solita. Me encerré en mi cuarto y le dije a mamá, voy a dormir, apagué la luz y salí por la ventana para venir a verlo y he estado esperando aquí, queriendo que saliera, lo he visto con la gente, tan serio, diciendo tonterías, sólo a mí me cuenta cosas buenas, historias del verdadero corazón, cierto? Estuve esperando que saliera, queriendo que saliera, y aquí estoy. Cuénteme la historia de amor”. ¿Pero dónde? Venga, me dijo. Me tomó de la mano y me llevó entre la espesura, confíe, escritor, soy muchacha buena. Llegamos al lado de un pequeño estanque donde el hermano de Pedro Botero cultiva truchas. Este lugar me gusta, dijo Lina María, por la mañana vienen las garzas a pescar las mojarritas y yo las veo y me siento muy quieta y ellas me rodean y casi puedo acariciarlas. Si las hadas habitaran el mundo, Lina sería la más bella y la más discreta. Me gustaría ser una vaca sólo para que las garzas se montaran en mi cuerpo a sacarme garrapatas, dice, y al decirlo me hace recordar a mi amigo Montañovivas. Sentémonos aquí, me haló tiernamente y me obligó a sentarme. Su mano era dulce pero firme, acostumbrada al trabajo, la piel un poco áspera y agradable. A la luz de la luna entre las frondas vi el brillo de sus ojos y supe que en aquel instante de mi vida debía cumplir una misión sagrada: contar para Lina María la más bella historia de amor, luego darle un beso y despedirme para siempre. Eso fue lo que hice. No tuve corazón para dejarle el final original, sino que lo arreglé de modo que tuviera un desenlace a su gusto. Lina María, espero que no me olvides. Yo por mi parte sé que siempre estarás en mi memoria.

jueves 30 de abril de 2009

UNA EXCELENTE NOVELA


Pedro de Ursúa, de William Ospina

La novela Ursúa, de William Ospina, de entrada muestra una virtud indudable: un conocimiento exhaustivo, casi increíble, del tema, del territorio, de la época. Lo sorprendente no es que el autor sepa o parezca saber casi todo sobre la América de los conquistadores sino que logra diluirlo de tal modo en una narración épica, que uno no tiene esa incómoda sensación de que el autor quiere apabullarnos con sus sapiencia. No es Palinuro de México o Terra Nostra, por fortuna. Es una novela legible de principio a fin, no sólo por la riqueza de las peripecias del protagonista y los que lo rodean, sino por la fineza de una prosa que en ocasiones obliga al lector a detenerse y a decir, ¡mierda, qué buena línea! Sin pedanterías, sin pretensiones, y sin embargo libre de indulgencias y concesiones al lector poco sutil.
No vino aquí buscando riqueza sino una tierra donde vivir, donde escapar de las persecusiones, aunque muy pronto entendió que la paz no es más que una palabra que inventaron los guerreros para no enloquecer (…)
El narrador que relata la historia de Ursúa le sigue los pasos y recorre las mismas selvas. Ello no físicamente, sino por medio de los relatos que el mismo Ursúa le hace. Dice:
Yo andaba en los pantanos del Imperio procurando olvidar mi adolescencia, el mal camino que me llevó con Pizarro y sus hombres en busca de la canela, y la serpiente sin ojos que arrastró nuestro barco por la selva.
Esa serpiente sin ojos es el río Amazonas y la epopeya de la busca del país de la canela es una aventura que contará el autor en el próximo libro de la serie.
¿Quién es Ursúa? Un muchacho que abandona España y se lanza a la aventura en América. Una mezcla de príncipe y bandido, que sueña con alcanzar una gloria semejante a la de Hernán Cortés: conquistar un imperio, someterlo, poseer ciudades enteras de oro y todas las glorias del mundo.
La novela no sólo vale como epopeya de un mozablete que se alza hasta el poder casi absoluto, sino como descripción y canto a territorios paradisiacos o infernales hallados por los conquistadores en América. El canto a la Sabana de Bogotá, el bellísimo valle en el que está asentada la capital de Colombia, es de gran elevación poética. En esta novela está cifrada, me atrevo a decir, más que en cualquier otra novela colombiana, la Colombia que hoy conocemos, y más allá la Nueva Granada: lo que es hoy Ecuador, Venezuela, Perú, Bolivia, ese gran país que un día logró unificar fugazmente Simón Bolívar.
En la obra se novela uno de los acontecimientos más asombrosos de la conquista: la coincidencia de tres expediciones de diferente nacionalidad, por caminos diferentes, en la Sabana de Bogotá: la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada, un varón con títulos e influencias en España; la del aventurero el alemán Federman, y la expedición de Belalcázar, quien fundaría la ciudad de Cali. La corona española le concedió al primero la primacía de los derechos del nuevo reino; a Federman se le premió con oro y a Belalcázar con la gobernación de Popayán.
Nadie podía creer que coincidieran tantos europeos en la misma sabana, y eso fortaleció la convicción de que habían acertado con el rumbo del tesoro. Como un imán los arrastraba a todos la leyenda de la ciudad de oro que se alzaba en las montañas centrales, y un relato repetido miles de veces, por sanos y enfermos, por los náufragos desdichados de Castilla de Oro y por los comensales felices bajo la ceiba grande de Margarita.
A pesar de la oposición de varios grupos de indígenas los españoles se establecen en la sabana donde fundan la que sería la capital de Colombia, y con Bolívar, del reino de la Nueva Granada.
Hay secciones en las que el lector siente estar leyendo apartes de la Iliada o la Odisea, particularmente cuando el autor se ocupa de hacer la enumeración de los grupos indígenas que colmaban un territorio casi virgen y de una exuberancia alucinante o cuando describe las orillas del río Magdalena, las serranías, la región zenú, los territorios de Nariño y las selvas casi impenetrables (aun hoy en día) del Chocó en la Costa Pacífica de Colombia.
La novela está plagada de escenas sorprendentes, atroces, poéticas, contadas con entera verosimilitud. Leamos sobre el asesinato atroz de la esposa de Athaualpa:
La princesa, fiel a su esposo, hizo lo imposible para esquivar los asedios de los hombres blancos, y cuando cayó finalmente en sus manos cubrió de excrementos su cuerpo desnudo para causar repulsión a los verdugos; pero Gonzalo Pizarro había crecido en la vecindad de los albañales y no dejó de violarla por ello, después de lo cual el propio Francisco Pizarro la retuvo como rehén intentando que el Inca Yupanki se rindiera a cambio de rescatarla. Manco Inca se negó, y el marqués cometió el peor de sus crímenes: hacer azotar hasta el rojo a la hermosa cautiva, hacer que sus flecheros practicaran el tiro en su cuerpo, y arrojar el cadáver profanado al río Yupanqui, que llora desde entonces por ella.
La muerte del marqués, y el consiguiente castigo por sus crueldades, son descritas por Ospina de manera magistral y no se puede evitar pensar en la muerte de Julio César a manos de Bruto, en la célebre tragedia de Shakespeare.
Una de las más altas virtudes de esta novela es el apropiado manejo de la diacronía, la sincronía y la ucronía: no sólo se cuenta lo que le está sucediendo en el presente al protagonista sino lo que le sucedió en el pasado e incluso lo que le sucederá en el futuro hasta su muerte; además se cuentan los sucesos contemporáneos a la acción central. Y a más de ello se entra en la conciencia de los protagonistas, logrando una muy verosímil omnisciencia. Tal despliegue de sapiencia e imaginación da como resultado una narración muy rica, que —y aquí estriba la habilidad grande del escritor— curiosamente no se siente diversa, farragosa o ociosamente discursiva. Todas estas virtudes se basan en un conocimiento minucioso del tema, y, naturalmente, en un adecuado manejo de la ficción. Historia y ficción se armonizan para crear una novela de lectura apasionante para el aficionado, e ilustrativa para el conocedor.
Auténtico surtidor de poesía es esta novela: la enumeración de las plantas que se dan en la sabana de Bogotá es un verdadero canto que envidiaría Neruda. Y todo ello con naturalidad, sin retórica, como si la poesía surgiera del mismo mundo, sin intervención de la mano del poeta. Invisible es el poeta porque el mundo es visible y más que visible, apabullantemente visible.
Hay un paralelismo de esta novela con Cuahutémoc, obra publicada recientemente por Pedro Ángel Palou; paralelismo en cuanto al tema: exploración de los tiempos de la conquista; protagonista: Cuahutémoc, uno de los pocos héroes intachables de México; paralelismo en cuanto al narrador, que es un narrador-testigo, contemporáneo de Cuahutémoc. En las dos novelas hay altas dosis de poesía, investigación documental minuciosa y narración apasionante. El vínculo entre Ospina y Palou lo encontré en internet, el aleph contemporáneo: Pedro Ángel presentó El país de la canela (novela de William Ospina, segunda de la serie que será completada cuando el colombiano publique la anunciada Serpiente sin ojos). En Guadalajara Palou afirmó que Ospina era, en su opinión, el escritor que estaba escribiendo la mejor prosa en Latinoamérica. Estoy de acuerdo.
Ursúa está plagada de ombligos de interés, de hoyos negros, de instantes significativos o misteriosos o sugerentes: la noche de la montaña de nieblas que se ilumina con una luz enceguecedora; el encuentro de Ursúa con Ciudad Tayrona; el hallazgo de los monstruosos monolitos de San Agustín; el primer enfrentamiento con el Salto del río Tequendama. Leyendo la novela uno no puede dejar de imaginar el esplendor de aquel territorio original plagado de paisajes insólitamente bellos y salvajes, de etnias diferentes, de culturas singulares, de secretos insondables como los sueños que se perdieron en su mayoría con la devastación propiciada por los conquistadores.
La novela basa gran parte de su tensión en los aplazamientos constantes del gran sueño de Pedro de Ursúa: la búsqueda de El Dorado. Aplazamientos ocasionados por las responsabilidades que se le asignan una tras otra, en general de conquistar o aplacar territorios o emprender guerras de conquista o pacificación. Y entre la narración de los sueños de hallar tesoros inconmesurables y las guerras, se entreveran los relatos de las escaramuzas amorosas con mujeres, con las que protagoniza amoríos que no alcanzan una dimensión tan trascendente como para hacerle olvidar su delirio de oro.
Otro de los centros de interés de la novela es el desarrollo de la personalidad de Ursúa, que va siendo moldeada por fortunios e infortunios, pero que mantiene incólume una tenaz virtud: el ejercicio férreo de una voluntad inquebrantable.
Esta es una obra de tal manera bien escrita e interesante que podría ser leída en voz alta y sin duda captaría el interés de la audiencia. Su importancia radica no sólo en la revisitación autorizada y entusiasta de las fuentes sino en la aplicación de una imaginación fértil, que puso carne y espíritu a una historia que yacía casi olvidada y seca en los libros de texto.
Documentándome sobre el tema, un poco tarde pero a buena hora, me entero que Pedro de Ursúa no es ente imaginario producto de las fiebres poéticas de William Ospina, sino capitán del gran loco que fuera Lope de Aguirre, que lo acompañó en la odisea final en busca de la ciudad de oro. El Ursúa histórico pereció a manos de sus compañeros, junto con su amante final, Inés de Atienza.
Ya recurriendo a fuentes exteriores a la novela de Ospina hallo que el asesinato de Pedro de Ursúa es relatado por Lope de Aguirre en carta dirigida a Felipe II:
Fue este mal gobernador (Pedro de Urzúa) tan perverso y ambicioso y miserable que no le pudimos sufrir y así por ser imposible relatar sus maldades y por tenerme por parte en mi caso como me tendrán, excelente Rey señor, no diré más de que LE MATAMOS, muerte cierto bien breve, y luego a un mancebo, caballero de Sevilla que se llamaba don Fernando de Guzmán, le alzamos por nuestro Rey y le juramos por tal, como tu persona real verá por las firmas de todos los que nos hallamos aquí, que quedan en la isla de La Margarita, en estas Indias, y a mí me nombraron por su maestre de campo, y porque no consentí en sus insultos y maldades, me quisieron matar, y YO MATÉ AL NUEVO REY, y al capitán de su guardia, y a su teniente general, y a cuatro capitanes, y a su mayordomo, y a su capellán, clérigo de misa, y a una mujer de la liga contra mí, y a un comendador de Rodas, y a un almirante, y dos alférez, y otros cinco o seis aliados suyos; y con intención de llevar la guerra adelante y morir en ella por las muchas crueldades que estos vuestros oidores usan con nosotros. Nombré de nuevo capitanes y sargento mayor, y luego me quisieron matar, y YO LOS AHORQUÉ A TODOS .
Francisco Carrasquer, al evaluar la novela La aventura equinoccial de Lope de Aguirre de Ramón J. Sender, antecedente célebre de la novela de Ospina, escribe:
Lo que hace Sender es dar la versión del pasado con la máxima amenidad y verismo, y lo que le importa sobre todo es dar su versión. Para lo cual revive él mismo ese pasado en todas las situaciones y en todos los personajes. Más su versión no se limita a hacer revivir el condicionamiento económico-social y político, sino también el psicológico y parapsíquico…
William Ospina en su novela emprende una aventura literaria semejante y de alguna manera complementaria a la de Sender y sin duda corona la empresa con solvencia, recreando y creando a veces sin pudor la historia, y haciendo que los lectores contemporáneos revivan los trabajos y los días de Pedro de Ursúa, un protagonista de las historias de la conquista que hasta la actualidad no había sido bien conocido y valorado.

sábado 25 de abril de 2009

VIDEO DE MARCO TULIO




PARODIA DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD




Hace unos días, en la Ciudad de México, Palabra de escritor, del diario Excélsior platicó conmigo. Aquí el video con la Entrevista. Debe presionar el recuadro "Next screen" hasta que aparezca el rostro de MT. Entrevista.

ESTRAGOS DE LA DIOSA PERRA

CUEVAS EN XALAPA

Nadie sabe cuál artista es más repetitivo y aburridor: Fernando Botero o Cuevas (¿se llama Fernando Cuevas? Ya no me acuerdo). Se está presentando una exposición de grabados o algo así de Cuevas en Xalapa. La sala Ramón Alva de la Canal casi vacía. Los ¿cuadros?, ¿grabados? insisten en repetir los mismos rostros, los mismos cuerpos, las mismas figuras grotescas que lleva décadas vendiendo a algunos ignorantes. La exposición se llama, sospechosamente "Cuados pintados durante el coito" o algo así. Título sospechosamente parecido a los de mis libros Cuentos para después de hacer el amor, Cuenos para antes de hacer el amor, Cuentos EN LUGAR de hacer el amor (El imperio de las mujeres). Rostros inexpresivos, cuerpos deformes. Lo que podría ser una provocación (cuadros en los que se pintaran escenas eróticas de gran intensidad) resulta ser aburridor: nada especial, nada original, una sensualidad aburrida, sosa. Cuevas enamorado le pidió a su nueva esposa que aplicara color y efectivamente en las cuados hay un tono amarillento que se repite como fondo, sin matices. Platiqué con un admirado artista plástico xalapañeno cuyo nombre no registro para no involucrarlo en críticas que podrían perjudicarlo ante la institución en la que trabaja --que fue, de paso, la que trajo a los Cuevas a Xalapa-- y él coincidió conmigo: Cuevas ya no experimenta, ya no se arriesga, cayó en la fosa que le abrió la Diosa Perra, la fama. Y sin embargo... fundió una de las estatuas más impresionantes del siglo XX: La Giganta. Me temo que el destino de los que alcanzan la gloria es repetirse, dormirse en los amargos laureles, convertirse en esperpentos sociales.

ASALTO A GARDEAZABAL


A GUSTAVO NO LO CALLA NADIE

Mi maestro Gustavo Álvarez Gardeazábal, autor de incontables obras de alta calidad literaria, sufrió un asalto de parte de las fuerzas oscuras e irracionales de Colombia. En la siguiente dirección hallarán los detalles...

http://www.caracol.com.co/nota.aspx?id=800373

Hoy escuché a Gustavo hablar sobre el asunto en el programa radial La Luciérnaga, de Caracol Radio. Con sorprendente tranquilidad habló del asunto y dijo lo que podría esperarse de él: que seguirá denunciando todo lo que le parece corrupto, incorrecto, todo lo que atente contra Colombia. Gustavo vive en un hernmoso rancho fuera de Tuluá, a media hora de Cali. Vive rodeado de animales, cultivando sus maticas y la literatura ya le importa un reverendo culo. Fue candidato a la presidencia de Colombia y contra él se enfocó todo el aparatro de la corrupción que hoy permea a Colombia. Es un hombre feliz porque está haciendo lo que le dicta su conciencia. No como otros que vivimos con el ombligo al sol en otros países con las manos abiertas a ver qué cae.